Homilia de la XVI Misa de la Esperanza, memoria agradecida a Mons. Novak a 10 años de su fallecimiento (19/11/2011)

 

El lema de la Misa de la Esperanza evoca esta vez la imagen de nuestro primer obispo, quien en su persona nos recuerda que el amor a Dios y el amor a los pobres están indefectiblemente unidos. La razón profunda está en que Dios mismo tiene un amor preferencial por los pobres. Él es su amigo y defensor, y pedirá cuentas a los que viven en abundancia y no ayudan al necesitado. Muchos pobres son sobre todo víctimas de la injusticia de los hombres. Ya en la Antigua Alianza los desheredados hallaron en los profetas a sus defensores natos. Estos denuncian sin tregua los fraudes desvergonzados en el comercio, el acaparamiento de las tierras, la explotación de los pequeños, el abuso del poder y la perversión de la justicia misma. La alianza entre Dios y su pueblo se sella con un pacto de justicia, que encontró su expresión en las dos tablas de la ley, referidas a Dios y al prójimo.

El vínculo entre el amor a Dios y al prójimo, especialmente al pobre, encontró en Jesús su expresión más clara. Al comenzar el Sermón de la Montaña con la bienaventuranza de los pobres, quiere hacer que se reconozca en ellos a los privilegiados del Reino que anuncia. Como lo cantaba María, la humilde sierva del Señor, ha llegado ya la hora en que se van a realizar las promesas de otros tiempos: "los pobres comerán y quedarán saciados" (S 22, 27). Por lo demás, el mismo Mesías de los pobres es también pobre. Belén, Nazaret, la vida pública, la cruz son otras tantas formas de pobreza, abrazadas y consagradas por Jesús hasta el desamparo total. "Siendo rico, se hizo pobre por ustedes a fin de enriquecerlos con su pobreza", dice San Pablo (2Co 8, 9). Con este intercambio admirable Jesús nos hace comprender que la pobreza puede alcanzar un sentido que la difiere de la carencia y que nos hace sensibles de la riqueza espiritual e imperecedera. Jesús pide a los suyos el desprendimiento interior respecto a los bienes temporales a fin de ser capaces de desear y de recibir las verdaderas riquezas.

En cuanto a la amistad del Obispo Jorge Novak con los pobres, el pueblo recuerda su sencillez en el trato y su alegría al llegar a los barrios, particularmente a los humildes. Se notaba que no cumplía solamente con un deber moral, sino que era realmente amigo de la gente. El amor que sentía por los pobres, había tenido sus raíces en su propia familia humilde que se sostenía por el trabajo abnegado en su chacra y que se alimentaba, sobre todo, en la piedad profunda que los padres trasmitían a sus hijos, en un ambiente en que todo el pueblo practicaba la fe fervorosamente. Aún cuando tenían que sufrir a veces la escasez no se amargaban, sino cobraban fuerza en aquel que había llamado a los agobiados y afligidos para darles alivio. Por eso, cuando Jorge Novak, siendo obispo en el Gran Buenos Aires, se encontraba con la pobreza en aumento de una población creciente, comprendía a estas familias y trató de estar cerca de ellas por su persona, por su palabra y sus reclamos públicos, en defensa de los necesitados.

En cuanto a su amistad con Dios, el obispo no solía hablar de sí mismo, sino la manifestaba por el modo con que miraba todas las cosas. Su conocimiento de la historia de la Iglesia le servía para interpretar la actualidad con los criterios del evangelio y expresarlo con mensajes, cartas, conferencias, entrevistas y conversaciones personales. Fue así cómo percibían en él al hombre de Dios. Siempre ha sido madrugador, como testimonian compañeros de la congregación verbita y cercanos suyos, y dedicaba largo tiempo al Señor antes de comenzar las tareas pastorales. Era un contemplativo en acción, como definía Juan Pablo II al misionero. La comprensión de la realidad y la fuerza de enfrentarla, nacían de una profunda convicción que Dios es el Señor y que la historia de la salvación se teje en los acontecimientos de de todos los días. Fe y vida estaban íntimamente unidas, y de ahí la coherencia de Jorge Novak, que lo llevó a ofrecer a Dios su vida a favor de los que sufrían la injusticia y la desunión.

Entre los testimonios sobre el Padre Obispo Jorge Novak, que muchas personas escribieron con motivo del 10º aniversario de su muerte, más de uno expresó su confianza en que él sigue velando por su diócesis. La carpa misionera que él visitaba y que está en estos días emplazada en el Cruce Varela, es un signo de esta presencia. Yo no dudo que también ahora en esta misa se establece entre nosotros y él la comunión de los santos. Es esto lo que nos da esperanza. Sigamos su ejemplo para que seamos, como el Padre Jorge Novak, amigos y amigas de Dios y de los pobres.

Luis T. Stöckler
Obispo Emérito
Administrador Apostólico
Sede Vacante
Diócesis de Quilmes