HOMILIA DE LOS 41° ANIVERSARIOS DE LA DIÓCESIS

 Buenas tardes queridos hermanos y hermanas:

Estamos celebrando estos 41 años de vida diocesana. Quizás algunos aquí fueron testigos de aquel momento, cuando fue ordenado nuestro primer pastor.  "¡Ay de mí si no predico el evangelio!" (1 Co 9:16) fue su palabra en aquel día hace 41 años, y su vida fue un desgastarse en esa predicación del evangelio. Su pasión evangelizadora como buen misionero la fue plasmando a lo largo de su vida, con su palabra, con su actividad incansable, con su sufrimiento y padecimiento de la enfermedad. Por sobre todo, con su gran amor paternal capaz de acoger a todos, desde el más pequeño hasta el más encumbrado.

La figura del Padre Obispo Jorge Novak y la diócesis de Quilmes están íntimamente ligadas, no se puede pensar una sin la otra. Nos ha contagiado su santidad, nos ha despertado las ganas de ser santos. Un santo de nuestros tiempos, un santo como el Cura Brochero; una imagen de pastor que da la vida por los demás, en los momentos comunes como en los momentos difíciles y desafiantes. 

Su paternidad la han experimentado tantos, y podemos decir, que aun gozamos de su presencia amorosa que desde el cielo, nos cuida y pastorea como imagen de ese Cristo, Buen Pastor, en quien cada uno de nosotros ha fijado su mirada: “El Señor es mi pastor nada me puede faltar” (Sal 22). Lo puede decir cualquier persona de esta zona del sur de Buenos Aires, que se sienten cobijados por ese Jesús predicado, por ese Padre Obispo. Pero también por los demás obispos, por los sacerdotes, religiosos y religiosas, laicos; hombres y mujeres que han gastado su vida siguiendo las huellas de Jesucristo.

No nos cabe ninguna duda que si el Padre Obispo Novak indicaba a quien seguir, ese era a Jesucristo. Un hombre enamorado de la Palabra de Dios, que mamaba cada día como un niño en brazos de su madre. Los testigos nos cuentan sus largas horas de la meditación de la Palabra de Dios. Era su nutriente, era su vida hasta el último momento de su existencia. Modelo para cada uno de nosotros también, que a veces estamos aturdidos de tantas palabras y enseñanzas, y opacamos la viva enseñanza del Maestro Jesucristo.

Un servidor incansable del hermano, del prójimo; un hombre convencido que en cada ser humano, sin distinción, servía a Jesús. Le llevó hasta las lágrimas vivir ese servicio al prójimo. Hoy también, ese Espíritu Santo que modeló al alma de ese Pastor, sigue modelando el alma de tantas hermanas y hermanos de esta Iglesia particular. Los ejemplos de estos grandes hombres y mujeres nos entusiasman y nos animan, pero el que da la vida es el Espíritu de Dios.

El Espíritu Santo que cada uno de nosotros invoca, como fue invocado desde el día de nuestro bautismo y nos hizo nuevas creaturas, nos sigue modelando como madre, padre, hijo, como sacerdotes, nos sigue modelando a imagen de Jesús. Ese Espíritu Santo, de quien también nuestro Padre Obispo Jorge era tan devoto, es él que constantemente va haciendo esta iglesia diocesana. Iglesia que nace del costado abierto de Jesús cuando celebramos en cada Eucaristía, pero que también se va haciendo fuerte y madura en la caridad.

Pidamos en esta Eucaristía que podamos ser testigos de ese Jesús que da la vida, de ese Jesús servidor. Que la Virgen María, nuestra patrona, la Inmaculada Concepción, nos ayude a predicar a tiempo y a destiempo el Evangelio de Jesucristo, porque el hombre y la mujer de este tiempo tienen hambre del Dios verdadero.