Mensaje y homilía para el 29º domingo del Año A (16/10/2011).

NOMBRAMIENTO DEL NUEVO OBISPO
MONS. CARLOS JOSÉ TISSERA
(16/10/2011)


Muy queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Como primera gran noticia puedo anunciarles hoy que el 12 de octubre el Santo Padre ha nombrado el nuevo Obispo para la Diócesis de Quilmes. Mons. Carlos José Tissera, hasta ahora Obispo de la Diócesis de San Francisco, Pcia. de Córdoba, será el tercer Pastor propio de nuestra Iglesia particular. ¡Bendito sea el que viene en el nombre del Señor! Desde ya le abrimos nuestro corazón y lo recibimos con la fe puesta en Jesucristo el Buen Pastor, quien en los sucesores de los Apóstoles nos da la seguridad de su propia presencia en medio de su pueblo.

Les ruego que en el tiempo de la espera de Padre Obispo Carlos recemos insistentemente en las comunidades parroquiales, en las familias, en los colegios, en los diversos grupos apostólicos la Oración por el nuevo Obispo, para que pueda ser en medio de nosotros y frente a nosotros un servidor fiel y un verdadero testigo de la buena noticia del Reino.

 

DÍA DE LA MADRE
Homilía para el 29º domingo del Año A (16/10/2011)


Si bien el Día de la Madre no es una fiesta religiosa, sin embargo, no podríamos entenderlo en profundidad, si no descubrimos que la mujer ha sido creada para generar y proteger la vida.

Si Dios nos ha creado según su propia imagen, y nos creó varón y mujer, significa esto que en él mismo está presente lo que es propio de la mujer y de la madre. La primera experiencia del amor de Dios la hicimos mientras estábamos en el vientre de nuestra madre, como dice el salmo: “En ti me apoyé desde las entrañas de mi madre, desde el seno materno fuiste mi protector” (S 71, 6). Y otro salmo trae como imagen sugerente del amor de Dios que “así como un niño tranquilo en los brazos de su madre, está mi alma dentro de mí” (S 131, 2). “Como un hombre es consolado por su madre, así los consolaré yo a ustedes”, dice Isaías (66, 13). Estamos acostumbrados a ver en Dios la imagen del Padre, del Señor, del Poderoso. Pero Dios es también alguien que consuela, como una madre sabe consolar a su hijo; que lo aprieta contra su pecho hasta que las lágrimas ya no corren y la angustia se aquietó y el niño siente que toda estará bien. Se entiende que por eso la madre es la primera catequista de sus hijos. A medida que los hijos crecen, ella sigue acompañándoles, enseñándoles a persignarse, a aprender las primeras oraciones y conocer también la capilla y a comunidad de los cristianos alrededor del altar. La misión de la madre no termina nunca, tampoco cuando los hijos ya no viven en la casa. Mientras esta en vida, y más allá, el vínculo con la madre no se rompe.

El día de hoy nos invita a agradecer a Dios el regalo de la madre que tenemos o hemos tenido, y rezar por ellas. Jesús mismo reafirmó el vínculo con su propia Madre, cuando la asumió en el cielo como la primera que como él ya vive resuscitada.

Luis T. Stöckler
Obispo emérito de Quilmes