SALUDO A LOS MAESTROS

11 de septiembre de 2015

 
Querida docente, querido docente: ¡FELIZ DÍA DEL MAESTRO!
 
Desde niños todos tenemos un recuerdo de este día, puesto que todos hemos sido alumnos. Se nos hacen presentes los rostros de nuestras maestras y maestros, que en este día se engrandecen en el recuerdo, cada vez más lejano en el tiempo, pero ahondándose más en nuestro corazón. Personalmente, vienen a mi memoria mis maestras del Jardín: Nora y Nelly. Las del primario: Fanny; la Sra. de Constanzo (abuela del arquero Franco Constanzo);  Nené; Bocha; Olga; Monona… y del secundario y demás… son muchos nombres… que hoy recuerdo agradecido.
 
Claro que nuestros primeros maestros fueron nuestros padres. Nos enseñaron a balbucear palabras… entonar una canción, nos contaron cuentos… nos enseñaron a reconocer las cosas… y principalmente a las personas… y claro, como mamá y papá sabían que ellos no eran dioses, por mas que para nosotros eran algo así..., ellos nos enseñaron a rezar… a mirar a ese Otro… ese misterioso Otro que es Dios, que generalmente lo veíamos tan tierno y querible en el pesebre de Belén. Nos enseñaron a invocarle y cantarle a la Virgen, y ellos (vaya a saber cómo se las ingeniaban) nos respondían a las preguntas que a boca de jarro les hacíamos sobre cualquier cosa de la vida y de la muerte…
 
Y vos, querida docente, querido docente, eres esa persona que ayuda a los padres y a la sociedad a seguir educando a esos niños, adolescentes y jóvenes que Dios pone en el camino de tu existencia. “Los tiempos han cambiado”, dicen los mayores… Los tiempos siempre cambian…, nosotros también cambiamos, porque la vida es así… No es estática, es dinámica. Es verdad que ahora los cambios son cada vez más rápidos, más globales y profundos. Pero esto no es algo externo a nosotros… estamos todos involucrados. Y Dios camina con nosotros, como dice San Pablo a los atenienses: “Porque en realidad, él no está lejos de cada uno de nosotros. En efecto, en él vivimos, nos movemos y existimos” (Hch. 17, 27-28) Por eso, somos personas con esperanza; porque creemos en Dios. Es importante no encerrarnos en nosotros mismos, tenemos que revalorizar y fortalecer los vínculos con los demás. Esto lo he recomendado y subrayado en las “Acentuaciones pastorales” de los dos últimos años.
 
En estos días los medios de comunicación, entre tanta información, nos hacen presente el drama de los refugiados, el fenómeno nada nuevo de la migración. Pueblos enteros que se movilizan buscando un futuro con esperanza, porque la vida está amenazada y, en algunos casos, condenada a la muerte. Las imágenes son por demás dolorosas. ¿Qué podemos hacer nosotros? Mucho podemos hacer. No puede faltar en nuestras aulas abordar esta problemática. Porque estuvo, está y estará entre nosotros esta realidad que nos desafía a incluir al otro, a mi prójimo. Nada más elocuente para nosotros cristianos que la parábola del buen samaritano.
 
El Papa Francisco nos dice en su Exhortación “La alegría del Evangelio”: “El individualismo posmoderno y globalizado favorece un estilo de vida que debilita el desarrollo y la estabilidad de los vínculos entre las personas, y que desnaturaliza los vínculos familiares. La acción pastoral debe mostrar mejor todavía que la relación con nuestro Padre exige y alienta una comunión que sane, promueva y afiance los vínculos interpersonales. Mientras en el mundo, especialmente en algunos países, reaparecen diversas formas de guerras y enfrentamientos, los cristianos insistimos en nuestra propuesta de reconocer al otro, de sanar las heridas, de construir puentes, de estrechar lazos y de ayudarnos «mutuamente a llevar las cargas» (Ga 6,2). Por otra parte, hoy surgen muchas formas de asociación para la defensa de derechos y para la consecución de nobles objetivos. Así se manifiesta una sed de participación de numerosos ciudadanos que quieren ser constructores del desarrollo social y cultural”. (EG 67).
 
Querida hermana, querido hermano: ¡Gracias por tu entrega de cada día! ¡Gracias porque cada día respondes con amor a ese llamado, a la entrega de tu vida en la docencia! ¡Gracias por todos tus esfuerzos, tus gestos sencillos de cada día, con cada uno de tus compañeros y tus alumnos! ¡Gracias por sembrar en los corazones la luz de la verdad! ¡Gracias por enseñar, por educar y no contentarte con sólo informar! ¡Gracias por ser compañero de camino de los que están junto a ti!
 
En esta celebración de los 40 años de la diócesis, que se cumplen el año que viene, 2016, te invito a “renovar la misión”. Más que tener una misión, somos una misión. Enviados a anunciar a nuestro Maestro: JESÚS.
 
¡FELIZ DIA DEL MAESTRO!
Dios te bendiga y la Virgen santa te cuide
Fraternalmente
 

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes