MENSAJE DE LOS OBISPOS DE QUILMES POR EL DÍA DE TODOS LOS SANTOS - 2018
Quilmes, 01 de noviembre de 2018

Queridas hermanas y queridos hermanos:

Celebramos con la Iglesia la solemnidad de todos los santos. En el misterio de la santidad, estamos invitados a reconocer el rostro de la humanidad de la que Dios se enamoró y por la cual lo entregó todo.

Seguidoras y seguidores de Jesús, no nos resignamos a la falsa comprensión de que la humanidad está perdida. Esa afirmación, que se difunde casi como un dogma, va calando hondo en el ánimo de nuestro pueblo, generando desánimo y desconfianzas. Es una comprensión que nada tiene que ver con el evangelio anunciado por Jesús, diametralmente opuesta a aquello que proclama nuestra fe.

En nuestro tiempo, de muchas maneras, toda una industria de las comunicaciones resalta día tras día, minuto a minuto, lo más bajo y terrible de la condición humana. A la larga, la imagen de la perversidad se vuelve un espectáculo y se termina creyendo que esa perversidad es la vocación, el destino y la condena de la humanidad. La desmoralización que genera el consumo de estas noticias debilita la autoestima de los pueblos, divide, segrega y no deja que se consolide una sana visión de la sociedad.

Creer en los santos es creer en una humanidad distinta. La fiesta de todos los santos nos invita, justamente, a mirar el otro rostro de la humanidad: el rostro humano, capaz de amor y de entrega, capaz de una generosidad sin medida, capaz de solidaridades que vencen barreras y ansias de justicia y paz que mueven la historia hacia un porvenir de esperanza. Sí, el testimonio de todos los santos y santas —hombres y mujeres como nosotros, que se atrevieron a entrar en el camino propuesto por Jesús en las bienaventuranzas (Mt 5, 1-12)— nos descubre el otro rostro de la humanidad. Creer en ese testimonio es creer que otra humanidad es posible.

A comienzos de este año, el 19 de marzo, nuestro querido Papa Francisco nos regaló su Exhortación apostólica Gaudete et exsultate sobre el llamado a la santidad en el mundo actual. Es un hermoso documento, que les invitamos a leer y meditar en este tiempo. Comienza con las palabras del propio Jesús: «Alégrense y regocíjense» (Mt 5, 12). A la luz de esas palabras, nos propone el Papa Francisco descubrir el llamado, la vocación a la santidad, que Dios dirige a cada persona, a todo ser humano. Y nos anima a ver en los santos el aliento y la compañía para responder también nosotros a ese llamado.

Con realismo evangélico, el Papa nos invita a reconocer a esos «santos de la puerta de al lado»: «aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios» (Gaudete et exsultate, 7); mujeres y hombres que, en lo cotidiano, viven la alegría de la fe, la belleza de una vida según el evangelio, el testimonio de un amor con obras y de verdad (1Jn 3, 18). Son precisamente esos «santos de la puerta de al lado» los que nos muestran caminos de una santidad menos «de estampita» y más cotidiana, realista, actual. Es, en verdad, el camino de tantos santos y santas de todos los tiempos, que sin aguardar circunstancias extraordinarias o proponerse proezas sobrehumanas, respondieron a Dios con sencillez y generosidad allí donde Dios mismo los había llamado.

Celebrando hoy el día de todos los santos, también nosotros renovamos nuestra confianza en que Dios hace posible otra humanidad. Rodeados por una nube de testigos, con los ojos fijos en Jesús (cf. Hb 12, 1-2), caminamos a contracorriente para ser santos por el amor (cf. Ef 1, 4). Es ese, en definitiva el «gran protocolo» sobre el cual seremos juzgados: «Porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, fui forastero y me hospedaron, estuve desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, en la cárcel y vinieron a verme. Les aseguro que cuanto hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron» (Mt 25, 35-36.40).

En este día de fiesta queremos invitarlos, entonces, a dejarnos acompañar y alentar por el testimonio de quienes nos han precedido caminando sobre las huellas de Jesús. Y muy especialmente, por el testimonio de los santos y santas de nuestro continente latinoamericano. Nuestros pueblos, que expresan en sus devociones populares una inmensa confianza y gratitud hacia los santos de todo tiempo y lugar, por la gracia de Dios han sido también bendecidos con innumerables hombres y mujeres que vivieron una santidad comprometida, sanadora, liberadora. Tan solo en nuestra Argentina, contamos el testimonio de tres santos ya canonizados (el santo Cura Brochero, 1840-1914; san Héctor Valdivielso Sáez, mártir, 1910-1934, y santa Nazaria Ignacia March, 1889-1943), nueve beatos, siete venerables y cuarenta siervos de Dios; a ellos debemos añadir otras catorce personas cuyas causas de canonización se encuentran en el período inicial, y una multitud de «santos de la puerta de al lado» cuyos nombres y rostros podríamos recordar en cada una de nuestras comunidades. Ciertamente, como Iglesia de Quilmes, no dejaremos de recordar y agradecer el don de la vida y el ministerio de nuestro primer pastor, el siervo de Dios Jorge Novak.

Finalmente, permítannos compartir con ustedes, como obispos de Quilmes, nuestra alegría y gratitud por dos acontecimientos eclesiales que a todos nos tocan muy de cerca. Con el corazón exultante, celebramos el pasado 14 de octubre la canonización de un mártir de nuestro tiempo y de nuestra Patria grande: san Óscar Romero, o «san Romero de América» como fue llamado con justa razón desde hace años. Y del mismo modo nos alegra, nos conmueve y hasta nos emociona el reconocimiento por parte del Santo Padre del martirio de cuatro testigos de Cristo en nuestra tierra: el Padre Obispo Enrique Angelelli, los sacerdotes Carlos Murias y Gabriel Longueville, y el laico Wenceslao Pedernera. Su beatificación, que celebraremos en La Rioja —la misma tierra en la que entregaron su vida— el próximo 27 de abril, será sin duda un momento de gracia para todo el pueblo de Dios que peregrina en Argentina. Que el testimonio de todos estos hermanos nuestros —tan actual hoy como ayer, tan profético hoy como ayer, tan sencillamente evangélico hoy como ayer— nos siga alentando a todos en el camino.


+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

+ Marcelo Julián (Maxi) Margni
Obispo auxiliar de Quilmes