Palabras de Mons. Marcelo D. Colombo – Postulador

 11 diciembre de2017

Es muy emocionante para mí celebrar esta noche la Primera Sesión de la causa de beatificación y canonización del P. Obispo Jorge, un camino eclesial de reconocimiento público que ponga de manifiesto aquellas virtudes que hemos conocido y apreciado en el P. Obispo Jorge, un gran don que Dios regaló a la Iglesia argentina.

¡Podríamos decir tantas cosas! De la mano de nuestro Padre Obispo Jorge queremos profundizar en nuestra fe y seguir aprendiendo con él, la vida de Dios en nosotros. El horizonte de la misión lo acompañó a lo largo de toda su existencia. La vida como misión lo hizo venir a Quilmes en el año ´76, en uno de los periodos más sombríos de la historia argentina.

Ésta fue su cátedra, aquí pregunto como el autor sagrado ¿Dónde está tu hermano?; aquí vibró desolado ante determinadas situaciones para proclamar el valor supremo de la vida, la dignidad de los derechos del hombre, el valor eminente de la paz.  Lo hemos escuchado tantas veces y hemos podido seguir en él,  al buen pastor que Jesús quiso darnos.

Por eso este camino eclesial, el proceso canónico de beatificación y de canonización, es también para nosotros una gran posibilidad, una oportunidad pedagógica de crecer como iglesia, considerando los valores fundacionales que él supo imprimirle en nombre de Cristo: La misión, la opción por los pobres, los derechos humanos y la unidad de los cristianos; sabemos que en todos los casos lo hizo en la compresión de su servicio misionero.

Una iglesia nacida en esos años que rápidamente pudo ser dotada de distintas instituciones y organismos sea de evangelización, de formación y promoción de la unidad, nos hace ver en la frondosidad de sus iniciativas la compresión que lo asistía y que aparecía fuertemente vinculada a su propio lema episcopal, “Ven Espíritu Santo” .

Estamos entonces aquí para acompañar, cada uno desde nuestro lugar un proceso de reconocimiento público. Dios seguramente en un abrazo eterno ya lo tiene entre sus elegidos pero nos toca seguir disfrutando eclesialmente de esta posibilidad de visualizar ese don que ha sido Jorge Novak para la Iglesia de Quilmes y para la Iglesia de Argentina.

Nuestras posibilidades siempre dependen además de tantos otros pasos que hay que dar pero no dejemos de dar los nuestros.  Uno de los aspectos importantes es el de generar el conocimiento de su figura; nosotros hemos sido testigos de su vida pero queremos también trasladar a las próximas generaciones este conocimiento. La posibilidad como les digo de transmitir su ministerio, sus anécdotas, su servicio a la Iglesia en Argentina, también va a ayudar a que otros cristianos de otras latitudes puedan ver en ese ejemplo de pastor comprometido un signo de Dios para sus vidas. Se habla en estos casos de la fama de santidad. Comunicarla a otros para que lo conozcan y encuentren en él un modelo de vida cristiana es parte de nuestra tarea a partir de hoy.

Como les digo, estoy muy emocionado. Hace algunos días, en un retiro a la Conferencia Episcopal, Mons. Rovai, obispo emérito de Villa María, pensando en nuestra Conferencia Episcopal, en la Iglesia en Argentina destacó tres figuras señeras, significativas de obispos argentinos: Mons. Angelelli, Mons. Novak y  Mons. Pironio. Los presentó como tres testigos insignes de la causa de Cristo. En ellos hay una cantera de espiritualidad, una reserva de experiencia evangélica y de compromiso cristiano que nosotros no debemos soslayar ni reducir a una estampita o al frio mármol de la evocación. Estas figuras nos hablan del más acá de la historia sagrada donde Dios y el hombre comprometido fuertemente con el bien del Pueblo de Dios hacen camino. 

En esta evocación sencilla de esta tarde, me alegro con el P. Obispo Carlos de este paso tan importante y los invito a todos a rezar para que Dios vaya mostrándonos definitivamente aquellos signos que hacen de Jorge Novak, un don para la Iglesia argentina, un desafío y una oportunidad para nosotros de crecer en la fe.

                                                                              +Marcelo Daniel Colombo – Obispo de La Rioja