HOMILIA DEL P. O. CARLOS JOSÉ TISSERA EN EL ENCUENTRO DIOCESANO DE LAICOS – 17 de julio de 2016

El tema de las lecturas de hoy es la hospitalidad. Este año de la misericordia es dar alojamiento al que está de paso.

La Palabra de Dios es Palabra de Dios es cuando se hace carne, y es una persona concreta, es Jesús. Pero ese proceso se sigue dando constantemente en la historia. Y la Palabra de Dios e va haciendo carne en la vida del os pueblos, se va haciendo cultura y esto de la hospitalidad.

Nosotros hemos tenido la dicha de nacer en una tierra cristiana. Es propio de los pueblos latinoamericanos recibir, dar alojamiento, hacer sentir en casa al extranjero. Eso lo hemos recibido con el Evangelio que fue predicado hace cientos de años, y era mal visto aquel que no daba alojamiento, que no sabía compartir, hacer una cama más para el que venía porque tenía que ir al médico, o hacer algún tramite. Se le daba lugar en la casa.

Pero esta cultura adveniente, nacida de otras ideas fue desterrando del corazón de nuestro pueblo esa preciosa costumbre. No es que tengamos que volver atrás pero sí saber cultivar lo bueno que hemos recibido. Quizás no se trate de un lugar físico pero sí del lugar en el corazón.

Vivimos, como decía el Papa en la carta que se leyó hace un rato con motivo del Bicentenario de la Independencia, decía Francisco que vivimos esta “cultura del descarte”.

El Evangelio debe ser predicado. Esta alegría del Evangelio la tenemos que seguir predicando hasta que pueda calar hondo en los corazones y podamos tener así corazones abiertos para  recibir a todos. La primera lectura de hoy, tan pintoresca. Yo la escuchaba y me parecía estar ahí.

Estos tres hombres que pasaron. Abraham que los recibe y la alegría, y quédense, no se  vayan. Eso que pasa a veces en la familia: ¿y ya te vas a ir? Quedate…no.. Lo más lindo era cuando mandó a buscar el ternero para hacer el asado, no es cierto? y a esta hora…

Ese corazón que sabe recibir. Ese corazón que sabe recibir a un hijo que va a venir, a lo mejor tiene una discapacidad. Un corazón que sabe recibir a ese papá o esa mamá que van  ya declinando,  se van poniendo ancianos y ya son torpes en los movimientos, y por ahí se empieza a pensar en descartarlos. Y así podríamos seguir en tantas otras cosas que pueden pasar en nuestros barrios, en nuestras comunidades. Comunidades que deben ser acogedoras, hospitalarias.

Esto que dice el Papa, que la Iglesia  está como  hospital de campaña. ¿Y qué es un hospital de campaña? Es que se recibe a todos. Y así  deben ser también nuestras parroquias, nuestras comunidades. De corazones abiertos para recibir a mucha gente, que a veces no se siente recibida, ni siquiera en su casa.

Hoy estuve visitando una casita, que le llaman “la casita”, donde los jóvenes adolescentes, pero ya no solo adolescentes, ya chicos de 7 años van porque encuentran un lugar donde estar. No lo encuentran ni en su casa. Eso está pasando en nuestros barrios, en nuestras comunidades.

Y por eso el evangelio de hoy nos invita a todos nosotros, que tenemos la dicha de creer, la dicha de participar muchas veces, cada domingo en la Iglesia, en las misas. Es una dicha, una alegría tener esto tan hermoso. Que escuchamos esa Palabra de Jesús, ¿cómo hacerla carne para liberarnos de esas ansiedades q    ue hacen que perdamos de vista lo esencial? Marta estaba ansiosa: ¿no te importa que mi hermana no ayude? ¡Decile que me ayude! Menos mal que Jesús no le echó nafta al fuego, porque si no, no sé qué iba a pasar ese día entre las dos hermanas.

La atención a las personas. Jesús el dice: María eligió la mejor parte. Tan atareada estaba en hacer las cosas que al final…  Comer, iban a comer lo mismo, pero de todos modos, más allá de la anécdota lo importante es la enseñanza de Jesús: atender a la persona. Jesús está en cada persona. Nos pasa, me pasa muchas veces que hablamos con alguien y ya estamos pensando en otra cosa. No miramos los ojos, porque en una conversación a veces ni estamos atentos a lo que dice, pero aún estando atento a lo que la otra persona dice, uno tiene que mirarla a la persona porque a lo mejor no está diciendo todo lo que quiere decir, y uno se da cuenta en la cara. Cómo mira, cómo entró, cómo se sentó. A veces ni le damos el asiento, estamos apurados.

Esas cosas que hacen que nuestro corazón se va haciendo más pequeño, más pequeño y aquello que se solía decir: la casa es chica pero el corazón es grande, ahora la casa es grande y los corazones chicos muchas veces.

Que ese corazón siempre esté abierto para recibir. Es cierto, a veces no nos alcanza, peleamos para llegar a fin de mes, pero algo siempre se puede compartir. Lo importante es abrir el corazón, saber recibir.

Hoy también lo hemos hecho. Hoy han estado personas, aquí, no sabemos si son, creo que sí, muchos son cristianos, la mayoría, a lo mejor otros no. No son quizás de práctica dominical pero le hemos abierto el espacio para compartir cosas que interesan a todo el pueblo. Personas que tienen altas responsabilidades. ¡Qué bueno saberlos recibir bien! Que escuchen, nos escuchen y escucharlos también en todos, o recibirlos  en todas las cosas que ellos tengan que hacer. Orar por ellos. Saber abrir el corazón y no quedarnos estacionados solamente en mi idea, sino que también sepamos dialogar y encontrarnos, buscando el bien común, particularmente del más indefenso. Pidamos a Dios, por intercesión del Cura Brochero,  a quien tenemos aquí en el Altar, que nos ayude a tener corazones abiertos, acogedores. Que nuestras comunidades parroquiales, nuestros movimientos, distintas instituciones de la Iglesia quilmeña, que podamos tener un corazón grande, como lo tuvo el Padre Obispo Jorge. Un hombre con grandes visiones, un hombre, y eso se lo pedimos, que vivió lo que creyó. Que la Virgen Madre nos acompañe en este camino para poder recibir esta enseñanza de hoy, poderla vivir en las pequeñas cosas de todos los días.