ACENTUACIONES 2008

1. Las orientaciones del año 2008 para nuestros colegios asumen la propuesta de la Gran Misión en nuestro continente, que ha sido hecha por los obispos en la Vª Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. El Sumo Pontífice Benedicto XVI aceptó el lema sugerido “Discípulos y Misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos tengan vida”, pero lo precisó con el agregado significativo “en Él”: “para que en Él tengan vida”. La dimensión trascendente del hombre es de fundamental importancia en la educación, si no queremos terminar en un constructivismo alienante, que reduce la persona a un mero eslabón de una sociedad utilitarista. “La apertura a la trascendencia es una dimensión de la vida humana, por lo cual la formación integral de las personas reclama la inclusión de contenidos religiosos” (DA 481). Este principio afirma el Documento de Aparecida para la educación en general, que el Estado no puede ignorar. Cuánto más debemos recalcarlo para la educación de gestión privada, a cargo de nuestra Iglesia. Recomiendo la lectura del Documento de Aparecida, especialmente lo referente a la Educación Católica (DA 328 - 346).

2. El discipulado cristiano tiene una conexión propia con nuestros colegios. Debemos decir que es precisamente su razón de ser. La excelencia académica no alcanza para justificar el esfuerzo grande de padres y docentes. Los alumnos han de sentir que hay una motivación profunda en nuestra educación que surge de la experiencia religiosa de los docentes. El Maestro por antonomasia es Jesucristo, centro de nuestra vida personal, Señor del universo y de la historia. Para que este requerimiento no sea sólo un enunciado voluntarista, debemos preguntarnos cómo podemos lograr el encuentro con el Cristo vivo, para poder testimoniarlo en el aula. Me dirijo de manera particular a los Coordinadores Pastorales que, gracias a Dios, han entrado el año pasado en la conducción de nuestros colegios, en colaboración con el Representante Legal y los Directivos. Dependerá mucho de su iniciativa creativa, para que docentes y alumnos tengan la oportunidad y el deseo de Jornadas Espirituales, dentro y fuera del colegio. La catequesis es recién el segundo paso, después del anuncio kerigmático de la salvación y la respuesta de una adhesión convencida a Cristo. Sería natural que los catequistas sean los primeros en entrar en este proceso de transformación y animen a sus colegas docentes a participar en el proyecto evangelizador de la Iglesia Latinoamericana.

3. Esta propuesta está integrada en un proyecto orgánico de formación que entre todos los organismos diocesanos competentes se elaborará en una Asamblea Diocesana del Pueblo de Dios en el mes de octubre de este año. La presencia y contribución de los laicos y laicas, que acompañan a decenas de miles de niños y jóvenes en nuestros colegios, será  de gran importancia. “Pues, desde sus experiencias y competencias, ofrecen criterios, contenidos y testimonios valiosos para quienes se están formando” (DA 281). El Equipo Pro-Asamblea Diocesana pedirá oportunamente aportes a los colegios, en vistas a las orientaciones pastorales de los próximos años, que se formularán en dicha Asamblea.

4. Finalmente quiero recordar que la implementación de la Educación para el Amor en nuestros colegios seguirá su curso que hemos ya iniciado. Creo que hemos dado buenos pasos en este sentido y que la dirección emprendida puede ser ejemplarizante para la educación no solamente en los establecimientos que dependen de la Iglesia. El hecho de que muchos futuros docentes se estén formando en los diversos profesorados  de nuestra diócesis, implica una responsabilidad mayor para los formadores de estas carreras.

5. Imploro la bendición de Dios sobre todos los que están trabajando en los diversos centros educativos dentro de nuestra Diócesis de Quilmes. Que en su vida personal, familiar y laboral sientan la cercanía del Señor y tengan la sabiduría y fortaleza que necesitan en el trato con nuestros alumnos.

Luis. T. Stöckler
Obispo de Quilmes

Quilmes, 7 de marzo de 2008
Fiesta de Santo Tomás de Aquino