Mensaje de Pascua (Abril 2012).

 

Hermanas y hermanos:

¡FELICES PASCUAS! Esta es la primera Pascua que celebro con ustedes, habitantes de Quilmes, Berazategui y Florencio Varela. Estoy contento de hacer con ustedes este camino de Esperanza.

El texto citado del Evangelio según San Lucas, nos ubica frente a las mujeres que buscan a Jesús en el sepulcro y encuentran la tumba vacía. Buscaban a Jesús muerto, pero Él está vivo, ¡ha resucitado!

Hoy, más que nunca, es necesario gritar otra vez la esperanza, que es firmeza, seguridad de que Cristo resucitó, el cual vive y va caminando con nosotros. Esta esperanza implica comunión fraterna, camino de hermanos hacia el Padre. Esta esperanza que es compromiso de construir un mundo más justo y fraterno, en la verdad y el amor.

Cristiano es quien tiene esperanza. Hemos sido ungidos por el Espíritu de Dios, para gritar al mundo la esperanza.

Hace unos días, en la Casa “Cura Brochero” de Florencio Varela, se realizó el Encuentro anual de los Catequistas de la Diócesis. Tuvimos la dicha de compartir la vida, nutriéndonos de la presencia del Señor que nos anunciaba su Palabra, invitándonos a vivir la Esperanza. Sin ella, hace rato que hubiéramos dejado de vivir nuestros compromisos en la familia, en el barrio, en la comunidad.

En tu vida, en la mía, en la vida de nuestro pueblo, lamentablemente han sucedido y pasan cosas que oscurecen esa luz de la esperanza. Es la obra del mal y del pecado, que malogran la obra de Dios en nosotros. Todos sabemos sus consecuencias: las injusticias y la falta de trabajo, la corrupción en todas sus formas, la mentira y el engaño, la hipocresía y la traición, las ambiciones y envidias, las muertes y las venganzas, el robo y la inseguridad, la falta de respeto a la dignidad de la persona y el atropello a sus derechos. Todas estas cosas que han dañado nuestra sociedad, nuestro país, nuestras familias y comunidades. Frente a esto muchos deciden, o están tentados a volverse pesimistas, incrédulos, escépticos, resentidos, miedosos, tristes y, a veces, violentos.

Qué oportuno es, entonces, gritar a todos: “No tengan miedo, es verdad ¡Cristo ha resucitado!”.

La vida es más que esta vida. Y porque Dios nos ha creado para su eterno e infinito amor, nuestro corazón no descansará hasta que arribe a esa meta de plenitud. Porque Jesús resucitó el sentido del hombre es el Infinito. Escribe San Pablo: “Es Cristo entre ustedes la esperanza de la gloria” (Col. 1, 27). Sí, la esperanza nuestra está en Cristo. Por eso toda esperanza humana es un reflejo de esa esperanza. De allí que la esperanza en la vida eterna no nos hace huir de nuestra historia actual, todo lo contrario, nos responsabiliza sobre su marcha. Le confiere mayor importancia a cada acción humana, un verdadero peso de responsabilidad en orden a que la verdad, la justicia y la paz rijan la sociedad. La vida eterna se siembra en la historia, germina y crece en ella. Es la semilla que, en terreno preparado, da mucho fruto.

El Resucitado sigue caminando con nosotros. Él nos transmite un estilo de amor nada común, el que predicó Jesús en el Sermón de la montaña. Un amor bien heroico, generoso, alegre y servicial.

Nuestra vida es caminar con Jesús que peregrina con nosotros, pero también es caminar con la persona que Dios puso a mi lado. No vamos solos. Vamos juntos. Tomados de la mano. De una mano nos lleva Jesús, porque sabe que somos flojos. Con la otra, nosotros llevamos a otro, porque sabemos lo que es aflojar. ¡Así es lindo caminar!

Esa fuerza del amor, amor del Señor Resucitado, es la que nos cambia y cambia al mundo.

Pascua es día de Amor. Es día de Esperanza.

Hermanas y hermanos: ¡FELIZ PASCUA! Mi abrazo de paz y mi bendición para ustedes.


+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes