Homilía para el 4º domingo de Pascua del Año A (15/05/2011)


El Domingo del Buen Pastor nos invita a reflexionar sobre el tema de esta Jornada.
El modo en el que Jesús llamó:
•  en primer lugar: antes de llamar fue la oración por sus más estrechos colaboradores
•  llamó: “Síganme y los haré pescadores de hombres”. Los invita a salir de la propia voluntad cerrada en sí misma, de su autorrealización, para sumergirse en otra voluntad, la de Dios, y dejarse guiar por ella; les hace vivir un fraternidad, que nace de esta disponibilidad total a Dios.
•  los educó con la palabra y con su vida.
•  les confió el memorial de su muerte y resurrección.
•  los envió: “Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos”.

También hoy:
•  el seguimiento de Cristo es arduo; significa aprender a tener una mirada de Jesús, a conocerlo íntimamente, en una verdadera y propia escuela de formación para el ministerio sacerdotal y para la vida consagrada
•  la voz del Señor parece ahogada por “otras voces” y la propuesta de seguirlo, entregando la propia vida puede parecer demasiado difícil
•  es importante alentar y sostener a los que muestran claros indicios de la llamada a la vida sacerdotal y la consagración religiosa

Dios no aniquila y no destruye a la persona, sino que permite descubrir y seguir la verdad más profunda sobre sí mismos; para que vivan la gratuidad y la fraternidad en las relaciones con los otros, porque sólo abriéndose al amor de Dios es como se encuentra la verdadera alegría y la plena realización de las propias aspiraciones.

“El deber de fomentar las vocaciones pertenece a toda la comunidad de los fieles, que debe procurarlo, ante todo, con una vida totalmente cristiana” (Optatam totius, 2).

Suscitar en el Pueblo de Dios, particularmente entre los más pequeños y en los jóvenes, el sentido de pertenencia a la Iglesia y la responsabilidad de la respuesta a la llamado al sacerdocio y la la vida consagrada.


(Mensaje de Benedicto XVI para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones 2011)