HOMILÍA DE LA XXª MISA DE LA ESPERANZA

Cruce Varela  – Sábado 28 de noviembre de 2015

 
Hermanas y hermanos:
 
Por las razones que todos conocemos, celebramos esta Misa una semana después. Hoy comenzamos el tiempo de Adviento: es tiempo de Esperanza. Nos prepara para la Navidad despertando una actitud de espera, de esperanza. Esto es importante en la vida. ¿Cómo podríamos vivir humanamente sin esperar nada ni a nadie? Cuando alguien ya no espera nada es porque se han secado las raíces de la fe y del amor. Todo el árbol se muere. Sin esperanzas nada tendría sentido. El Adviento vivido espiritualmente nos carga de esperanza, dilata nuestro deseo de vida. Adviento está transido de un profundo anhelo de Dios y de su reino. ¿Sentimos la sed de Dios? ¿Arde nuestro corazón? ¿Nos contentamos con una mediocridad espiritual?
 
Al comenzar el Adviento ¿esperamos algo? ¿Esperamos que Cristo renueve nuestras vidas? ¿Esperamos y pedimos la justicia y la paz para nuestro pueblo? ¿Qué hacemos para que los pobres tengan alguna alegría?
 
Hoy, Jesús nos dice: “Tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación”. Ha de mantenerse nuestra esperanza en una vigilia de espera en el Señor-nuestras-justicia. Espera activa que sabe del compromiso a favor de la vida del ser humano y de su dignidad. Por eso hoy, todos decimos:
 

“TIERRA, TECHO Y TRABAJO SON DERECHOS SAGRADOS”

 
Nos hemos congregado en el Cruce Varela para celebrar la vigésima Misa de la Esperanza. Fue el 26 de octubre de 1996 cuando el Padre Obispo Jorge Novak. También hoy iniciamos el segundo año del Trienio para celebrar los 40 años de la Diócesis.
 
En este lugar de encuentro de los tres partidos de la Diócesis, nuestro primer pastor decía en esa primera Misa:
 
“Estamos reunidos por un sentimiento religioso, ampliamente compartido. Hijos de Dios, redescubrimos, en el dolor generalizado, nuestra condición de hermanos en Jesús. Acercarse a Dios es experimentar su infinita sensibilidad frente al desamparo de tantas familias… No es voluntad de Dios que miles de padres de familias sean sometidos a la desesperación, al no encontrar soluciones a su estado de desocupación. No es voluntad de Dios que nuestros niños crezcan desnutridos, que nuestros jóvenes vean el horizonte cerrado a ideales de felicidad y de creatividad; que nuestros jubilados arrastren una existencia lánguida, casi como una agonía prolongada”
 
Es la oportunidad hoy también para recordar la última Misa de la Esperanza que presidió el Padre Obispo Jorge, el 25 de noviembre del 2000, Año del Jubileo. Hace 15 años. El lema de aquella Misa era: “No hay esperanza sin justicia”. Recordamos pasajes de su homilía:
 
“Comenzamos por preguntarnos cuáles son los obstáculos que cierran el camino de nuestro pueblo. Preguntamos quién  o quiénes están trabando el paso de nuestra gente por el sendero de la historia. Nos cuestionamos sobre las intenciones de grupos pequeños pero poderosos que avanzan sobre los cadáveres de miles de pacíficos hombres y mujeres, que reclaman un mínimo espacio para vivir dignamente”.
 
Es bueno hacer memoria, en este camino hacia los 40 años de la Diócesis. Lo dice nuestra canción: “Memoria agradecida del caminar, cuarenta años hoy queremos celebrar, por el Obispo Novak primer pastor. La Iglesia vive en estado de misión… Los pobres en el centro de la misión, la dignidad no se negocia, es Don de Dios. ¡Qué mucho se ha sembrado, y cuánto se ha servido!¡Memoria agradecida que impulsa a más Amor!” “Cuarenta años de amor. Cuarenta años de Alianza. Iglesia pueblo de Dios. En Quilmes, pasión y esperanza.”
 
Sin perder la memoria de tantas causas conquistadas, de tantos derechos reconocidos, de mucha vida entregada, seguimos enfrentando desafíos nuevos, profundizando el compromiso en la causa de los más desprotegidos. No olvidamos las realidades visualizadas en estos  años anteriores, la problemática de las tierras, la tragedia de la trata de personas y del monstruo de la droga que causa estragos en el mundo de hoy, matando a los más indefensos.
 
Este año venimos a unir nuestras voces llenas de esperanza para decir:
 

“TIERRA, TECHO Y TRABAJO SON DERECHOS SAGRADOS”

 
El mismo Papa Francisco quiso unir  su voz y su corazón al clamor de los movimientos sociales reunidos primeramente en Roma y, este año, en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia). Todos recordamos ese profundo y largo discurso de Francisco a los participantes del 2º Encuentro Mundial de Movimientos Populares (EMMP)
 
“Ustedes, los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden y hacen mucho. Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas, en la búsqueda cotidiana de «las tres T» ¿De acuerdo?  (Trabajo, techo, tierra) y también, en su participación protagónica en los grandes procesos de cambio, Cambios nacionales, cambios regionales y cambios mundiales. ¡No se achiquen!”
 
“Ustedes, desde los movimientos populares, asumen las labores de siempre motivados por el amor fraterno que se revela contra la injusticia social. Cuando miramos el rostro de los que sufren, el rostro del campesino amenazado, del trabajador excluido, del indígena oprimido, de la familia sin techo, del migrante perseguido, del joven desocupado, del niño explotado, de la madre que perdió a su hijo en un tiroteo porque el barrio fue copado por el narcotráfico, del padre que perdió a su hija porque fue sometida a la esclavitud; cuando recordamos esos «rostros y esos nombres» se nos estremecen las entrañas frente a tanto dolor y nos conmovemos…”
 
Luego, Francisco propuso tres grandes tareas que requieren la participación de todos los movimientos populares:
1.- La primera tarea es poner la economía al servicio de los Pueblos.
2.- La segunda tarea, es unir nuestros Pueblos en el camino de la paz y la justicia.
3.- Y la tercera tarea, tal vez la más importante que debemos asumir hoy, es defender la Madre Tierra.
 
La primera tarea es poner la economía al servicio de los Pueblos. 
 
“Los seres humanos y la naturaleza no deben estar al servicio del dinero. Digamos NO a una economía de exclusión e inequidad donde el dinero reina en lugar de servir. Esa economía mata. Esa economía excluye. Esa economía destruye la Madre Tierra.”…“Cuando Estado y organizaciones sociales asumen juntos la misión de «las tres T» se activan los principios de solidaridad y subsidiariedad que permiten edificar el bien común en una democracia plena y participativa.”

La segunda tarea, es unir nuestros Pueblos en el camino de la paz y la justicia.

Si realmente queremos un cambio positivo, tenemos que asumir humildemente nuestra interdependencia, es decir, nuestra sana interdependencia. Pero interacción no es sinónimo de imposición, no es subordinación de unos en función de los intereses de otros. El colonialismo, nuevo y viejo, que reduce a los países pobres a meros proveedores de materia prima y trabajo barato, engendra violencia, miseria, migraciones forzadas y todos los males que vienen de la mano… precisamente porque al poner la periferia en función del centro les niega el derecho a un desarrollo integral. Y eso hermanos es inequidad y la inequidad genera violencia que no habrá recursos policiales, militares o de inteligencia capaces de detener.”

La tercera tarea, es defender la Madre Tierra.
 
“La casa común de todos nosotros está siendo saqueada, devastada, vejada impunemente. La cobardía en su defensa es un pecado grave. Vemos con decepción creciente como se suceden una tras otra cumbres internacionales sin ningún resultado importante. Existe un claro, definitivo e impostergable imperativo ético de actuar que no se está cumpliendo. No se puede permitir que ciertos intereses –que son globales pero no universales– se impongan, sometan a los Estados y organismos internacionales, y continúen destruyendo la creación.”
 
A propósito de esto último, mañana, 29 de noviembre, alrededor de un millón de hombres, mujeres y niños participarán en la “Marcha mundial por el clima”, manifestaciones que tendrán lugar en Londres, Berlín, Madrid, Ámsterdam, Bogotá, Johannesburgo, Daca, Kampala, Roma, San Pablo, Sidney, Seúl, Ottawa, Tokio y en otras 3000 ciudades. Será un verdadero “ejercicio de ciudadanía ecológica mundial”. Desde nuestra Diócesis de Quilmes queremos unirnos a este evento internacional a pedido del Papa Francisco.
 

“TIERRA, TECHO Y TRABAJO SON DERECHOS SAGRADOS”

 
Damos gracias a Dios por el trabajo mancomunado de tantas organizaciones e instituciones que se preocupan para que las familias tengan su tierra para construir su vivienda y también, para hacerla producir en tantas regiones humildes de nuestro país. Agradecemos a la Vicaría de la Solidaridad y a Caritas por su servicio a las familias necesitas de un terrenos para vivir dignamente. Algo se ha realizado, gracias a Dios. Pero es mucho lo que falta.
 
Hace tres años decíamos aquí:
 
“Nuestro gran Buenos Aires presenta graves problemas habitacionales:
- La tierra y la vivienda, sometidas a las leyes del mercado son inalcanzables para la mayoría de la población.
- Muchas familias de escasos recursos habitan lugares inadecuados a la dignidad de la gente.
- La precariedad habitacional provoca graves problemas educativos, sanitarios, ambientales, políticos, familiares, etc.
- Crece una ciudad marginada de los servicios indispensables, castigados por la marginación territorial” (Misa de la Esperanza, 24-11-2012)
 
Apoyamos decididamente la aprobación de la Ley Provincial de Acceso Justo al Suelo Urbano.
 
Se han dado algunos pasos, pero no satisfactoriamente. Alentamos el trabajo de organizaciones de voluntarios que generosamente han trabajado junto a la gente de nuestros barrios para construir o mejorar sus viviendas.
 

“TIERRA, TECHO Y TRABAJO SON DERECHOS SAGRADOS”

 
A muchos llamó la atención de que el Papa Francisco en el Documento “La alegría del Evangelio” (EG) sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual, dedicara un capítulo sobre la dimensión social de la evangelización. Allí leemos algunos textos que hacen referencia a nuestros temas de hoy:
“La necesidad de resolver las causas estructurales de la pobreza no puede esperar… Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y atacando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema. La inequidad es raíz de los males sociales. (EG202)

“La dignidad de cada persona humana y  el bien común son cuestiones que deberían estructurar toda política económica… ¡Cuántas palabras se han vuelto molestas para este sistema! Molesta que se hable de ética, molesta que se hable de solidaridad mundial, molesta que se hable de distribución de los bienes, molesta que se hable de preservar las fuentes de trabajo, molesta que se hable de la dignidad de los débiles, molesta que se hable de un Dios que exige un compromiso por la justicia” (EG 203)

“Ya no podemos confiar en las fuerzas ciegas y en la mano invisible del mercado. El crecimiento en equidad exige algo más que el crecimiento económico, aunque lo supone, requiere decisiones, programas, mecanismos y procesos específicamente orientados a una mejor distribución del ingreso, a una creación de fuentes de trabajo, a una promoción integral de los pobres que supere el mero asistencialismo. Estoy lejos de proponer un populismo irresponsable, pero la economía ya no puede recurrir a remedios que son un nuevo veneno, como cuando se pretende aumentar la rentabilidad reduciendo el mercado laboral y creando así nuevos excluidos. (EG 204)

“¡Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres! Es imperioso que los gobernantes y los poderes financieros levanten la mirada y amplíen sus perspectivas, que procuren que haya trabajo digno, educación y cuidado de la salud para todos los ciudadanos. ¿Y por qué no acudir a Dios para que inspire sus planes? Estoy convencido de que a partir de una apertura a la trascendencia podría formarse una nueva mentalidad política y económica que ayudaría a superar la dicotomía absoluta entre la economía y el bien común social. (EG 205)

Hermanas y hermanos: hace 15 años, en su última homilía de la Misa de la Esperanza, el Padre Obispo Jorge decía: “Hay esperanza porque miles de padres de familia alimentan y aman con ternura a sus hijos. Hay esperanza porque muchos servidores y servidoras organizan comedores, para que niños y ancianos tengan por lo menos una comida al día. Hay esperanza porque muchos voluntarios y voluntarias están junto a la cama de los enfermos, como auxiliares de las familias y de los hospitales. Hay esperanza porque muchos docentes forman con amor el cerebro y el corazón de las nuevas generaciones. Hay esperanza porque quedan todavía funcionarios y profesionales honestos”. Esa esperanza sigue viva en el corazón de este pueblo. Y eso nos da ánimo y nos compromete en el servicio a los pobres.

¡Cuántos hombres y mujeres sin tierra, sin techo o sin trabajo acuden a la Virgen, a sus santuarios, para mirarla y dejarse mirar por Ella! Es que allí encontramos la fuerza de Dios para sobrellevar los sufrimientos y cansancios de la vida. Como a San Juan Diego, María nos da la caricia del consuelo maternal y nos dice al oído. “No se turbe tu corazón”… ¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre?” (EG 286)
 

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes