logo obispo ctissera05Documento del Departamento de Justicia y Paz, perteneciente a la Vicaría de Solidaridad de la Diócesis de Quilmes, en el aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en el que manifiestan preocupación por el cumplimiento real de estos derechos
 
ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE
A los 70 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos

 
“Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y atacando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema. La inequidad es raíz de los males sociales”. (Padre Obispo Carlos José Tissera, Misa de la Esperanza, 17 de noviembre de 2018).

En la Misa de la Esperanza nos propusimos "escuchar el clamor de los pobres" en el marco de la II Jornada Mundial de los Pobres convocada por el Papa Francisco. A los pocos días, los obispos de la hermana diócesis de Lomas de Zamora alertaron -en un lúcido documento que suscribimos- sobre los peligros que supone la ausencia del Estado (en sus tres poderes) en temas como la realidad carcelaria o los problemas de tierra y vivienda en los barrios más pobres del conurbano bonaerense. El saldo de esta ausencia siempre es la muerte de los pobres. Y la paz social seriamente amenazada.

En un nuevo aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y fieles a nuestros cauces fundacionales de la Diócesis de Quilmes en la defensa de los derechos humanos y en la opción preferencial por los pobres, queremos volver a expresar en palabras del Papa Francisco: “Tierra, Techo y Trabajo son derechos sagrados”. Sin la defensa y promoción de estos derechos humanos sagrados no tendremos justicia social ni paz social duradera.

Si el Estado no garantiza el acceso a la tierra, nuestras poblaciones más vulnerables seguirán sometidas a las mafias de aquellos que especulan con el negocio inmobiliario a gran escala o los que montan su negocio en los barrios ofreciendo la compra o alquiler de terrenos de los que no son propietarios más que por el imperio de la fuerza y la extorsión. Además del impacto cada vez mayor de los negocios del narcotráfico en nuestros barrios.

Si no se garantiza la vivienda digna, los pobres seguirán hacinados en condiciones infrahumanas y en lugares ganados por la contaminación ambiental. Muchos otros seguirán vagando en nuestras calles y terminales de trenes, en la búsqueda de alguna mano solidaria y a merced de la violencia de la intemperie.

Si el sistema neoliberal vigente sigue destruyendo fuentes y puestos genuinos de trabajo mientras ostenta una riqueza que acumula y exhibe, nuestra población más débil quedará a la deriva. En el mejor de los casos, y en medio de una inflación que no para de crecer, buscará en la changa ya casi inexistente o en el cirujeo cotidiano la moneda que permita calmar algo de su hambre. Muchos desocupados se sentirán “empujados” a ferias ilegales para terminar siendo reprimidos y perseguidos por el mismo Estado.

En cualquiera de los casos, queremos llamar la atención sobre el papel fundamental del Estado en la defensa de estos derechos humanos básicos. Sin estos derechos garantizados todo sistema punitivo y represor no hará más que acrecentar la brecha entre ricos y pobres. Lo decimos claramente: los pobres no son un problema; los pobres están en problemas cuando el Estado (volvemos a insistir, en sus tres poderes) se aleja de sus necesidades básicas y cotidianas. Y no creemos que sea respuesta anteponer más violencia represiva de las fuerzas de seguridad a las legítimas demandas.

Se hacen urgentes medidas que sanen el tejido social antes que las condiciones estructurales de marginación se tornen de difícil restauración.

Nos parece que el gobierno mira para otro lado. Suscribe una declaración con los líderes mundiales del G20 preocupados por reglas de juego claras para los mercados o el cambio climático. Pero allí no existe preocupación alguna para la multitud de pobres que generan las políticas especulativas que defienden estos líderes. Como también miran para otro lado aquellos dirigentes opositores más preocupados por los cargos que por el servicio generoso al pueblo.

Hacemos un llamado a toda la dirigencia: por encima de intereses personales y electorales, privilegien las necesidades de nuestro pueblo. Que la democracia pueda ser, de verdad, un sistema que sirva a la patria y no quede convertida en “un negocio de la clase política”.

Nunca tan actuales las palabras del Siervo de Dios Jorge Novak en una de sus últimas homilías: “… no temamos recordar que "la raíz de todos los males es el amor al dinero" (1 Tim 6,10), y que una nueva cultura de la austeridad, la solidaridad y la vida compartida es posible, y mucho más coherente con el proyecto de Jesús que este modelo actual” (Padre Obispo Jorge Novak, 25 de mayo de 2001).
 
Departamento Justicia y Paz
Vicaría de la Solidaridad
Diócesis de Quilmes.

Quilmes, 10 de diciembre de 2018