Homilía de Pascua (08/04/2012)

 

Hermanas y hermanos:

¡FELICES PASCUAS! Esta es la primera Pascua que celebro con ustedes, habitantes de Quilmes, Berazategui y Florencio Varela. Estoy contento de hacer con ustedes este camino de Esperanza.

El Evangelio según San Juan que ha sido proclamado, nos cuenta que “el primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada”. Buscaba a Jesús muerto, pero Él está vivo, ¡ha resucitado!

Hoy, más que nunca, es necesario gritar otra vez la esperanza, que es firmeza, seguridad de que Cristo resucitó, que vive y va caminando con nosotros. La esperanza es comunión fraterna, camino de hermanos hacia el Padre. Es compromiso de construir un mundo más justo, en la verdad y el amor.

Cristiano es quien tiene esperanza. Hemos sido ungidos por el Espíritu de Dios, para gritar al mundo la esperanza. Sin ella, hace rato que hubiéramos dejado de vivir nuestros compromisos en la familia, en el barrio, en la comunidad.

En tu vida, en la mía, en la vida de nuestro pueblo, pasan cosas que oscurecen esa luz de la esperanza. Es la obra del mal y del pecado, que malogran la obra de Dios en nosotros. Todos sabemos sus consecuencias: las injusticias y la falta de trabajo, la corrupción en todas sus formas, la mentira y el engaño, la hipocresía y la traición, las ambiciones y envidias, las muertes y las venganzas, el robo y la inseguridad, la falta de respeto a la dignidad de la persona y el atropello a sus derechos. Todas estas cosas que han dañado nuestra sociedad, nuestro país, nuestras familias y comunidades. Frente a esto muchos deciden, o están tentados a volverse pesimistas, incrédulos, escépticos, resentidos, miedosos, tristes y, a veces, violentos.

Qué oportuno es, entonces, gritar a todos: “No tengan miedo, es verdad ¡Cristo ha resucitado!”

La vida es más que esta vida. Y porque Dios nos ha creado para su eterno e infinito amor, nuestro corazón no descansará hasta que arribe a esa meta de plenitud. Porque Jesús resucitó el sentido del hombre es el Infinito. Escribe San Pablo: “Es Cristo entre ustedes la esperanza de la gloria” (Col. 1, 27). Sí, la esperanza nuestra está en Cristo. Toda esperanza humana es un reflejo de esa esperanza. Por eso, la esperanza en la vida eterna no nos hace huir de nuestra historia actual, todo lo contrario, nos responsabiliza sobre su marcha.

Hermanas y hermanos de la Diócesis de Quilmes: esta Pascua 2012 es muy particular. Muchos hoy no tienen luz ni agua, ni el techo de su casa tan siquiera. Algunos lo han perdido todo a causa de este catastrófico tornado del miércoles a la noche ¿qué me dice Jesús? ¿qué nos pide el Señor?

El pasado 2 de abril, conmemorando los 30 años de la Guerra de Malvinas, comentaba, en Florencio Varela, que el Padre Obispo Novak, arrodillado ante la Virgen de Luján en su Santuario, imploraba la paz. Pero su oración iba acompañada de un voto, de un compromiso. Viendo que, además de las atrocidades de la guerra, cundía el hambre y la falta de trabajo, prometió levantar una Casa de la Caridad, y proclamar 100 días de solidaridad en Diócesis, desde el 1° de mayo al 7 de agosto de aquel 1982.

Mis hermanas y hermanos de Quilmes, Florencio Varela y Berazategui, en esta Pascua, a 30 años de aquel signo de amor que los unió ante el infortunio, hoy también quiero anunciarles que próximamente, en toda la Diócesis iniciaremos la “Campaña PADRE OBISPO JORGE NOVAK: 100 días de solidaridad”. ¡Que él, pastor ejemplar, desde el cielo nos ayude!

Desde la Vicaría de Solidaridad, Caritas Diocesana y Pastoral Social, luego de evaluar los hechos recientes y sus consecuencias en los hogares de la diócesis, comunicaremos el inicio formal de esta campaña, a la que convoco a todos los fieles católicos, pero también a toda persona de buena voluntad de los Partidos de Berazategui, Florencio Varela y Quilmes que componen nuestra Diócesis.

El Resucitado sigue caminando con nosotros. Él nos transmite un estilo de amor nada común, el del Sermón de la montaña. Un amor bien heroico, generoso, alegre y servicial.

Nuestra vida es caminar con Jesús que peregrina con nosotros, pero también es caminar con la persona que Dios puso a mi lado. No vamos solos. Vamos juntos. Tomados de la mano. De una mano nos lleva Jesús, porque sabe que somos flojos. Con la otra, nosotros llevamos a otro, porque sabemos lo que es aflojar. ¡Así es lindo caminar!

Esa fuerza del amor, amor del Señor Resucitado, es la que nos cambia y cambia al mundo.

Pascua es día de Amor. Es día de Esperanza.

Hermanas y hermanos: ¡FELIZ PASCUA!


+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes