Homilía para el 12º aniversario de fallecimiento del primer Obispo de Quilmes (09/07/2013)

Hermanas y hermanos:

Como cada 9 de julio nos congregamos como Iglesia de Quilmes para hacer memoria agradecida de nuestro primer pastor el Padre Obispo Jorge Novak. Y decir 9 de julio es contemplar a la Virgen de Itatí, a la vez que renovamos como argentinos nuestro ser independientes y federales.

La Palabra de Dios nos introduce en un clima de alegría. Dos mujeres embarazadas prorrumpen en saludos y cantos de gozo. Un niño en gestación salta de alegría ante la presencia de otro Niño en iguales condiciones. Late la vida, y hablan corazones creyentes. Un encuentro muy significativo de la Historia de la Salvación. El Reino se ha hecho presente; llevado por su Madre, Jesús sale al encuentro de la humanidad que espera al único Salvador. Como Isabel que se siente indigna de la visita de María (“¿quién soy yo para que la madre de mi Señor venga visitarme?”), también somos invitados a tener una actitud de humildad, de admiración ante nuestra Madre, la Virgen. También a ser profundamente agradecidos por el designio amoroso de Dios, que por nosotros se hace hombre en las entrañas de la Virgen. Este sencillo y profundo encuentro de María e Isabel, tan lleno de vida y de amor, es un verdadero ejemplo de servicio, de afecto familiar, de generosidad, de auxilio humanitario, de cercanía y amor fraternal.

Son los sentimientos cristianos que también hoy se despiertan en nuestro corazón al hacer memoria de nuestro Padre Obispo Jorge: “Amigo de Dios y de los pobres”. También él vino hace casi cuarenta años a estos poblados sureños del gran Buenos Aires; vino a traernos a Jesús; de la mano de la Virgen nos hizo sentir parte de una familia; como pastor nos fue congregando para alabar al Señor porque ha hecho maravillas con su Pueblo. El vino a auxiliarnos, de la mano de María, para ayudarnos a gestar y dar a luz, no pariendo un niño como en el caso de Isabel, sino para que naciera y empezara a crecer una nueva Iglesia particular: la Diócesis de Quilmes. Ella nació por un decreto pontificio, con la firma del Papa Pablo VI, a quien recordamos en los 50 años de su elección (1963). Esa tierna criatura, la Diócesis de Quilmes, se puso de pie para andar firme, en el primer Sínodo Diocesano, al que recordamos en el 30º aniversario (1983). Me ha parecido oportuno, haciendo memoria de nuestro Padre Obispo Novak, mencionar a estas dos referencias: Pablo VI y el Primer Sínodo Quilmeño; ambos marcaron la vida de nuestro primer Pastor.

Pablo VI, fue el Papa del Concilio Vaticano II, quien lo implementó y guió la “barca de Pedro” durante quince años. La perla de su misión pastoral fue su Encíclica: “Evangelii Nuntiandi”, verdadera “carta magna” de la nueva Evangelización. El corazón de sacerdote misionero y de pastor del Concilio, se formó en comunión con el Papa Montini. El pasado 22 de junio, el Papa Francisco recordó los 50 años de la elección de Pablo VI; en una audiencia a los peregrinos de Brescia, lugar de origen de Montini, les dijo que este gran Pontifice nos enseñó y testimonió tres aspectos fundamentales: el amor a Cristo, el amor a la Iglesia y el amor a la persona humana. Admirablemente el Papa Francisco sintetiza su discurso sobre Pablo VI: “La Iglesia es la sierva del hombre, la Iglesia cree en Cristo que vino en carne y por ello sirve al hombre, ama al hombre, cree en el hombre. Esta es la inspiración de Pablo VI”. Creo yo, hermanas y hermanos, que en el Padre Obispo Jorge Novak podemos ver encarnadas esas tres realidades, que son inseparables en el alma del cristiano. Jesucristo, su Iglesia y ser humano fueron los amores que movilizaron su vida de Pastor.

Ese amor apasionado de Padre y Pastor quedó plasmado en esa matriz vital que ha sido el Primer Sínodo Diocesano de Quilmes, que el próximo 18 de septiembre celebraremos el 30º aniversario de la Clausura de la Tercera y Última Sesión Plenaria.

Me parece que es el momento para escuchar algunas palabras del Mensaje a las Comunidades de la Diócesis en ese día. Allí veremos encarnadas las tres realidades que antes he destacado.

“Queridos hermanos en Cristo: (….) Muchos hermanos de todas las zonas de la diócesis de distintas profesiones, niveles sociales, ideas políticas hemos trabajado en la unidad que nos da Cristo y su Espíritu Santo junto a nuestro Obispo, fortalecidos con la ayuda intercesora de nuestra madre la Virgen. Las palabras de nuestro Señor nos reclaman: “Que todos sean uno para que el mundo crea”. De esta unión surgió también la responsabilidad de ahondar en toda la verdad de nuestra comunidad diocesana. (…)

Hemos buscado principalmente, la conversión del corazón a Cristo, la liberación del pecado fuente del mal y de toda opresión. Hemos examinado nuestra realidad buscando ser fieles al Concilio Vaticano II y al Documento de Puebla (…)

Nos quema gritar que somos hermanos, imagen y semejanza de Dios en este momento en que nuestra querida Patria está azotada por el hambre, la miseria, la pornografía, el aborto, el intento de olvidar a los desaparecidos. Nos quema gritar que Dios nos ama y que desea que sus hijos sean respetados en el derecho a una vivienda digna, a un trabajo, a un salario justo. Hermanos tenemos que unirnos tomando todos la cruz de ser testigos de este Amor dando la vida por nuestro prójimo. Viviendo profundamente la reconciliación en la restauración de la justicia social. (…) Dios necesita de nosotros para llegar a todos sus hijos. Seamos misioneros del Pueblo de Dios”.
1983 • Año Santo de la Redención

Al hacer memoria agradecida de nuestro primer Pastor, me pareció que unir el Concilio Vaticano II (contemplando a Pablo VI) con nuestro Primer Sínodo Diocesano, con ocasión de estos aniversarios, su persona y su misión pastoral se nos muestran con un brillo cada vez más reluciente y nos ilumina para seguir andando como entusiastas discípulos misioneros, en el espíritu de Aparecida.

A pocos días de la realización de la Jornada Mundial de la Juventud, donde estarán presentes también muchos jóvenes de nuestra Diócesis, como Comunidad Diocesana queremos enviarlos en el nombre del Señor, para encontrarse como gran Iglesia joven con el nuevo Pastor de Roma, salido de este joven Continente: Francisco.

En homenaje a nuestro Padre Obispo, me parece que sería hermoso repetir hoy la Profesión Sinodal de Fe, después de treinta años. Para los mayores será ocasión para no olvidar el compromiso y latir con el corazón de nuestro Primer Pastor y tantos otros hermanos que ya no están, y desde el Cielo nos acompañan. Para los que vinimos después, significará poner nuestros pies en los pasos iniciales de este largo camino de vida diocesana, agarrados del báculo del Pastor que desde el Cielo nos contempla e intercede por nosotros.
(NOS PONEMOS DE PIE)

PROFESIÓN SINODAL DE FE
(Misa concelebrada de Clausura. Domingo 18/09/83. Catedral. 19 hs.)

1.- RENOVACIÓN DE LA FE
A cada proposición respondamos, con la firmeza y el afecto de San Pedro: “Tú tienes palabras de Vida eterna. Tú eres el Santo de Dios”
· Queremos purificar nuestro corazón e iluminar nuestra conciencia con tu Evangelio de vida, que resplandece en el misterio de la cruz…
· Queremos superar el odio del pecado con el amor que brota de la sangre de tus llagas…
· Queremos avanzar en el diálogo profundo del Espíritu como un eco de las siete palabras que pronunciaste en tu agonía del Calvario…

2.- TAREA EVANGELIZADORA
A cada proposición respondamos, con la humildad y la convicción de San Pablo: “Predicamos a Cristo crucificado, que es fuerza y sabiduría de Dios”
· Anunciaremos el mensaje de tu Cruz, como cátedra de salvación, desde la intimidad de nuestra vida familiar…
· Anunciaremos tu Camino como escuela de vida en los centros de formación de nuestros niños, adolescentes y jóvenes…
· Anunciaremos tus bienaventuranzas como programa de convivencia que penetre el cuerpo social en todas sus estructuras intermedias...

3.- TESTIMONIO DE AMOR SOLIDARIO
A cada proposición respondamos con la vibrante profesión del apóstol San Juan: “No amemos con la lengua y de palabra, sino con obras y de verdad”
· Comprometemos nuestra pastoral como pueblo de Dios para que nuestros jóvenes puedan construir la Civilización del amor…
· Comprometemos nuestra acción comunitaria, como buenos samaritanos, para acudir con prontitud al dolor de cada hermano, comenzando con los más pobres y más abandonados…
· Comprometemos nuestra presencia solidaria, como eco de tu propia voz, en los momentos y lugares afectados por la injusticia, con los sentimientos del Siervo de Dios dispuesto a dar la vida por los amigos…

¡A Dios, el único Sabio, por Jesucristo sea la gloria eternamente!
AMEN


+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes