HOMILIA EN LA MISA DE LOS EDUCADORES

 

14 de septiembre de 2017

Hermanas y hermanos:

Estamos reunidos en la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, patrona secundaria de nuestra Diócesis. Así fue propuesta por el Padre Obispo Jorge Novak, puesto que la diócesis tiene su sede donde estuvo enclavada la “Reducción de los Indios Quilmes de la Exaltación de la Santa Cruz”.

Esta celebración litúrgica se origina con el hallazgo que Santa Elena, la madre de Constantino, hizo de la Cruz de Cristo, allá por el año 320, en Jerusalén.

Hoy, el Papa Francisco ha puesto en su twitter: “En la Cruz renace siempre nuestra esperanza. Es una esperanza diferente de las del mundo, porque nace del amor de Jesús”.

¿Qué tiene la Cruz de Cristo que ante ella nadie permanece indiferente? ¿Qué misterio y qué sabiduría es ésa que se manifiesta y se esconde, tras un signo tan sencillo?

La Cruz es acontecimiento salvífico y signo de amor

La Cruz de Cristo es, mucho antes que un símbolo, un acontecimiento. En realidad, deberíamos decir que en la Crucifixión tiene lugar, al mismo tiempo, un doble acontecimiento: En el orden natural, la injusticia de los hombres conduce a Cristo a la Cruz; mientras que en el orden sobrenatural, es Cristo mismo quien se entrega a la Cruz para hacernos “justos.

La cruz es, simultáneamente, la consecuencia del pecado y su remedio.

Es el gran acontecimiento salvífico: Dios Padre nos ama y nos ha abrazado a todos en la Cruz y en la Resurrección de su Hijo. La Cruz de Cristo es, en consecuencia, la prueba y el signo del amor de Dios.

La cruz “marca” toda nuestra vida

Es cierto que la Cruz es, en cierto sentido, una especie de “ley de vida”. Forma parte de nuestra naturaleza limitada y contingente, que en la actual situación, es inseparable del sufrimiento.

Lo propio y lo específico del cristianismo es el estilo y la manera de aceptar y vivir esta realidad inexorable: La fe nos permite superar el miedo a la Cruz, en la confianza de que las cruces de la vida están pesadas en la balanza del amor.

En esta celebración de los Educadores de la Diócesis, qué mejor que recordar a una gran maestra de vida cristiana, Santa Teresa de Jesús; ella se atrevía a afirmar: "Quien amare mucho a Dios, verá que puede padecer mucho por Él; el que amare poco, poco. Tengo yo para mí que la medida del poder llevar gran cruz o pequeña es la del amor” (Camino de Perfección 32,7).

La Cruz es misterio fecundo

La Cruz es fruto del amor solidario de Cristo. De aquí sacamos la consecuencia de que la fe cristiana no nos ha de llevar a la pasividad: No podemos caer en la tentación de cruzar nuestros brazos, quienes somos seguidores de Aquel que murió con los brazos abiertos.

La fecundidad no está en la eficacia de nuestras obras, sino en la unión de nuestra pequeñez e impotencia al misterio de la Cruz de Cristo. Así por ejemplo, el cardenal vietnamita Van Thuan escribía sobre la experiencia de sus largos años vividos en prisión, en los que tuvo la tentación de pensar que se estaban desperdiciando los mejores años de su vida: “”Viendo la inutilidad "práctica" de mi vida, pensaba en Jesús en la Cruz: también Él estaba inmovilizado y no podía hacer lo que hizo en su vida pública... y, sin embargo, desde allí hizo lo más grande, redimirnos a los pecadores”.

Desde aquí es que entendemos la sabia expresión del Papa Francisco en su twitter de hoy: “En la Cruz renace siempre nuestra esperanza”.

Por todo lo dicho, los cristianos exaltamos la Santa Cruz. Honramos y ensalzamos la Cruz de Cristo y, más aún, estamos “exultantes” de gozo por el misterio que en ella se ha revelado: el AMOR.

El Divino Maestro nos ha dado la gran lección de amor desde su Cruz.

En esta Misa estamos dando gracias a Dios por la vocación docente. También queremos agradecer la vida entregada de tantas personas en el servicio educativo. Destacaremos la trayectoria y el desempeño de algunos que han sido elegidos por sus propias comunidades escolares.

La Diócesis de Quilmes, por medio de la JURECQ, ha instaurado el Premio NOVAK, en memoria de quien ha sido el gran impulsor de la vida educativa en esta Iglesia particular, además de haber sido él mismo un eminente docente y fiel testigo del amor de Cristo, el Divino Maestro.

La Virgen Inmaculada, patrona de la Diócesis, Ella que es Trono de la Sabiduría, que a los pies de la Cruz de Cristo nos enseñó el camino de la fidelidad, nos acompañe siempre y nos ayude a ser fieles discípulos misioneros de Jesús.