Mensaje de Navidad 2016

Quilmes, diciembre de 2016
 
Hermanas y hermanos:

¡Feliz Navidad!
La Palabra de Dios nos lleva al pesebre. Nace el Amor misericordioso de Dios hecho Niño en Belén. La ternura del Dios nos visita y despierta en los corazones nuestros mejores sentimientos de gratitud, de fraternidad y solidaridad. Las familias nos juntamos para celebrar la vida y el amor, en ese ámbito donde aprendimos a querernos y respetarnos, a ayudarnos y a perdonarnos.

Esa misma Palabra nos dice que “no había lugar para ellos en el albergue”. Tiene que nacer en las periferias. Nace pobre entre los pobres. Antes de hacerlo con palabras, Jesús con su nacimiento proclama: “Felices los pobres”. Jesús elige el último lugar, al nacer y al morir. No quiere dejar a nadie afuera de su inmenso amor salvador. Su amor es incluyente. No excluye ni expulsa. Los últimos, los alejados,  son sus primeros adoradores: los pastores y los magos de oriente.

El evangelio nos pone frente a la misericordia de Dios y el misterioso corazón humano que se aleja y rechaza ese amor, no reconociéndolo hecho carne en el prójimo: “tuve hambre y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; estuve de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron” (Mt. 25, 42-43).

Contemplando a Jesús, AGRADECEMOS Y NOS PREOCUPAMOS.

Mirando al Niño Jesús, agradecemos su amor manifestado en tantos momentos de nuestra vida. También como sociedad damos gracias por los gestos de fraternidad y de solidaridad. Dios no nos abandona; siempre encontramos manos amigas que nos ayudan. Nuestros corazones se unen para agradecer ante el pesebre, mirando al Niño, a María y José.

Como diócesis de Quilmes, agradecemos lo vivido en este año de Misión, celebrando los 40 años de vida, con el recuerdo agradecido por nuestro primer pastor el Padre Obispo Jorge Novak.  Hemos compartido muchos momentos y celebraciones hermosas. Se han emprendido programas valiosos, particularmente para los más alejados y sufrientes, como la construcción del Refugio para las personas en situación de calle. Todos los agentes pastorales, en sus distintas áreas han trabajado con entusiasmo y generosidad.

Damos gracias por el trabajo esmerado y comprometido de la Pastoral de Drogadependencia, con diversos proyectos en distintos lugares de la diócesis, conteniendo a jóvenes y adolescentes, y formando voluntarios para tan delicada tarea social.

Agradecemos el trabajo arriesgado y valiente de quienes trabajan en el Departamento de Trata de personas y delitos conexos. Un valioso equipo al servicio de las personas que son explotadas de modo tan vil.

Mirando a Jesús en el pesebre, agradecemos a los que lo visitan en los hermanos enfermos y ancianos. Tantos agentes de la Pastoral de la Salud. Los esfuerzos realizados en esa área formando a esos servidores. También agradecemos por todos aquellos hermanos que ofrecen su tiempo en la Pastoral Carcelaria, en medio de mucha soledad y poca comprensión de parte de la sociedad.

Agradecemos al equipo de Pastoral Social y del Departamento de “Justicia y Paz” que acompañan las situaciones difíciles de nuestros barrios y en los asentamientos. Damos gracias por el programa ATAJO, un convenio de cooperación con Procuraduría General de la Nación para fortalecer el acceso a los derechos y a la justicia de nuestros hermanos más pobres, en estado de vulnerabilidad.

Agradecemos también la creación de la Casa de Justicia y Paz  “Padre Obispo Jorge Novak”, para aquellos que no tienes posibilidades de acceder a servicios de asesoría legal, en situaciones de violencia de diversa índole. Se trata de un convenio de la Diócesis con el Defensor de Casación del gobierno provincial, y el compromiso del gobierno nacional y municipal de apoyar dicho proyecto.

Contemplando el Niño Jesús, NOS PREOCUPA, verlo en su soledad, su abandono en la periferia, su pobreza, su fragilidad y debilidad.

En estos días, caminando por las calles de nuestros tres partidos, he escuchado y he visto en los rostros de la gente la preocupación por lo que nos está pasando. Lo he manifestado en la Misa de la Esperanza:

Ha crecido la pobreza en los hogares; ha aumentado la cantidad de niños, adolescentes y hasta jóvenes que necesitan comer; se han abierto nuevos comedores en los barrios; el trabajo está faltando; el dinero no alcanza; ha crecido el número de prestamistas inescrupulosos en los barrios; las pequeñas y medianas empresas están en serias dificultades. Más que nunca seguimos diciendo que es necesario unirnos en el reclamo de las tres “T”: techo, tierra y trabajo. De allí derivan los grandes problemas de la asistencia sanitaria, de la educación y de la violencia familiar. Sin un lugar digno para vivir y un trabajo digno, no hay salud y  no hay educación. A todo esto se suma el flagelo del narcotráfico y de la trata de personas. También nos preocupa la violencia de la represión por parte de fuerzas de seguridad en algunos barrios hacia adolescentes y jóvenes, y a gente que reclama pacíficamente.

Mirando al Niño Jesús, sin una casa, vienen a mi corazón el dolor de los hermanos de la Cooperativa de Cartoneros de Villa Itatí, que perdieron absolutamente todo con el incendio del galpón de reciclaje, las salas del apoyo escolar y de los talleres. El esfuerzo de tantos años y de cada día, en  un instante, reducidos a la nada. Pero puedo dar fe, que el incendio no quemó su esperanza y su fuerza de levantarse de las cenizas. ¡El Amor es más fuerte! Mirando en ellos el rostro de Jesús, desde la preocupación digámosle: te ayudamos. En una carta aparte, les propondré la forma concreta de hacerlo.

Argentina es una gran familia. Así lo valoramos y lo vivimos en Navidad. En una familia, si hay un privilegiado, es el más vulnerable y sufriente. Allí está Jesús.

Traigo a colación las palabras de la Comisión Permanente de los Obispos Argentinos: “Hacemos un llamado apremiante a los que tienen algún grado de decisión en la economía argentina, para que inviertan en fuentes de trabajos dignos y bien remunerados. Los cálculos mezquinos, la especulación financiera y la subordinación del bien común a intereses electorales, no responden a las expectativas y hacen mucho daño al país. Como pueblo necesitamos sentarnos a la mesa, disponernos para el diálogo responsable y permanente, y así fortalecer nuestra aún frágil convivencia ciudadana. Que nadie se sienta excluido de esta invitación, porque la hora de la patria reclama de todos gestos de grandeza” (Declaración “Jesús entra en nuestra casa para quedarse”.CEA. 13-14 de diciembre de 2016).

Hermanas y hermanos: Agradecidos por el Amor de Dios que brilla en Belén, y preocupándonos por su pobreza y fragilidad, les deseo de corazón:
¡FELIZ NAVIDAD! ¡FELIZ AÑO NUEVO!
 
Dios los bendiga

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes