Virgen de Luján abanderada ft imgEl pasado domingo 8 de Mayo en la misa de la Ascensión del Señor, el arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Mario Aurelio Poli, anunció formalmente el inicio del proceso de beatificación del Negrito Manuel (+1686) y del sacerdote vicentino Jorge María Salvaire (1847-1899), ambos grandes servidores y apóstoles de la Virgen de Luján, que fallecieron en su Villa, invocándola con conmovedoras palabras de confianza.
Dicho anuncio se realizó formalmente en la Catedral de Buenos Aires (a las 11:30) y en la Basílica de Luján (a las 17).
Para interiorizarnos sobre estas dos vidas, transcribimos algunos extractos de un mensaje que monseñor Agustín Radrizzani, arzobispo de Mercedes-Lujan, envió a su arquidiócesis:

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El Negro Manuel en la última enfermedad, dijo: “que su Ama, la Virgen, le había revelado que había de morir el viernes, y que el sábado siguiente lo llenaría de gloria”; y el Padre Salvaire, en el último suspiro de su vida exclamó: “Señor, Dios mío, quiero morir amándoos hasta mi último aliento. Virgen Santísima de Luján, Madre mía, perdón si alguna vez os ofendí y si no trabajé bastante en vuestra gloria. ¡Ah! Ella viene a buscarme; me voy a la eternidad”.
Y como murieron en opinión de santidad sus cuerpos descansaron a los pies de su bien amada Imagen de Nuestra Señora de Luján a la espera de la resurrección final. El Negro detrás del altar Mayor de la capilla colonial de Montalvo; y Salvaire en la Basílica cuya construcción promovió.
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Estos dos hermanos en la fe, cuya beatificación proponemos, son hombres de verdaderas entrañas de misericordia. Por tal motivo sus figuras adquieren en esta “Año Jubilar de la Misericordia” una significación particular, convirtiéndose para nosotros en modelos de imitación para cruzar confiados la “Puerta de la Misericordia”,  buscando juntos encontrarnos con el corazón misericordioso de Dios Padre, revelado por su Hijo, y movidos por la acción santificadora del Espíritu.
Tanto el Negro Manuel como en Padre Salvaire fueron manifestación viva del tierno amor a la Virgen de Luján, devorados de un santo celo para procurar su mayor gloria;  y sembradores de las obras de misericordia proclamadas por Jesús, como camino seguro para alcanzar el cielo.
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El corazón del Negro Manuel era el de un laico, casado y seguro con hijos; el de Salvaire, el de un sacerdote de vida comunitaria y votos religiosos, desbordante de compromiso evangelizador y de piedad mariana. El Negro Manuel venido desde Angola, vía Brasil, al entonces Río de La Plata, en calidad de esclavo. El Padre Salvaire desde Francia a la Argentina, en calidad de inmigrante religioso para integrarse a las labores apostólicas de sus co-hermanos vicentinos o lazaristas. Y los dos, enamorados del tierno rostro de la Imagen de Luján no bien la vieron por primera vez. 

Recemos por estos procesos de beatificación, para que el Negrito Manuel y el padre Jorge María Salvaire sean figuras que nos inspiren el amor a María y la caridad de tender una mano al hermano que necesita de nosotros.