Homilía para las Fiestas Patronales de Bernal
en honor a Nuestra Señora de la Guardia (04/09/2011)

Invocar a María con el nombre de guardiana es oportuno en este año, dedicado a la vida. Ha sido ella la protectora del autor de la vida, desde que lo engendró y lo dio a luz. Por su “si” fue posible que Dios naciera como hombre y nos revelara nuestra dignidad como hijos del mismo Padre. En Jesús que dio su vida por nosotros, descubrimos el valor que nos da a cada uno y una, y el destino eterno al que estamos llamados.

Lo que es la dignidad de la persona desde sus primeros comienzos, se manifiesta de manera admirable, cuando la Virgen , que apenas había quedado embarazada, visita a su prima Isabel. Los dos niños, Juan y Jesús, que todavía estaban en gestación, se perciben mutuamente y se lo comunican a las madres, quienes a su vez verbalizan este misterio. Isabel exclama: “¡¿Cómo me merezco que la madre de mi Señor venga a visitarme?! Y María alaba a Dios por haber hecho cosas grandes en ella. La vida humana es sagrada. La recibimos gratuitamente, pero no somos su dueño. Dios nos la da, y él nos la pedirá.

En estos días, nuevamente se plantea en el parlamento nacional la despenalización del aborto. No se trata de una vida, sino de dos; la de la madre y la del hijo o la hija. Las dos hay que proteger. ¿Quién puede arrogarse el derecho de decir, que una vale menos que la otra? El mandamiento de no matar esta dado para cada persona desde lo primeros instantes de su vida hasta la muerte natural. No asombra que juntamente con la justificación del aborto se presente ahora también el tema de la eutanasia, es decir de adelantar la muerte por decisión del hombre. Con leyes de esta índole se promoverán hábitos que crearán la anticultura de la muerte. Lo que esto significa, ya lo podemos ver con las noticias sobre secuestros extorsivos, asesinatos alevosos por el crimen organizado, abuso de los niños, subalimentación de criaturas, familias en la calle; noticias que escuchamos a diario. La droga ya está instalada también en nuestro país y creó los círculos mortales de los productores, traficantes y consumidores. Nos estamos acostumbrando a lo que nunca podemos aceptar. Las crueldades de la guerra en las cuales enfocan las cámaras de la televisión de otros pueblos y cuyas imágenes son trasmitidas al instante, amplían más todavía el panorama de la muerte. La vida vale lo que aumenta el rating.

Este mundo de la decadencia y destrucción necesita la palabra que da vida y cambia los corazones. Porque es el vacío espiritual y la falta de sentido de la vida, lo que engendra la desesperación y la fuga en el consumo de sustancias que no pueden satisfacer el corazón del hombre. Sentirse amado y amar es la misión que como Iglesia hemos de cumplir en nuestro pueblo, especialmente a los que están marginados y no saben lo que significa pertenecer a una comunidad, donde se vive el amor. Es éste el sentido de nuestras fiestas: ir a la fuente del amor que es Cristo, el único que puede satisfacer nuestra sed, y abrir nuestros ojos para descubrirlo en el que está a mi lado. El amor del Señor compartido crea y fortalece la comunidad. En los momentos felices de una fiesta, y en los momentos de pruebas y tristezas no estamos solos. Hoy y aquí, en la comunidad bernalense, estamos en la casa de la madre que nos reúne y une. El hecho que, hace 25 años, ella haya sido declarada Patrona de Bernal por el obispo de la diócesis, significa que entre Nuestra Sra. de la Guardia y las comunidades del lugar se estableciera una alianza de fidelidad y de amor. Bernal puede contar siempre con la protección de su Madre. Ella les ayuda y les trasmite el amor de su Hijo. No teman, cuando tengan que pasar por una prueba fuerte. La Virgen misma la ha pasado y conforta a los afligidos. Invóquenla con confianza. Ella los escucha.

Al celebrar ahora la eucaristía, recibiremos el cuerpo de Cristo, que es fruto del cuerpo de María. Es el momento eximio, en que ella se une por Jesús a nosotros. Esta unión es la fortaleza que nos ayuda a luchar sin desanimarnos a favor de la vida.

Luis T. Stöckler
Obispo de Quilmes