HOMILIA DE LA MISA DE ORDENACIONES DIACONALES
Catedral - viernes 8 de junio de 2018
SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS 

“Servidores de ustedes por amor de Jesús” (2 Cor. 4, 5)

Hermanas y hermanos:

En esta Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, como Iglesia de Quilmes, nos reunimos en torno al altar para glorificar a Dios y celebrar su amor que nos regala estos seis diáconos: Christian, Martín, Leonardo, Ezequiel, Jorge y Teótimo. “Servidores de ustedes por amor de Jesús” (2 Cor. 4, 5) como dice el texto de San Pablo que han elegido como lema de su ordenación.

Compartimos con ustedes la alegría que embarga el corazón de ustedes y de sus familias. Alegría que brota de un corazón que se siente amado por Dios, quien un día les dijo a cada uno: “Sígueme”. Por eso, hoy con ustedes queremos fijar la mirada en Jesús y contemplar su amor traspasado;“contemplarán al que ellos mismos traspasaron” nos ha proclamado el Evangelio de esta Misa.

Pablo VI, contemplando este misterio de amor decía: “En un mundo que va perdiendo poco a poco su capacidad de amar, que pierde su capacidad de conocer a Dios, convirtiendo al hombre en centro supremo de sus pensamientos y de su actividad; en un mundo que se diviniza a sí mismo, que apaga la luz de la verdad y hiere los motivos de honestidad y de alegría, proclamaremos la ley del amor que llega hasta lo sublime, del amor que asciende, del amor que, a su término, se atreve a prefigurar la bondad infinita. Responderemos a Dios ofreciendo nuestro corazón, consagrándonos, cumpliendo el primero y mayor mandamiento, que es amarlo con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente. Nuestra vida será un diálogo deslumbrante con este Dios que, después de habernos creado, rescatado y vinculado a su vida, nos dirige la pregunta decisiva que Cristo resucitado dirigió a Pedro: “Me amas” (Jn. 21, 15-17)” (Card. Montini. Fiesta del Sgdo. Corazón. Universidad Católica de Milán. 8/6/1956)

Por la imposición de las manos serán constituidos en predicadores del Evangelio. 

El mismo Pablo VI mencionaba, entre los obstáculos de la evangelización, la carencia de parresía: “La falta de fervor, tanto más grave cuanto que viene de adentro” (EN 80). Audacia, entusiasmo, hablar con libertad, fervor apostólico, todo eso se incluye en el vocablo parresía, palabra con la que la Biblia expresa también la libertad de una existencia que está abierta, porque se encuentra disponible para Dios y para los demás (Cfr. GE 133) “El Señor nos llama para navegar mar adentro y arrojar las redes en aguas profundas. Nos invita a gastar nuestras vidas en su servicio. Aferrados a Él nos animamos a poner todos nuestros carismas al servicio de los otros. Ojalá nos sintamos apremiados por su amor, y podamos decir con san Pablo: “¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!” (1 Cor. 9, 16). Cuánto valor simbólico tienen estas palabras del Apóstol, dichas en esta Catedral, pronunciadas por el Padre Obispo Jorge Novak en su primera homilía como Obispo de Quilmes.

Hoy, ustedes, son consagrados diáconos para la misión. 

Nos dice el Papa Francisco en su Exhortación Apostólica sobre el llamado a la santidad en el mundo actual, “Alégrense y regocíjense” (GE): “Miremos a Jesús: su compasión entrañable no era algo que los ensimismara. Era una compasión que lo movía a salir de sí con fuerza para anunciar, para enviar en misión, para enviar a sanar y a liberar. Reconozcamos nuestra fragilidad pero dejemos que Jesús la tome en sus manos y nos lance a la misión. Somos frágiles, pero portadores de un tesoro que nos hace grandes y que puede hacer más buenos y felices a quienes lo reciban. La audacia y el coraje apostólico son constitutivos de la misión” (GE 131)

Cuántas veces en el camino de la formación, cada uno ha sentido en lo profundo del alma esta Palabra: “Antes de formarte en el vientre, te elegí; antes de que salieras del seno materno, te consagré” (Jr. 1, 5) Es una palabra aplicable a cada creyente. Nos habla del amor primero de Dios a cada uno.

Ustedes se santificarán en el servicio del altar y de los pobres, como quien lava los pies. Por eso, nos dice Francisco en su Exhortación a la santidad:“Quien de verdad quiera dar gloria a Dios con su vida, quien realmente anhele santificarse para que su existencia glorifique al Santo, está llamado a obsesionarse, desgastarse y cansarse intentando vivir las obras de misericordia. Es lo que había comprendido muy bien santa Teresa de Calcuta: «Sí, tengo muchas debilidades humanas, muchas miserias humanas. […] Pero él baja y nos usa, a usted y a mí, para ser su amor y su compasión en el mundo, a pesar de nuestros pecados, a pesar de nuestras miserias y defectos. Él depende de nosotros para amar al mundo y demostrarle lo mucho que lo ama. Si nos ocupamos demasiado de nosotros mismos, no nos quedará tiempo para los demás»” (GE 107)

“La fuerza del testimonio de los santos está en vivir las bienaventuranzas y el protocolo del juicio final (tuve hambre… tuve sed… estuve desnudo...). Son pocas palabras, sencillas, pero prácticas y válidas para todos, porque el cristianismo es principalmente para ser practicado, y si es también objeto de reflexión, eso solo es válido cuando nos ayuda a vivir el Evangelio en la vida cotidiana. Recomiendo vivamente releer con frecuencia estos grandes textos bíblicos, recordarlos, orar con ellos, intentar hacerlos carne. Nos harán bien, nos harán genuinamente felices” (GE 109)

Hoy, hemos tenido la feliz noticia de la próxima beatificación de Mons. Angelelli, los Padres Murias y Longueville y el laico Wenceslao Pedernera, mártires riojanos. Corazones traspasados de amor por su pueblo; testigos del amor del Corazón de Jesús. Que su intercesión los ayude a vivir el lema elegido:“Servidores de ustedes por amor de Jesús”. María, fiel servidora del Señor, los acompañe con su ternura.


+ Carlos José Tissera
   Obispo de Quilmes