Mensaje de agradecimiento luego de la clausura de la Misión Popular Diocesana
(28/05/2013)

Hermanos y hermanas:

“Celebremos con alegría nuestro Bautismo” fueron las palabras motivadoras durante este Año de la Fe, que nos movilizó a realizar la Misión Popular que clausuramos el sábado 18 de mayo, con la celebración de Pentecostés y la Confirmaciones de unas novecientas personas de nuestra Diócesis.

En esta carta quiero agradecer de corazón a todos los que, de distintas maneras, han participado en este tiempo de Misión. Han dado de sí lo mejor, ofreciendo su tiempo y sus bienes, compartiendo la fe en Jesucristo, y así han fortalecido nuestros lazos eclesiales. Muchas gracias a las misioneras y misioneros laicos, a catequistas, jóvenes y niños, religiosas y religiosos, diáconos y sacerdotes, seminaristas, a los Consejos Pastorales y de Asuntos Económicos, y a los Movimientos eclesiales. ¡Muchas gracias!

Todos nos hemos enriquecido con las gracias que el Señor derramó en nuestra Iglesia diocesana. Qué clarito nos habló a través de las personas que decidieron bautizarse y confirmarse, en los que renovaron su amor a la Iglesia de Jesús, se reconciliaron y quisieron volver a comulgar. El Espíritu Santo nos ha enseñado palpablemente algo de lo que es esa conversión pastoral que necesita la Iglesia.

La Virgen Madre nos acompañó a dar los primeros tímidos pasos al encuentro de quienes ansiosamente nos esperaban; también Ella nos regaló la alegría de ver “cómo el Señor iba agregando nuevos hermanos a nuestras comunidades” (Cf. Hch. 2, 47).

Ahora, hermanas y hermanos, ¡NO CERREMOS LAS PUERTAS! Mantengámoslas abiertas para seguir recibiendo a nuevas personas, y con ellas salir a la búsqueda de otra gente que espera calmar su sed de Dios. De ese modo se renueva la Iglesia; cuando salimos de la cómoda seguridad de lo conocido, del sentirnos bien con los de siempre; cuando dejamos de lado nuestros esquemas y nos animamos a salir al encuentro de las nuevas generaciones; cuando sencillamente nos acercamos a los que se alejaron, sea porque no los hemos comprendido o porque los escandalizamos con nuestras actitudes o palabras condenatorias. Nos renovamos todos cuando con humildad presentamos nuestra única riqueza: el Evangelio.

Leemos en la Biblia: los discípulos “gozaban de la simpatía de todo el pueblo” (Hch. 2, 47). En estos días de Misión hemos experimentado el gusto de estar cerca de la vida del pueblo, nos hemos acercado hasta la casa misma de la gente. Es que no basta estar apasionado por Jesús y su Reino, si no estamos apasionados por la gente concreta. Jesús es el modelo de la opción por el pueblo. La cercanía es lo que la gente ha destacado como valioso en esta Misión de la Iglesia de Quilmes. Ellos han descubierto que hemos presentado a un Jesús “cercano, accesible, disponible para todos” (DA 372).

No me extiendo más. A todos les pido: mantengamos esta alegría y entusiasmo evangelizador. En sus grupos de amigos, en sus comunidades, entre sus compañeros de camino, pregúntense cómo seguir esta dinámica misionera, cómo llegar a todos, sin excluir a nadie, con especial atención a los más frágiles, sufrientes y olvidados.

Invoquemos al Espíritu Santo, “para poder dar un testimonio de proximidad que entraña cercanía afectuosa, escucha, humildad, solidaridad, comprensión, diálogo, reconciliación, compromiso con la justicia social y capacidad de compartir, como Jesús lo hizo” (DA 363).

Lo maravilloso de esta Misión Popular ha sido también que hemos trabajado en comunidad, sin cortarnos solos, y Dios… no se dejó vencer en generosidad. ¡Muchas gracias a Él, el Buen Pastor que siempre guía y cuida a su Pueblo!

¡Muchas gracias! ¡Dios los bendiga!

Con afecto


+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes