Saludo a los sacerdotes en la celebración de la memoria del Santo Cura de Ars

Quilmes, 4 de agosto de 2015

Querido hermano Sacerdote:

¡FELIZ DÍA!

Además de unirnos en la celebración de la memoria del Santo Cura de Ars, cada 4 de agosto, recordamos la entrega de la vida del gran pastor del pueblo riojano, Mons. Enrique Angelelli, asesinado en los años oscuros de la dictadura militar. El domingo pasado, el Padre Obispo Marcelo Colombo, con palabras del Papa Francisco, invitaba a recordar a quienes “predicaron y predican la buena noticia de Jesús con coraje y mansedumbre, que en su paso por esta vida dejaron conmovedoras obras de promoción humana y de amor, muchas veces junto a los pueblos indígenas o acompañando a los propios movimientos populares incluso hasta el martirio”.

En este día tan sacerdotal, celebrado en todas las comunidades de distintas maneras, recibiendo el saludo de tantas hermanas y hermanos agradecidos por el don del sacerdocio ministerial, deseo unirme a esas expresiones de afecto y cercanía, valorando y agradeciendo tu vida consagrada al servicio de este pueblo que camina en la diócesis de Quilmes. En la celebración de la Misa Crismal te obsequié un pequeño libro titulado “Meditaciones sacerdotales”, recopilación de algunos escritos del P. Lucio Gera. El próximo 7 de agosto celebraremos los 3 años de su pascua.

En este día quiero compartir contigo unos pensamientos de este sacerdote, maestro de teología, formador de pastores.

“… mi vocación al sacerdocio fue un asunto entre dos, no únicamente una opción mía, unilateral. Dios está en el origen, está a mis espaldas de sacerdote. Esto no quiere decir que haya tenido revelaciones, o apariciones… Gracias a Dios nunca he tenido una aparición o una revelación y sólo he podido moverme en la vida desde mi fe sencilla. Un sacerdote tiene que aprender a vivir en soledad. Pero uno aprende y acepta vivir en soledad sólo porque, en definitiva, no se está solo. No sólo el sacerdocio, también la existencia humana es cosa de dos. También la muerte es cosa de dos, porque nadie va a la nada, sino a Dios. Uno vive siempre en la presencia de Dios. Y esta presencia no es amenazadora. Como solemos decir en los Salmos: “Él es la roca”, no el vacío o el abismo”

 

“Mi opción por el sacerdocio ha nacido de un horizonte pastoral, es decir, en referencia a otros hombres… Me pareció con sencillez que Dios era un bien, y que sería un bien dedicar la vida a comunicar a Dios a los demás. Y eso decidió taxativamente sobre mi vocación. Pensé que estar privado de Dios puede ser un gran vacío, o una gran distracción. Por eso me pareció que debía entrar en esta vocación en la que uno tiene que ser memoria de Dios, recordarlo para que Él no caiga en el olvido”. (Lucio Gera. “Meditaciones sacerdotales”; pg. 116-117)

Hermano: me encomiendo a tu oración, que tanto la necesito en esta misión. Gracias por tu sacerdocio; gracias por tu comprensión y por compartir este servicio al pueblo de Dios.

Un gran abrazo. Dios te bendiga y la Virgen Madre te cuide.

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes