logo obispo ctissera05HOMILIA DE LA XXII MISA DE LA ESPERANZA
Cruce Varela – 25 de noviembre de 2017

Hermanas y hermanos:

“Cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”. Éstos son los discípulos de Jesús: los humildes. Pero además de ser pequeños y humildes, padecen grandes necesidades. Vemos en este Evangelio cómo Jesús se solidariza con los necesitados hasta el punto de que se considera como hecho a Él mismo todo lo que se haga a quienes se encuentran en esas situaciones. En cada uno de estos “más pequeños” está presente Cristo mismo. Su carne se hace de nuevo visible como cuerpo martirizado, llagado, flagelado, desnutrido, desnudo, en fuga… para que nosotros lo reconozcamos, lo toquemos y lo asistamos con cuidado. Recordamos las palabras de San Juan de la Cruz: “En el ocaso de nuestras vidas, seremos juzgados en el amor” (Palabras de luz y de amor, 57)
 
Qué precioso evangelio para que ilumine esta Misa de la Esperanza que celebramos en consonancia con la I Jornada Mundial de los pobres.
 
El Papa Francisco, hace un año, al culminar el Año Santo de la Misericordia, intuyó que un signo del mismo sería que toda la Iglesia celebrara una Jornada Mundial de los pobres. Tiempo después la instituyó, para celebrarla el domingo antes de Cristo Rey, y escribió un Mensaje con el lema: “No amemos de palabra sino con obras” (1 Jn. 3, 18). El amor es el mandamiento del cristiano. “El que quiere amar como Jesús amó, ha de hacer suyo su ejemplo; especialmente cuando se trata de amar a los pobres”
 
¿Por qué una Jornada de los pobres? El Papa quiere que los cristianos en primer lugar, y toda la sociedad, tomemos conciencia de la realidad de los pobres. La pobreza tiene dos dimensiones: pobreza como carencia y pobreza como don.
 
La pobreza es una carencia que hay que combatir; es la exclusión social, los problemas de la educación, el hacinamiento familiar, la marginalidad, la explotación, la falta de trabajo, todo eso que se tiende a invisibilizar porque los pobres incomodan e interpelan.
 
La otra dimensión es que la pobreza es un don. Los pobres nos enseñan; tenemos que aprender de ellos aquellos valores que la sociedad, la clase media, ha perdido: la solidaridad y la hospitalidad, entre otros valores.
 
Esta Misa de la Esperanza lleva por lema el que Francisco eligió para la I Jornada Mundial de los pobres: “No amemos de palabra sino con obras”.
 
Amar significa mirar al otro, contemplarlo, escuchar sus “gritos”, atender sus necesidades, vendar sus heridas, curarlas, cobijarlo con ternura, levantarlo, sostenerlo... Amar es hacerse prójimo.
 
Inmediatamente viene a nuestro corazón la parábola del Buen Samaritano. Gracias a la pregunta hecha a Jesús por aquel doctor de la ley: “¿y quién es mi prójimo?”, tenemos esa página dorada de la moral cristiana, y tan universal.
 
¿Quién es aquel al cual se debe amar como a sí mismo? Este hombre quiere una regla clara que le permita clasificar a los demás en “prójimo” y “no prójimo”, en aquellos que pueden convertirse en prójimos y en aquellos que no pueden hacerse prójimos.
 
En el camino de Jerusalén a Jericó el sacerdote y el levita se encuentran con un hombre moribundo, que los ladrones han asaltado, robado, apaleado y abandonado. Estaban muy apurados; estaban en otra. Pero el samaritano, aquel despreciado, aquel sobre quien nadie habría apostado nada, y que de todos modos también él tenía sus deberes y sus cosas por hacer, cuando vio al hombre herido, no pasó de largo como los otros dos, que estaban relacionados con el Templo, sino que «lo vio y se conmovió» (Lc.10,33). El samaritano se comporta con verdadera misericordia: venda las heridas de aquel hombre, lo lleva a un albergue, lo cuida personalmente, provee a su asistencia.
 
Todo esto nos enseña que la compasión, el amor, no es un sentimiento vago, sino significa cuidar al otro hasta pagar personalmente. Significa comprometerse cumpliendo todos los pasos necesarios para “acercarse” al otro hasta identificarse con él: «amaras a tu prójimo como a ti mismo». Este es el mandamiento del Señor.
 
Las heridas que provoca el sistema económico que tiene al centro al “dios dinero” y que en ocasiones actúa con la brutalidad de los ladrones de la parábola, han sido criminalmente desatendidas. En la sociedad globalizada, existe un estilo elegante de mirar para otro lado que se practica recurrentemente: bajo el ropaje de lo políticamente correcto o las modas ideológicas, se mira al que sufre sin tocarlo.
 
Los heridos están ahí, son una realidad. El desempleo es real, la violencia es real, la corrupción es real, el vaciamiento de las democracias es real.
 
Jesús nos enseña un camino. No clasificar a los demás para ver quién es el prójimo y quién no lo es. Tú puedes hacerte prójimo de quien se encuentra en la necesidad, y lo serás si en tu corazón tienes compasión, es decir, si tienes esa capacidad de sufrir con el otro. Tienes que hacerte samaritano. Y luego, también, ser como el hotelero al que el samaritano confía, al final de la parábola, a la persona que sufre. ¿Quién es este hotelero? Es la Iglesia, la comunidad cristiana, las personas solidarias, las organizaciones sociales, somos nosotros, son ustedes, a quienes el Señor Jesús, cada día, confía a quienes tienen aflicciones, en el cuerpo y en el espíritu, para que podamos seguir derramando sobre ellos, sin medida, toda su misericordia y la salvación. En eso radica la auténtica humanidad que resiste la deshumanización que se nos ofrece bajo la forma de indiferencia, hipocresía o intolerancia. (Cfr. Francisco en el III Encuentro Mundial de los Movimientos Populares)
 
Hace mucho que venimos escuchando estadísticas e índices de las más variados. Hace mucho que venimos escuchando quiénes son los supuestos culpables del empobrecimiento, pero ¿quién escucha a los pobres? Es necesario escucharlos. Oírlos con el corazón, y no verlos como una cifra en una planilla. La sociedad, y por ende los gobiernos, miramos a los pobres desde lejos. La deuda social es enorme. ¿Hay argentinos con muy buena voluntad para cambiar las cosas? Seguro que sí. Pero hay que cambiar el modo de ver al otro, entender sus necesidades concretas. No querer que el otro piense y sienta como yo. Hay que hacerse prójimo.
 
Muchas veces escuchamos decir o decimos: los argentinos somos solidarios. Dice Francisco: “La palabra «solidaridad» está un poco desgastada y a veces se la interpreta mal, pero es mucho más que algunos actos esporádicos de generosidad. Supone crear una nueva mentalidad que piense en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos” (EG 188).
 
“La solidaridad es una reacción espontánea de quien reconoce la función social de la propiedad y el destino universal de los bienes como realidades anteriores a la propiedad privada. La posesión privada de los bienes se justifica para cuidarlos y acrecentarlos de manera que sirvan mejor al bien común, por lo cual la solidaridad debe vivirse como la decisión de devolverle al pobre lo que le corresponde” (EG 189).
 
Muchas veces, últimamente en este Cruce Varela, el Siervo de Dios Padre Obispo Jorge Novak, hizo oir su voz a favor de los pobres. Le dolía ver tantas injusticias, se acercaba a consolar y a ayudar como podía a los más vulnerables. Su ejemplo nos alienta también hoy.
 
Nos preocupa ver la inseguridad laboral que viven nuestras familias de la diócesis; el cierre de muchísimos comercios; el ahogo económico que sufren por el aumento desmedido de los servicios, comparado con sus ingresos empobrecidos. Nos solidarizamos con el reclamo que desde hace años realizan los jubilados de Florencio Varela, pidiendo un nuevo centro de atención hospitalaria. Son 37 mil jubilados que cuentan con una sola clínica disponible. Nos duele cuando vemos que muchos de ellos no pueden acceder a los medicamentos. Ellos son los nuevos pobres de este siglo XXI.
 
Nos preocupa la presentación del proyecto de reforma previsional y del proyecto de ley de reforma laboral. Esperamos que se escuchen todas las voces, antes de promulgarlas. También nos ha causado preocupación el proyecto de reforma de la ley orgánica del Ministerio Público Fiscal de la Nación, en la que se elimina el Programa ATAJO que tantos beneficios ha traído a nuestros barrios más vulnerables, como a otros del Gran Buenos Aires y del Interior del país.
 
Sumado a todos estos problemas, el flagelo de la droga sigue haciendo estragos en nuestra población. Es un problema mundial, pero en los pueblos pobres, nos roba la dignidad y la vida de nuestros pibes. Es necesaria la presencia del Estado previniendo y protegiendo a las familias con programas de asistencia integral, de asesoramiento judicial, sostenibles en el tiempo, y no sólo limitarse a la intervención con las fuerzas de seguridad.
 
Por otro lado, es auspicioso ver que avanza el Registro Nacional de Barrios Populares en todo el país, que posibilita tener un certificado de vivienda familiar y así acceder a los servicios públicos.
 
Nuestra Esperanza está puesta en Dios. Por eso seguimos caminando. La fuerza del Evangelio nos anima, nos une, nos llena de vida, para vencer al mal a fuerza de bien. Es la esperanza que nos alienta a construir la Cultura del Encuentro, para hacer un camino en comunión, de la mano de la justicia, de la verdad y de la paz.
 
Nos llena de esperanza ver que hay tantas servidores y servidoras en nuestros barrios, capillas y parroquias; tantas personas sirviendo en comedores, merenderos, casas del niño, hogares; aquellos que visitan a los enfermos, a los presos; los que sirven en la educación informal y formal. A los que asisten en los centros de contención y recuperación de adictos. Los que sirven en la catequesis y en la misión. Es bello ver tantas manos entregadas al servicio de la comunidad.
 
Agradezco a la Vicaría de la Solidaridad, a todas sus áreas de servicio; a todos los colaboradores anónimos que generosamente sostienen los proyectos. ¡No nos dejemos robar la esperanza!
 
Hoy, en la ciudad de Córdoba, ha sido beatificada la Madre Catalina de María Rodríguez. Nació en 1823 y murió en 1896. Una cristiana comprometida con su pueblo. Esposa, madre y luego viuda, fundó la Congregación de las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús, para cobijar y educar a las mujeres más pobres, y difundir los Ejercicios Espirituales. Colaboró con el Santo Cura Brochero, en el Colegio de Niñas y en la Casa de Ejercicios. Fue una de sus amigas. Es una Flor de Esperanza de nuestra Argentina.
 
RENOVAR EL SERVICIO ha sido el lema que nos acompañó este año. Queremos dejar un signo. Es el REFUGIO “JORGE NOVAK, AMIGO DE LOS POBRES”, que Dios mediante será inaugurado antes de fin de año. Agradecemos la colaboración de todos, y rogamos al Padre Obispo nos ayude a ponerlo en funcionamiento.
 
Como nos dice la Palabra: “No amemos de palabra sino con obras”
 

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes