Mensaje para los presbíteros.
(04/08/2012)

 

Querido hermano Sacerdote:

En este día, conmemorando a San Juan María Vianney, “El cura de Ars”, el pueblo de Dios centra la mirada de su corazón creyente en la persona del sacerdote. Ese que eres tú, yo, y cada uno de los que un día fuimos ungidos por el Espíritu como ministros del Pueblo de Dios.

Quiero decirte: “FELIZ DÍA DEL CURA”.

Quiero darte una abrazo de hermano que te haga recordar el abrazo del Obispo en ese día de tu Ordenación, y el abrazo de cada uno de los hermanos sacerdotes que te acogieron en el Presbiterio. Fue el día en que, en medio de tanta emoción, Jesús actuó misteriosamente en tu vida por primera vez para decir “este es mi Cuerpo”, “esta es mi Sangre”. Quizás haya pasado sólo un año, quizás cinco, diez, veinticinco o cincuenta años desde aquel día… El mismo Jesús sigue diciendo, misteriosamente a través tuyo, idénticas palabras de amor generoso hasta la muerte. En esa entrega diaria, el Maestro nos ha ido formando el corazón de pastor, a veces llenos de entusiasmo y alegría, otras veces quizás, con dudas, desalientos y con el dolor profundo de nuestra infidelidad. Sin embargo, Él no ha dejado de ofrecerse por su Pueblo en el altar; porque es fiel, porque sigue dando la vida por sus ovejas, y porque en las noches oscuras que suele tener nuestro madurar, sólo nos ha preguntado como a Pedro: “¿me amas?”. Y yo, como tú, tantas veces, con la dulzura que nos provoca la presencia del Buen Pastor resucitado, le hemos respondido: “Señor, tú lo sabes todo, sabes que te amo”.

Justo corresponde este día 4 de agosto a un fin de semana. Te encontrarás con tantas personas en este día. Son tu familia, los que el Señor te ha regalado para que los ames, les regales tu corazón de “padre”, como nos llaman por su sentido de fe. A través de ellos, el mismo Espíritu que nos ungió en la Ordenación, nos sigue formando, haciendo que broten de nuestra alma los mejores sentimientos, las palabras más oportunas, los gestos más significativos que se resumen en las sagradas palabras: “esto es mi Cuerpo que se entrega por ustedes”. El Señor nos va regalando, discretamente, la humilde fidelidad.

No quiero cansarte con esta carta, hermano. Además de felicitarte, hoy quiero darte gracias por tu compañía en esta Iglesia de Quilmes. Te cuento que en el archivo de la compu encontré una carta que dirigí a los sacerdotes de San Francisco a seis meses de estar allí; les decía que ya los había visitado a todos en sus parroquias. ¡Cuánto me falta acá..! ¡Estoy en deuda…! Mi deseo es compartir más tiempo con cada sacerdote. Ahora, elijo este modo para estar más cercano. Te recuerdo que mi teléfono, mi “mail” están a tu disposición.

Que San Juan María Vianney y el Cura Brochero (el “cura de Ars de la Argentina”, como dijo Juan Pablo II), desde el Cielo nos ayuden a sentir cada día el gusto y la dicha de ser sacerdotes!

Con afecto te saluda y bendice.


+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes