HOMILIA DE LA MISA DEL 16º ANIVERSARIO DE LA PASCUA DEL P. O. JORGE NOVAK
 
Catedral de Quilmes, 8 de julio de 2017
 

Hermanas y hermanos:
 
Hoy vemos a Jesús rodeado de los pobres que lo seguían. Su corazón está explotando de alegría, y alaba al Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque se ha revelado a los humildes. Son los que reciben su palabra y lo siguen, caminando días y días sin comer, porque perciben que es el Ungido que ha sido enviado para evangelizar a los pobres.
 
Al inicio de este capítulo 11 de San Mateo, vemos que muchos estaban desconcertados. El mismo Juan el Bautista envía a dos discípulos para preguntarle: ¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro? Jesús les responde: “Vayan a contar a Juan lo que ustedes oyen y ven: los ciegos ven y los paralíticos caminan; los leprosos son purificados y los sordos oyen; los muertos resucitan y la Buena Noticia es anunciada a los pobres. ¡Y feliz aquel para quien yo no sea motivo de escándalo!
 
Luego de alabar al Padre porque se revela a los pequeños, contemplando a aquellos seguidores suyos les dice: Vengan a mí. Siempre Él primereando… Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré…
 
Dejando que este evangelio de hoy caiga a nuestro corazón sediento de su Palabra, hambriento de su Amor, enseguida aflora en los que estamos acá la persona de nuestro querido Padre Obispo Jorge Novak.
 
En este mismo lugar, hace ya 40 años, al presentarse a su pueblo, proclamó aquel grito de Pablo: ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio! Toda su misión tuvo por eje el Anuncio del Evangelio. Esa Palabra de Dios fue configurando a este “servidor de Dios y de su pueblo”.
 
Al modo de Jesús, fue haciéndose uno con el Padre Dios, buscando hacer su voluntad, y así hacerse uno con su pueblo, cargando el mismo yugo de Jesús, aprendiendo de él. En Jesús encontraba alivio. Invocando sobre su vida y ministerio al Espíritu Santo, como lo dice su lema episcopal, “¡Ven Espíritu Santo!”, fue gustando el amor misericordioso del Padre, y se entregó al servicio de los hermanos sin medida, con todas sus capacidades espirituales, intelectuales, y qué decir, con todas sus fuerzas físicas, disminuidas y limitadas por su tenaz enfermedad, pero que no le impidió pastorear a su rebaño con empeño, con paciencia y con grandeza de corazón.
 
A cuarenta años de la creación de nuestra diócesis, en el marco de este trienio de celebración, nos hemos propuesto RENOVAR EL SERVICIO. En el Padre Obispo Jorge vemos al hombre consagrado al servicio de Dios y de su pueblo. Quiso gestar entre nosotros y con nosotros una Iglesia servidora. Hoy así lo reconocemos, y decimos:
 
Padre Obispo Jorge Novak, servidor de Dios y de su pueblo.
 
La Palabra de Dios era su alimento y su guía. A poco de iniciar su ministerio en Quilmes, el 25 de mayo de 1980, convocó al Primer Sínodo Diocesano. Porque, como él mismo lo dijo: “fue convocado como asamblea de una diócesis que tiene conciencia de ser “Iglesia de la Palabra”. En ese Sínodo se delinearon las grandes líneas pastorales, donde tuvo un lugar destacado la opción preferencial por los pobres en la misión evangelizadora. Fue un fiel servidor de la Palabra de Dios.
 
Al recordarlo decimos: Padre Obispo Jorge Novak, servidor de Dios y de su pueblo.
 
A poco de andar visitando las parroquias y capillas de los tres partidos de la Diócesis, enseguida vio la necesidad de servidores en las comunidades. Pocos eran los sacerdotes, también los seminaristas. ¿Qué podía hacer?
 
Viene bien decir aquí, que uno de los obispos consagrantes del Padre Obispo fue Mons. Jorge Kemerer SDV, obispo de Posadas, amigo y compañero de Congregación. Este obispo fue quien en el aula del Concilio Vaticano II presentó a los padres conciliares la necesidad de rescatar la misión del diaconado permanente en la Iglesia, por siglos y siglos olvidado.
 
Por eso creó la escuela de ministerios, o sea, de servidores. Se encargo de contagiar a todos los sacerdotes, consagradas y consagrados, a invitar a los laicos para esos compromisos. Se fueron formando así los primeros diáconos permanentes, verdadera riqueza de nuestra Iglesia diocesana. Animadores de las comunidades y servidores de los más pobres, sufrientes y olvidados. La persona y misión del Padre Obispo es modelo para ellos en su amor por la Palabra de Dios y en su entrega a los más necesitados.
 
Por ello, recordándolo decimos: Padre obispo Jorge Novak, servidor de Dios y de su pueblo
 
Al iniciar la celebración, los organizadores de esta liturgia, a quienes agradecemos de corazón, nos han ilustrado magníficamente acerca de los cuatro cauces pastorales, que el mismo Padre Obispo quiso dejar plasmado, no sólo en documentos escritos, sino en la vida misma de nuestras comunidades. Agradecezco a quienes nos han dado su testimonio al inicio de la celebración. En esos cuatro cauces, el desarrolló su servicio entre nosotros.
 
Por eso lo reconocemos como: Amigo de Dios y de los pobres, misionero incansable, defensor de los derechos humanos y servidor de la unidad de los cristianos.
 
Y juntos decimos: Padre Obispo Jorge Novak: servidor de Dios y de su pueblo
 
A dieciséis años de su pascua, su presencia se agiganta entre nosotros. Su recuerdo nos anima y su enseñanza nos alecciona, nos despierta al servicio de Dios y de su pueblo.
 
Al convocarlos a esta Misa, les recordaba palabras del Padre Obispo Novak en la homilía de la Misa al celebrarse los 20 años de creación de la Diócesis: “En mi ordenación episcopal, el consagrante principal me formuló esta pregunta: ¿Quieres mostrarte afable y bondadoso, en el nombre del Señor, con los pobres, con los que no tienen casa y con los necesitados? Contesté: Sí, quiero. No podía imaginar en ese momento los alcances de la pregunta y de mi respuesta. El propósito era sincero, pero lo que me demandaría el Ministerio en ese campo sólo se develaría paso a paso”. Todos, quien más quien menos, conoce el modo cómo el Padre Obispo encarnó ese compromiso; se entregó al servicio de todos, especialmente de los más pobres. De veras sirvió a Dios en los humildes, y esa actitud sincera y esos gestos generosos lo convirtieron en un humilde servidor de Dios y de su pueblo.
 
El mes pasado, un pastor de nuestro tiempo, el Papa Francisco, nos ha enviado un Mensaje convocándonos a la I Jornada Mundial de los pobres, con el lema: “No amemos de palabra sino con obras”. Al terminar el Año de la Misericordia, ya lo había anunciado, “para que en todo el mundo las comunidades cristianas se conviertan cada día más y mejor en signo concreto del amor de Cristo por los últimos y los más necesitados”
 
El Obispo de Roma, que conoce bien los problemas del mundo, y obviamente de la Argentina, dice en su carta: “Hoy en día, desafortunadamente, mientras emerge cada vez más la riqueza acompañada de la ilegalidad y la explotación ofensiva de la dignidad humana, escandaliza la propagación de la pobreza en grandes sectores de la sociedad entera. Ante este escenario, no se puede permanecer inactivos, ni tampoco resignados. A la pobreza que inhibe el espíritu de iniciativa de muchos jóvenes, impidiéndoles encontrar un trabajo; a la pobreza que adormece el sentido de responsabilidad e induce a preferir la delegación y la búsqueda de favoritismos; a la pobreza que envenena las fuentes de la participación y reduce los espacios de la profesionalidad, humillando de este modo el mérito de quien trabaja y produce; a todo esto se debe responder con una nueva visión de la vida y de la sociedad”
 
También quien les habla, responsable pastoral de esta diócesis querida, compuesta por estos populosos tres partidos de Quilmes, Florencio Varela y Berazategui, puedo decir que preocupa la situación en nuestra sociedad, en nuestros barrios. Ha aumentado la pobreza y el desempleo. La desocupación crece, el trabajo informal y la changa van siendo cada vez más escasas. Los comedores reciben a más chicos y adultos en este último tiempo. Yo he estado compartiendo con ellos en algunos barrios. En algunas zonas de la diócesis es más grave. Surgen nuevas copas de leche y hay nuevos comedores comunitarios. Los ofrecimientos desde el área estatal no alcanzan y algunos planes demoran.
 
No desconozco los esfuerzos que los gobiernos hacen para enfrentar los problemas sociales y económicos, cada uno en su nivel. Se han logrado cosas, pero duele ver que las consecuencias de algunas medidas las sufren los que nada tienen, o los que esforzadamente intentan llegar a fin de mes con magros sueldos o jornales, que siempre son ganados por la inflación. Más duele cuando los que sufren son los niños y los ancianos.
 
Los obispos responsables de Pastoral Social, han dicho en estos días: “Cuando hablamos de pobreza también tenemos que hablar de riqueza, una riqueza muy mal distribuida. Se observa pobreza en más gente, mientras que la riqueza se concentra en pocas manos… Para organizar la sociedad tenemos que definir qué vamos a poner en el centro” (Mons. Lozano. 24/06/17).
 
Siguiendo la enseñanza del Evangelio, que la Iglesia proclama, tenemos que decir que en el centro debe estar la persona, particularmente la persona del pobre, en quien servimos a Cristo. Eso significa darles protagonismo y participación, no sólo asistencialismo, para que nuestra democracia tan querida y que tanto nos ha costado, no sea algo formal, sino que sea verdaderamente el modo de gobierno que nos represente a todo el pueblo. De lo contrario, seguiremos asistiendo al endurecimiento de un sistema que sigue fabricando pobres y excluidos.
 
Sabemos que no es un momento fácil para quienes tienen la responsabilidad de las dirigencias. Bien lo sé. Pero si no tenemos en cuenta esa centralidad, la centralidad del pobre, nunca será realidad la Cultura del Encuentro que muchos queremos construir. Como sabemos bien, así lo recuerda el Papa, que debemos luchar para que el dios Dinero no ocupe el centro de la sociedad, pero que tantas formas seductoras tiene para atraparnos.
 
En esta Eucaristía, donde Jesús se nos revela como el Servidor que da la Vida por su pueblo, rezamos por el eterno descanso de nuestro querido Padre Obispo Jorge. A la vez, damos gracias por su ministerio episcopal entre nosotros. Era él un fiel devoto de la Virgen de Luján, a a la que repetidas veces le ofreció su vida. Que ella, humilde servidora del Señor, nos ayude a ser también sencillos servidores de Dios y de su pueblo.

 
+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes