Homilía de la Misa en el 14º Aniversario del P.O. Jorge Novak

Iglesia Catedral – Quilmes, 8 de julio de 2015
“Padre Obispo Jorge Novak, vida consagrada a la misión”
 

Hermanas y hermanos:
Celebramos el 14º aniversario de la pascua del Padre Obispo Jorge Novak.
Aquí estamos, venidos de los tres partidos que conforman nuestra diócesis: Quilmes, Florencio Varela y Berazategui. Muchos de los presentes tuvieron la dicha de conocerlo y tratarlo. Seguramente muchos fueron confirmados por él; otros han sido ordenados diáconos o sacerdotes; otros colaboraron con él en la múltiple vida pastoral; algunos fueron sus alumnos; a varios los habrá visitado en su comunidad, en sus hogares o barrios. Todos tuvieron la dicha de ser pastoreados por él, y él los tenía presentes en sus oraciones diarias, como ahora nos tiene presentes ante el Padre Dios.
En el marco del Año de la Vida Consagrada, se ha elegido el lema: “Padre Obispo Jorge Novak, vida consagrada a la misión”. 
El Evangelio nos presenta a Jesús lleno de alegría, alabando al Padre por que ha revelado los misterios del Reino a los pequeños y simples. Es la predilección del Padre y de Jesús por los pequeños y olvidados, los marginados y desechados, pero que en su sencillez guardan un tesoro divino de sabiduría que el Padre les revela. Jesús es el instrumento de esa revelación del Padre. El desea profundamente que nosotros conozcamos, amemos y obedezcamos al Padre. Sencilla y sabiamente lo manifiesta al enseñarnos el Padrenuestro.
El amor de amistad con Jesús, es el corazón de la vida consagrada. La amistad con Él no sólo nos abre a valiosísimas amistades, sino que nos lleva a lo más grande, nos abre a la amistad con el mismo Padre del cielo. Fue en la última cena cuando Jesús pronunció unas de las promesas más bellas del evangelio: “el que me ame será amado por mi Padre” (Jn.14, 21).
El amor del Padre es un amor que pasa exclusivamente por Jesucristo. Después de la venida de Jesús al mundo, el Padre ama a los que aman a Jesús y cumplen sus mandamientos. Su plan es concreto: uno sólo es el camino. Jesús lo ha revelado: “a ustedes los llamo amigos porque todo lo que he oído a mi Padre se lo he dado a conocer” (Jn. 15, 15)
libre y gratuito de su misericordia- se antepone a todo lo que ya vivimos y a todo lo que nos tocará vivir. Es amor de predilección en el que uno elige libremente vivir y desde el cual interpreta todo lo que le acontece.
 
“Padre Obispo Jorge Novak, vida consagrada a la misión” 
Las consagradas y consagrados de la diócesis han preparado esta celebración con un “triduo de memoria”, en tres claves de oración y reflexión fraterna: sembradores de fe, testigos de esperanza y enviados del amor del Padre.
Novak encarnó estas realidades de la gracia. Fue un maestro y hombre de fe, un profeta de la esperanza y un pastor que amó entrañablemente a su pueblo.
El Padre Obispo, desde muy joven se consagró a Dios en la familia religiosa del Verbo Divino. Ha vivido lo que cada consagrada o consagrado experimenta en su existencia: el deseo de dedicarse enteramente a Jesucristo y el querer hacer el bien a los demás, y creyendo que el mayor bien que puede hacerles es acercarlos a Jesús. Más que cualquier otro trabajo bueno, el religioso o religiosa desea evangelizar y transmitir el amor del Señor. El amor exclusivo del Señor es el rasgo más saliente de toda la consagración. Un amor que busca conocer y transmitir sólo al Señor, que quiere esperar y recibirlo todo de Él; que quiere dar a los demás y comunicar, en primer lugar, sólo a Jesucristo. Es la persona del Señor lo que motiva en el fondo toda consagración religiosa. Con los votos de pobreza, castidad y obediencia, se trata de hacer presente al Señor en la vida personal y comunitaria.
Con el carisma particular de la misión “ad gentes” de la Congregación del Verbo Divino, el Señor fue modelando el corazón de pastor de nuestro Padre Obispo Jorge Novak: una “Vida consagrada a la Misión”.
Imaginamos qué fuertemente habrán sonado en el corazón del joven Jorge las palabras de Jesús: “Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo lo que les he mandado” (Mt. 28, 19-20).
Esa palabra “Vayan” fue madurando en su vida consagrada en las distintas responsabilidades que se le confiaron, obediente a la voluntad de Dios.
Cuando se cumplieron los 20 años de la diócesis de Quilmes y de su ordenación  episcopal le escuchamos decir: En mi ordenación episcopal, el consagrante principal me formuló esta pregunta: “¿quieres mostrarte afable y bondadoso, en el nombre del Señor, con los pobres, con los que no tienen casa y con los necesitados?” Contesté: “Sí, quiero”. No podía imaginar en ese momento los alcances de la pregunta y de mi respuesta. El propósito era sincero, pero lo que me demandaría el ministerio en ese campo sólo se develaría paso a paso”.
La encíclica de Pablo VI “Evangelii Nuntiandi” fue inspiradora de su episcopado. Debe haber calado hondo en su corazón de joven pastor estas palabras del Papa: “después del Concilio y gracias al Concilio, que es una hora de Dios en este ciclo de la historia, la Iglesia ¿es más o menos apta para anunciar el Evangelio y para sembrarlo en el corazón del hombre con convicción, libertad de espíritu y eficacia?
Su ministerio episcopal anticipó fehacientemente lo que hoy Francisco llama “una Iglesia en salida” (Exhortación Apostólica “La alegría del Evangelio”): Dice el Papa: En la Palabra de Dios aparece permanentemente este dinamismo de “salida” que Dios quiere provocar en los creyentes (…) Hoy, en este “Vayan” de Jesús, están presentes los escenarios y los desafíos siempre nuevos de la misión evangelizadora de la Iglesia, y todos somos llamados a esta nueva “salida” misionera” (EG 20)
Nuestro Padre Obispo mantuvo siempre encendida en su corazón la llama ardiente de la misión, que lo llevó a estar atento a la realidad del hombre y de la mujer de este sur del gran Buenos Aires a quienes debía evangelizar. Así le escuchamos decir con dolor:
 “Llegué como obispo de una diócesis de obreros, y hoy me toca pastorear una diócesis de desocupados” (Luis Liberti. “Jorge Novak, testigo y sembrador de esperanza”, pg. 280)
También decía lo siguiente en la Universidad de Lomas de Zamora:
 “En mi caso personal, valoré debidamente el axioma pastoral: ´el hombre es el camino primero y necesario de la Iglesia´. En esta experiencia vi claro que, sin actitudes sinceras con la situación de la familia argentina (la desaparición de personas, la destrucción premeditada de los centros de producción por los instrumentos de mezquinos intereses multinacionales; el hambre y la guerra…) me haría connivente y cómplice del mal en sus múltiples expresiones” (Idem, pag. 280-281)
Hoy, a la luz de la enseñanza de Francisco, podemos valorar más aún la profética misión del Padre Obispo Jorge Novak. Leemos en “La alegría del Evangelio”:
 “Si la Iglesia entera asume este dinamismo misionero, debe llegar a todos, sin excepciones. Pero ¿a quiénes debería privilegiar? Cuando uno lee el Evangelio, se encuentra con una orientación contundente: no tanto a los amigos y vecinos ricos sino sobre todo a los pobres y enfermos, a esos que suelen ser despreciados y olvidados, a aquellos que «no tienen con qué recompensarte» (Lc14,14). No deben quedar dudas ni caben explicaciones que debiliten este mensaje tan claro. Hoy y siempre, «los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio»[52], y la evangelización dirigida gratuitamente a ellos es signo del Reino que Jesús vino a traer. Hay que decir sin vueltas que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres. Nunca los dejemos solos”.
Esto que dice Francisco, fue una convicción profunda en la vida pastoral del Padre Obispo Jorge. Así lo escribe en la “Carta pastoral sobre nuestra opción preferencial por los pobres”, del año 1986 (Luis Liberti, o.c., pag.305):
 “Sin el Espíritu Santo, nuestro servicio a los pobres no pasaría de ser una acción humana muy  limitada. Hasta podríamos caer en el peligro del fariseísmo, de la simulación o de la vanidad. Cuando nos  anima el Espíritu de Cristo, la ‘opción preferencial por los pobres’ entraña un servicio que llega hasta el martirio en caso necesario”.
Su total consagración a la misión podemos encontrarla reflejada en estas espontáneas palabras suyas, en una entrevista concedida a una persona tan cercana a su labor pastoral, Luisa Ripa Alsina:
 “Yo me siento Obispo cuando entro en contacto con los fieles… siempre pienso que la vida del Obispo es el contacto con sus fieles, como pastor con las ovejas…”
 “La figura que más me gusta es la de Pastor… tuve que hacer un curso intensivo de Derechos Humanos… porque más deseo eso y en ese sentido es inspirarme en el Pastor de los pastores, por supuesto, Jesús… y los grandes padres. La visita pastoral es la máxima actividad… un obispo caminador… un obispo cercano a todos los sacerdotes… y a los fieles…”
“Durante mi enfermedad tuve como una visión… en la que veía como en un sobrevuelo los barrios… y sentí una orden del Padre. Y sentí una verdadera nostalgia por los barrios, recordando los tiempos de mi vida. Pero luego vino la contraorden: “Deberás pastorear a tu pueblo”… Entonces aprecio… la gratuidad, es decir, dar gratuitamente sin medir el costo… tengo que vivir (como) Pastor y Buen pastor. De vuelta, Dios da la vida; yo agradezco a Dios que he podido estar cerca de eso, no sólo en el campo de los desaparecidos, sino en las ofrendas de mi vida… No morí en ese momento… Ahí creo que está el más auténtico Novak. (Luis Liberti. o.c., pag. 237)
 
Caminando hacia la celebración de los 40 años de la Diócesis, con el Himno que compuso el P. Germán Pravia, decimos:
 
“Memoria agradecida del caminar
cuarenta años hoy queremos celebrar.
Por el Obispo Novak, primer pastor,
la Iglesia vive en “estado de misión”.
 
La Biblia en las familias,
la Carpa en los barrios,
Encuentros en Brochero
de Evangelización.
 
Cuarenta años de amor.
Cuarenta años de alianza.
Iglesia Pueblo de Dios,
en Quilmes, pasión y esperanza.

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes