Saludo a los diáconos y sus familias (10/08/2013)

Querido hermano diácono:

En este día de San Lorenzo, diácono y mártir, mi saludo cordial y bendición paternal para vos y tu familia.

Este año la celebración de esta fecha no podemos dejar de enmarcarla dentro del Año de la Fe, la elección del Papa Francisco y, algo muy querido también para nosotros, la Beatificación del Cura Brochero.

El Año de Fe nos ha movilizado para despertar nuestra vocación misionera. La Iglesia es misionera por esencia. El acontecimiento de Aparecida nos ha renovado en esa vocación. Ser discípulos misioneros de Jesús nos lleva a “salir a la calle”, vale decir, manifestar sin reparos humanos nuestra fe en Jesucristo. Una fe que se muestra en las obras de misericordia en particular. Allí, con toda su fuerza, está la misión del Diácono, el servidor de los pobres, de los que sufren, de los olvidados.

La elección del Papa Francisco nos ha llenado de alegría. ¿Qué nos dice a cada uno este hecho? No es como si Argentina saliera campeón mundial. Entiendo que es un llamado de Dios. Llamado a comprometernos en la renovación de la Iglesia como Pueblo de Dios, en el espíritu del Concilio Vaticano II, y mostrarla como servidora de la humanidad, señalando a Jesucristo como “Luz del mundo”. El diácono tiene como característica específica la “diaconía” o servicio; implica configurarse y ser signo de Cristo servidor, en una Iglesia samaritana.

Desde ésta perspectiva, el Cura Brochero se nos muestra como un modelo de servidor, a nadie le cabe mejor el apelativo de “gaucho”. Pasó su vida haciendo “gauchadas”. Siendo cura recién ordenado, en Córdoba, se puso al servicio de los afectados por el cólera; varios años después, también lo vemos en la ciudad bregando por mejorar las condiciones de vida de los presos, haciendo trámites para apurar los expedientes y también conseguir un indulto. Como cura en “Traslasierra” , ninguna carencia de la comunidad le fue indiferente. Se comprometió con todo. Se puso al servicio de la comunidad haciéndose uno con ella, y junto con la gente buscó una vida más digna para todos. La fuerza motora siempre fue la “gloria de Dios y la salvación de los hermanos”. Jesucristo fue el centro de su vida. Lo predicó con su misma vida.

Hermano Diácono, en nombre de la diócesis de Quilmes, agradezco tu entrega de cada día. Mi saludo a tu familia, parte esencial de tu vida, y que también son partícipes de tu vida entregada al servicio de la Iglesia de Jesús. Que pases una hermosa jornada junto a tu comunidad. Te espero, junto a tu esposa, para la celebración del próximo lunes 12, en la Parroquia de la Sagrada Familia, en Berazategui.

Mi abrazo fraterno y bendición


+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes