Homilía de la 33º Peregrinación Diocesana a Luján,
en el 10º Aniversario de la Pascua de Mons. Jorge Novak (11/09/2011)

Cuando llegamos a la casa de la Virgen , nuestra madre, muchos se acercan al confesionario para encontrarse con el Padre misericordioso que siempre está esperando, por más culpas tengamos cargadas sobre nuestro corazón. Liberados de nuestros pecados, volvemos a nuestras casas con el alma limpia y el ánimo contento. El pecado nos oprime y enferma; la reconciliación nos libera y sana. Pero así como Dios actúa con nosotros, debemos hacerlo de la misma manera en nuestro trato con los demás. Si no vivimos en comunión con el prójimo, se traba también la comunión con Dios. Por eso, la oración del Señor nos enseña que el pedir perdón por nuestras ofensas está ligado al perdonar a los que nos ofenden. “Si un hombre mantiene su enojo contra el otro, ¿cómo pretende que el Señor lo sane?”, pregunta el libro del Eclesiástico.

Pero la sanación de la persona por la reconciliación con el otro no se da sólo en el trato individual, sino vale también para la sociedad en su conjunto. En la memoria agradecida por los diez años de la Pascua de nuestro primer obispo, P. Jorge Novak, consideramos las cuatro líneas pastorales, con las cuales marcó la diócesis, y que en el fondo quieren superar las divisiones en la Iglesia y la sociedad.; es decir, lograr la comunión entre todos. Ser como él amigo de Dios y de los pobres; ser misionero incansable; defender los derechos humanos y servir a la unidad de los cristianos. Es una herencia que hemos recibido y que debemos trasmitir a los que nos siguen y van integrándose en nuestra iglesia diocesana, tanto los niños como los adultos.

Que la amistad con Dios y con los pobres están unidas, viene del mismo Jesús quien alabó al Padre por haber revelado el evangelio a los pequeños y humildes. Quien ama a Dios, busca la amistad de los pobres para escucharlos para entender mejor la Palabra , y también para ayudarles en sus necesidades, como lo hacía Jesús. La opción por los pobres debe ser una constante, cuando por ejemplo el equipo de Pastoral Social de la diócesis insiste en el reclamo de un plan de viviendas, para que las familias necesitadas tengan una casa digna. Es Cristo mismo quien está en los que buscan un techo y que nos preguntará lo que hemos hecho por los que no tenían dónde alojarse.

Ser misionero, exige sobre todo, difundir la Palabra de Dios y compartirla en comunidad. Salir del individualismo, llegar a los vecinos y formar comunidades, sea en el barrio como Comunidad Eclesial de Base, sea como una comunidad de un movimiento, sea en un grupo apostólico, sea con la carpa misionera, sea la movida de la infancia y adolescencia misionera.

Defender los Derechos Humanos comienza hoy por el derecho más fundamental, que es el derecho a nacer. No se pueden contraponer el derecho de la madre al derecho del niño o la niña que ella está esperando. Son dos vidas, no una. Y una vez nacida, la criatura tiene el derecho a alimentarse, sobre todo en los primeros meses para no quedar disminuida para toda la vida. Es un desafío, al cual los Hogares de Niños de nuestra Caritas están expuestos permanentemente y necesitan nuestro apoyo frente a las autoridades civiles, para que se garantice el sostén no solo de los niños sino también de sus padres sustitutos que están consagrados de una manera admirable a su cuidado.

Servir a la unidad de los cristianos como Jorge Novak la anhelaba, significa hoy abrir los ojos frente a tantas comunidades cristianas nuevas, distantes no solo de la Iglesia católica sino también de las comunidades evangélicas con las cuales nos une una cordal amistad, y pedir al Señor que despierte en todos un profundo anhelo de la unidad. Debemos pedirla en la oración y buscar a conocer al otro. Donde reconocemos mutuamente el único bautismo ya estamos en una comunión real y profunda, aunque no completa. Que nuestro modo de relacionarnos sea respetuoso, y cuando se trata de atender las necesidades del prójimo, nuestras convicciones religiosas nunca deberían ser un impedimento para no trabajar juntos.

Todos estos anhelos y propósitos queremos poner ahora en las manos de la Virgen , junto con el pedido que por su intercesión surjan en nuestra diócesis vocaciones, especialmente para la vida sacerdotal. Faltan pastores según el corazón del Señor. ¡María, Madre, escúchanos!

Luis T. Stöckler
Obispo de Quilmes