MENSAJE POR EL DÍA DE LA VIDA CONSAGRADA - 08/09/2017

 

Villa Cura Brochero, 06 de septiembre de 2017

“Les he lavado los pies… Hagan ustedes lo mismo…” (Jn 13,14-15)

Hermanas y hermanos:

Hoy celebramos el “Día de la Vida Consagrada”. En Quilmes estamos viviendo el tercer año del trienio por los 40 años  de nuestra diócesis, año donde nos hemos propuesto “Renovar el servicio”. 

Hoy no puedo estar con ustedes físicamente pero quiero saludarles y agradecerles el don que ustedes son para esta porción de Iglesia que Dios me confió pastorear. Gracias por el servicio tantas veces silencioso que realizan, haciendo visible el Amor del Padre por cada hermano. Muchos rostros de ustedes me vienen a mi corazón, sobre todo la ofrenda de tantos que lo han dado todo y ahora viven la etapa de la ancianidad, de la enfermedad, etapa tan valiosa como aquella del servicio activo.

Pensando en animarnos a renovar nuestro servicio, ya nuestro primer pastor el Padre Obispo Jorge nos decía: “Sin el Espíritu Santo, nuestro servicio a los pobres no pasaría de ser una acción humana muy limitada. Hasta podríamos caer en el peligro del fariseísmo, de la simulación o de la vanidad. Cuando nos anima el Espíritu de Cristo, la `opción preferencial por los pobres´ entraña un servicio tan solidario que llega hasta el martirio, en caso necesario”. (Carta pastoral sobre nuestra opción preferencial por los pobres, 25/06/1986)

Este es el camino  que tantos consagradas y consagrados asumieron desde los inicios, junto a su pastor, la opción por los pobres, entregando la vida y estando junto a ellos en todo momento. ¡Gracias por ese testimonio!

También quiero hacerles presente las palabras del Papa Francisco en su homilía por la XXI Jornada Mundial de la Vida Consagrada: “… Acompañemos a Jesús en el encuentro con su pueblo, a estar en medio de su pueblo, no en el lamento o en la ansiedad de quien se olvidó de profetizar porque no se hace cargo de los sueños de sus mayores, sino en la alabanza y la serenidad; no en la agitación sino en la paciencia de quien confía en el Espíritu, Señor de los sueños y de la profecía. Y así compartamos lo que no nos pertenece: el canto que nace de la esperanza”.

Pidamos al Espíritu Santo, nos ilumine a encontrar en nuestros hermanos el rostro de Jesús que nos llama a servirlo con radicalidad. Este domingo 10 de septiembre peregrinaremos a Lujan con el lema: “Yo soy la servidora del Señor”, confiemos a María, modelo de consagración virginal, de servidora silenciosa, de fidelidad, nuestro amor consagrado a Dios, la riqueza de nuestros carismas, en favor de las comunidades en las que estamos insertos.

¡Feliz día de la Vida Consagrada!. La Virgen de Lujan, nuestra Madre,  los acompañe y cuide de sus vidas.

Desde Villa Cura Brochero, Córdoba, donde se realiza el VIII° Encuentro Nacional de Sacerdotes, mi saludo y bendición.

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes