Homilía del Padre Obispo Carlos José Tissera en la Misa Crismal, en la Catedral de Quilmes el miércoles 23 de marzo de 2016.

“Es nuestra más urgente tarea, como comunidad cristiana, la evangelización.
Por mi parte, pondré mi mejor empeño para que la Diócesis como suma de comunidades vibre como Pablo:
“¡Pobre de mí si no predicara el Evangelio"
Padre Obispo Jorge Novak

 

A cuarenta años de la creación de esta Diócesis de Quilmes y de la ordenación episcopal de nuestro primer obispo Jorge Novak, recordamos esta hermosa expresión que la leemos en el almanaque que hemos editado, en la hoja correspondiente a este mes (marzo-abril)

Los textos bíblicos de esta Misa Crismal nos centran en esta “dulce y confortadora alegría de evangelizar” (EN 80). En este segundo año de permanente estado de misión diocesana, nos acompaña el lema: RENOVAR EL ANUNCIO. El Papa Francisco nos plantea: “sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo”. El Padre Obispo Jorge, como hemos dicho, hace cuarenta años nos hablaba de esa urgente tarea.

El evangelio que escuchanos nos presenta a Jesús dando cumplimiento a la profecía de Isaías, al decir: “El Espíritu de Dios está sobre mí, porque me ha consagrado para la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres”.

En un mundo que oculta a los pobres, la Iglesia tiene la misión de ser la luz que ponga en el centro a “aquellos que la sociedad descarta y desecha” (EG 195). Si bien son los privilegiados de Dios, como dice la escritura santa, el estilo de vida de las modernas sociedades nos enseña a despreciarlos de distintas maneras. Una de ella es hacerlos invisibles. No se los muestra, no se los escucha, casi no existen. Nos invitan a ponernos anteojeras para no verlos y sólo fijarnos en los que están incluidos, ignorando que hay sectores con los derechos vulnerados, y es la muestra cabal de que es una mentira el ideal egoísta de la sociedad de consumo. Como dice Francisco: “Para poder sostener un estilo de vida que excluye a otros, o para poder entusiasmarse con ese ideal egoísta, se ha desarrollado una globalización de la indiferencia” (EG 54).

La invisibilización, la estigmatización y la discriminación de los pobres son algunos de los mecanismos que tiene este sistema injusto para consolidarse y perdurar en el tiempo. Algunos piensan y, hasta se atreven a decir, que si los pobres están como están es culpa de ellos. Esto lleva a que en nuestras sociedades los pobres sean ocultados, despreciados, temidos o –en el mejor de los casos- objeto de beneficencia o de una “caridad a la carta” que tranquilice nuestra conciencia (EG 180).

“El corazón de Dios tiene un sitio preferencial para los pobres, tanto que hasta Él mismo «se hizo pobre» (2 Co 8,9). Todo el camino de nuestra redención está signado por los pobres... A los que estaban cargados de dolor, agobiados de pobreza, les aseguró que Dios los tenía en el centro de su corazón: «¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!» (Lc 6,20); con ellos se identificó: «Tuve hambre y me dieron de comer», y enseñó que la misericordia hacia ellos es la llave del cielo (cf. Mt 25,35s).

Para la Iglesia la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica. Dios les otorga «su primera misericordia». Esta preferencia divina tiene consecuencias en la vida de fe de todos los cristianos, llamados a tener «los mismos sentimientos de Jesucristo» (Flp 2,5). La nueva evangelización es una invitación a reconocer la fuerza salvífica de sus vidas y a ponerlos en el centro del camino de la Iglesia. Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos.(EG 198)

Por eso dice también Francisco: “Puedo decir que los gozos más bellos y espontáneos que he visto en mis años de vida son los de personas muy pobres que tienen poco a qué aferrarse” (EG 7)

Dios nos pide amor a los pobres. Amor eficaz; que ellos lo noten. El amor siempre incluye una unión en el afecto, ese estar unido a una persona de manera que se sienta al otro como una extensión de uno mismo. Por eso, en nuestra pastoral lo más importante no son las obras que hacemos para los pobres, sino la relación que establecemos con ellos.

Novak, en la frace que leímos, citaba a San Pablo: “¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!”. Amar a los pobres es salir a buscarlos, conocer sus casas, sus familias, tener un contacto mano a mano con sus necesidades. El amor en salida nos hace capaces de escuchar sus clamores. Compartir sus vidas nos hace estremecer las entrañas.

Jesús se identificó con los pobres y nos ha enseñado que la misericordia es la llave del cielo (Mt. 25). Es necesario que en nuestras comunidades cristianas haya una verdadera mística, y así nuestro trabajo no sea una “acción social” sino obras de misericordia. Esas que el Papa nos invita a vivirlas de modo particular en este Año Santo de la Misericordia.

Los óleos que bendecimos hoy, huelen a misericordia. Nos viene a la memoria la parábola del buen samaritano… “al pasar junto a él, lo vió y se conmovió. Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino...”. Inmediatamente pensamos en los sacramentos con los cuales Dios nos consuela, nos sana, nos alegra, nos devuelve la vida. A la vez que ese aceite nos habla de la suavidad del amor y del perfume del testimonio cristiano.

Seguramente la mayoría tenemos el almanaque de la diócesis. Si damos vuelta la hoja de los meses siguientes (mayo-junio), nos encontramos con otras fotos y otra frase de Novak que dice:

“En la defensa y promoción de los derechos humanos, lo actuado por mí apenas es un humilde servicio a una causa eterna”.

Qué mejor ilustración para la fecha que los argentinos conmemoramos mañana, a 40 años del último golpe de estado en la Argentina que instauró una dictadura genocida, dejando heridas que aún sangran en la sociedad, protagonista de crímenes de diversa índole, entre ellos: la tortura, el asesinato, la desaparición de personas y el secuestro de niños. 24 de marzo: una fecha para no olvidar. Pero también miramos preocupados el presente y el porvenir. Por eso nos hacemos eco del comunicado del Departamento de Justicia y Paz de nuestra Vicaría de Solidaridad, publicado el pasado lunes.

“Cuarenta años de amor, cuarenta años de alianza, Iglesia pueblo de Dios, en Quilmes, pasión y esperanza” El canto nos une en la celebración y en la fiesta. También en el dolor y la tristeza. El canto nos expresa y nos une; nos ayuda a entrar en relación con el otro y con Dios. Cuánto agradecemos tener este nuevo libro de cantos. Una antología de cantos para la celebración de los cuarenta años de la Diócesis. Quiere ser un aporte para renovar nuestro camino en común desde la memoria agradecida, con la pasión y la esperanza del evangelio. Lleva por título: “SOMOS TU PUEBLO”. Esto quiere ser, un “servicio a la comunión de lsa comunidades que formamos la Diócesis de Quilmes. Es propio del canto en la celebración expresar y fortalecer la unidad… Al unirnos como Iglesia diocesana en un mismo canto, esperamos crecer en esa comunión que es don de Dios y testimonio del evangelio para la unidad”. (Introducción del libro “Somos tu pueblo”)

Hermanas y hermanos: hoy hemos entrado por esta Puerta Santa de la Misericordia. La Iglesia en este Jubileo está “llamada a curar las heridas, a aliviarlas con el óleo de la consolación, a vendarlas con la misericordia y a curarlas con la solidaridad y la debida atención” (Misericordiae Vultus 15)

Queridos diáconos, queridos sacerdotes: en este día de renovación de nuestras promesas ante Dios y su Pueblo, qué bueno recordar los versos del canto “Consuelen a mi pueblo”, de Julián Zini y Mario Bonfill (“Somos tu pueblo”, 95, pag. 100), cuyo estribillo es:

“Cristianos, por favor,
consuelen a mi pueblo.
Atiendan su aflicción,
que está clamando al cielo.
Cristianos, por favor,
anúncienle mi reino
denle mi bendición,
consuelen a mi pueblo”