TE DEUM - 9 de julio de 2018   

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Hermanas y hermanos de otras confesiones cristianas y de otros credos
Autoridades Militares y Policiales
Representantes de las asociaciones intermedias
Instituciones del Partido de Quilmes
Abanderados, Docentes y alumnos
Personas de los Medios de prensa
Sr. Cura Párroco

Hermanas y hermanos:

El Evangelio de San Mateo que acabamos de escuchar nos presenta a Jesús iniciando el conocido Sermón de la montaña. Allí nos explica cuál es el estilo de vida que debe caracterizar al cristiano. La novedad que anuncia la Iglesia de Cristo. Comienza con las Bienaventuranzas: al decir “felices” indica el camino de la verdadera felicidad; no es tenerlo todo resuelto, ni mucho menos, sino que esa felicidad consiste en un estilo de vida que ya comienza a anticipar la felicidad del cielo. Las Bienaventuranzas son como “el carnet de identidad del cristiano. ¿Cómo se hace para llegar a ser un buen cristiano? La respuesta es sencilla: es necesario hacer, cada uno a su modo, lo que dice Jesús en el sermón de las bienaventuranzas. En ellas se dibuja el rostro del Maestro, que estamos llamados a transparentar en lo cotidiano de nuestras vidas” (GE 63)

“Aunque las palabras de Jesús puedan parecernos poéticas, sin embargo van muy a contracorriente con respecto a lo que es costumbre, a lo que se hace en la sociedad; y, si bien este mensaje de Jesús nos atrae, en realidad el mundo nos lleva hacia otro estilo de vida” (GE 65) Sólo el Espíritu Santo que nos invade con su potencia puede liberarnos de la debilidad del egoísmo, de la comodidad y del orgullo.

Jesús nos indica el camino; nos invita a vivir las Bienaventuranzas: ser pobres en el corazón; reaccionar con humilde mansedumbre; saber llorar con los demás; buscar la justicia con hambre y sed; mirar y actuar con misericordia; mantener el corazón limpio de todo lo que mancha el amor; sembrar paz a nuestro alrededor; aceptar cada día el camino del Evangelio aunque nos traiga problemas. Son ocho sendas que frecuentemente podemos transitar en nuestra existencia. Actitudes y formas de actuar que nos asemejan al Señor de nuestras vidas.

Estas enseñanzas, si bien están dirigidas a los cristianos, bien pueden ser propuestas libremente a toda persona de buena voluntad, como una riqueza que está en el patrimonio de la humanidad.

Estas enseñanzas de Jesucristo inspiraron la vida de tantas mujeres y hombres que forjaron nuestra Nación.

La fe no afecta sólo una parte de la vida, sino que toca toda la vida del creyente. A veces se pretende reservar la fe para el ámbito privado. Se quiere relegar a la religión al fuero de la conciencia y que no influya en la vida social y pública: la vida profesional, la economía, la medicina, la política, la educación. “La fe es una decisión que afecta toda la existencia” (Juan Pablo II. VE 88)

Así lo entendieron los congresales de Tucumán:

El Congreso de Tucumán comenzó el 24 de Marzo de 1816, y lo primero que hicieron los asambleístas fue dirigirse al Templo de San Francisco, donde asistieron a la Misa del Espíritu Santo, para implorar sus luces divinas y su auxilio. La oración patriótica estuvo a cargo del diputado por Catamarca el sacerdote Manuel Antonio Acevedo. Al día siguiente de la Declaración de la Independencia, los congresistas participaron de la Misa de acción de gracias, y el sermón lo tuvo el diputado por La Rioja, el sacerdote Pedro Ignacio de Castro Barros.

El tucumano Nicolás Avellaneda afirmó que los congresistas de Tucumán “fueron patriotas y religiosos, porque, a pesar de emanciparse del rey, tomaron todas las precauciones para no emanciparse de su Dios y de su culto”

Esta mañana no sólo venimos a cantar a Dios, alabándole y dándole gracias. Hoy venimos como CAMINANTES, o sea, como miembros de un pueblo que camina en la esperanza. A Don Atahualpa Yupanqui, le gustaba decir: “El hombre es tierra que anda”. En un verso dice: “Es mi destino / piedra y camino”.

Ayer hemos peregrinado a la Virgen de Luján, “para encontrar en su tierna mirada el calor de hogar, la serenidad del corazón, la luz de la sabiduría y la fortaleza necesaria para aportar lo mejor de nosotros mismos en este momento” Hemos marchado a Luján para “pedirle nos enseñe los caminos para aprender a respetar la vida, a cuidarla, a defenderla y a servirla” (Homilía de Mons. Ojea en Luján. 8 de julio de 2018)

Nos dice el Papa Francisco en su Carta sobre la Santidad: “La defensa del inocente que no ha nacido, por ejemplo, debe ser clara, firme y apasionada, porque allí está en juego la dignidad de la vida humana, siempre sagrada, y lo exige el amor a cada persona más allá de su desarrollo. Pero igualmente sagrada es la vida de los pobres que ya han nacido, que se debaten en la miseria, el abandono, la postergación, la trata de personas, la eutanasia encubierta en los enfermos y ancianos privados de atención, las nuevas formas de esclavitud, y en toda forma de descarte” (GE 101)

A esta altura del “camino”, a 202 años de aquel 9 de Julio en Tucumán, se presenta a nuestros ojos el inmenso mapa de nuestro país: sus regiones geográficas, sus provincias, su gente diversa, sus recursos y, como en otros momentos críticos de nuestra historia nos preguntamos:
¿Nuestras relaciones seguirán marcadas por la confrontación? ¿Una vez más nuestra vida social estará signada por la fragmentación y el enfrentamiento? ¿Seremos incapaces de fundamentar nuestros vínculos en un diálogo sincero y constructivo? ¿No hemos aprendido nada de nuestra historia?

Queremos recorrer juntos el camino de la construcción del bien común, ámbito necesario para el desarrollo de la dignidad de la persona humana, y fundamento de la equidad en el crecimiento de la sociedad.

La Iglesia nos recuerda que “El bien común no consiste en la simple suma de los bienes particulares, de cada sujeto del cuerpo social, y que la persona sola no puede encontrar realización en sí misma, prescindiendo de su ser “con” y “para” los demás. Por ello se hace necesario un amplio y sincero diálogo de toda la sociedad.

El diálogo es el gran instrumento de construcción y de consolidación de la democracia. Hermanas y hermanos:

La “oración por la Patria” que solemos rezar, en unas de sus frases dice:

Aquí estamos, Señor, cercanos a María, que desde Luján nos dice: ¡Argentina! ¡Canta y camina!

¡Canta y camina!

Esta es una expresión de San Agustín, en uno de sus sermones de Pascua: “Canta, como suelen cantar los peregrinos; canta, pero camina; consuela con tu canto tu trabajo, pero no ames la pereza: canta y camina. ¿Qué significa camina? Avanza, avanza en el bien; hay algunos que avanzan empeorando. Tú, si avanzas, caminas; pero avanza en el bien, en la recta fe, en las buenas obras: canta y camina. No te salgas del camino, no te vuelvas atrás, ni te quedes parado” (Sermón 256, 3).

La imagen de la Casa histórica de Tucumán nos compromete a hacer de este lugar en que vivimos una casa para todos, donde nadie esté excluido. Porque para nosotros la Patria es un regalo de Dios, un don de su amor que estamos llamados a cuidar y a desarrollar. La tierra donde nacimos es símbolo de los brazos de Dios que nos han acogido en este mundo, y el pueblo del que formamos parte es una trama que nos contiene, nos otorga una identidad y un sentido de pertenencia. (Cfr. “Bicentenario de la Independencia. Tiempo para el encuentro fraterno de los argentinos”. Cap. I, II y V. CEA. 2016)

Como habitantes de Quilmes, hoy queremos hacer memoria agradecida por la vida y el ministerio de nuestro primer pastor: el Padre Obispo Jorge Novak, a 17 años de su pascua. Su ejemplo de consagrado y de ciudadano nos ayude a construir cada día una verdadera patria de hermanos.

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes