HOMILÍA DE LA 40ª PEREGRINACIÓN A LUJÁN - 9 de septiembre de 2018
 
Hermanas y hermanos:

¡Qué alegría estar acá todos juntos atraídos por el amor de la Virgen de Luján! Signo patente del amor de Dios a su pueblo. ¡Gracias por venir! Esta es la Peregrinación número 40. A poco de nacer la Diócesis, el Padre Obispo Jorge Novak quiso que cada año toda la diócesis acudiera a este Santuario a celebrar la vida junto a la Virgencita. Hoy como ayer, venimos sintiéndonos un pueblo que cree, un pueblo que camina tras una estrella, un pueblo que camina con el agobio de la pobreza y la desilusión, un pueblo que a pesar de todo, camina con la esperanza puesta en las promesas de Dios, que nunca abandona. Lo hemos rezado en el Salmo: “El mantiene su fidelidad para siempre, hace justicia a los oprimidos y da pan a los hambrientos. El Señor libera a los cautivos, abre los ojos de los ciegos y endereza a los que están encorvados. El Señor protege a los extranjeros y sustenta al huérfano y a la viuda”(Sal. 145)
 
“Somos un pueblo que camina”

El Evangelio de San Marcos nos presenta a Jesús curando a un sordomudo. Los que se lo llevaron le piden a Jesús que le imponga las manos. Pero Jesús quiere hacerle sentir su cercanía: mete sus dedos en las orejas del hombre, le moja la lengua con su saliva. Y mirando al cielo, suspira y le grita: Ábrete.

Este hombre vivía el terrible drama del aislamiento y la soledad. Estaba incomunicado. Qué alegría tuvo al ver que podía hablar normalmente. Y todos proclamaban: “Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos”.

En la actualidad parece que estamos muy comunicados. Casi todos tenemos al menos un celular. Pero eso no impide que una soledad difusa y triste se vaya apoderando de muchísima gente. Insensiblemente nos vamos aislando. Y no es que no tengamos contacto con la gente. Lo que pasa que esa soledad puede ser una enfermedad del corazón. Hay muchos que, aún viviendo con otros, rodeado de gente, diga: “A nadie le importo”; “nadie se interesa por mi”; “no creo en nadie”; “déjenme solo. No quiero saber nada de nadie”. Estamos como sordomudos.

Para superar eso, necesitamos abrirnos. Sentirnos parte de una familia, de una sociedad, parte de un pueblo. Son mis raíces profundas de vida. Tengo que dejarme tocar por el dedo de Jesús, y estar atento a su grito: ABRETE.

Es Jesús que camina con su pueblo y se acerca como uno más; un compañero de camino. A él le dejamos que nos hable al corazón, nos ayude a salir de nuestra clausura, de nuestro aislamiento, y podamos escuchar lo que nos dice. Y su Palabra es una luz que brilla en la tiniebla de nuestra soledad, y entonces empezamos a encontrar un sentido a la vida; una razón para vivir; una fuerza nueva para seguir caminando. Con Él, hermanas y hermanos:
 
“Somos un pueblo que camina”

Jesús nos abre los oídos y desata nuestra lengua para escuchar su voz y a los hermanos. Para estar atentos a su voluntad y para oír el clamor de nuestra gente, de los que caminan con nosotros. Por eso, el padre obispo mártir y próximo beato, Mons. Angelelli, repetía: “Con un oído en el pueblo y con el otro en el Evangelio”.

La carta de Santiago que hoy escuchamos, nos habla del sufrimiento y de la humillación del pobre. Nos invita a desterrar de nosotros, de nuestras comunidades, la exclusión y el desprecio. Son los más pobres los que deben tener el lugar de privilegio, porque en ellos vive Jesús.

Este año venimos a Luján para que la Virgen nos enseñe a escuchar a Dios y a los hermanos que caminan con nosotros. Hay mucho dolor en los corazones, causados por la pobreza creciente y la desprotección; desilusión por las promesas incumplidas y por la indiferencia de muchos. Hoy mucho enojo y descontento, desencanto y dolor por el menosprecio. La riqueza se concentra en pocas manos y la mesa de la mayoría de los argentinos se vacía, destruyéndose las fuentes de trabajo, pilar de un verdadero desarrollo. “No es posible morirse de hambre en la patria bendita del pan” (X° Congreso Eucarístico. 2004). Es una injusticia y una flagrante irresponsabilidad en la distribución de los recursos. Esos hombres y mujeres que han sabido expresar en sus cantos populares la vida real de la argentina profunda, señalan el dolor que causa la injusticia en la sencilla gente que lucha cada día, y se desangra tras lo inhumano de un jornal. Vayamos a unas estrofas de gran poeta del alma argentina, Don Atahualpa Yupanqui:
 
Mi zamba no canta dichas,
solo pesares tiene el paisano.
Con las hilachitas de una esperanza
forman sus sueños los tucumanos.

Conozco la triste pena
de las ausencias y del mal pago.
En mi noche larga prenden sus fuegos
los tucu-tucus del desengaño.

Solcito del camino,
lunita de mis pagos.
En la pobrecita zamba del surco,
cantan sus penas los tucumanos…

Desde Luján y desde Quilmes decimos:
 
“Somos un pueblo que camina”

Y junto a María le decimos a Jesús: “¡Quedate con nosotros, Jesús, que da miedo tanta oscuridad! ¡No es posible morirse de hambre, en la Patria bendita del pan!” 

La Colecta anual Más por Menos que hoy se realiza en todo el país, es un gesto concreto para compartir con las personas que viven en la regiones más pobres del la Argentina.

La escena del evangelio de hoy, Jesús curando al sordomudo, nos hace acordar del querido Negro Manuel. Cuentan las crónicas que él cuidaba de la Virgen y mantenía una vela encendida delante de la sagrada imagen. Cada vez que un enfermo venía a visitar a la Virgen, este fiel esclavo le pasaba cebo de las velas en el cuerpo del enfermo, y muchos era milagrosamente sanados. Esa cercanía de Jesús a los que sufren, es la que tenía el Negro Manuel. También nosotros hagámonos cercanos a toda persona que sufre en su cuerpo o en su espíritu, y unjámosla con el aceite de la ternura y del buen trato; de la escucha y de la comprensión; que compartamos el tiempo y las cosas; gratis lo recibimos; gratis lo damos.

La Virgen de Luján escuche nuestros ruegos por los enfermos y por todos los que sufren. Que ella como Madre, nos enseñe los caminos de la justicia y de la paz. Que nos enseñe a escuchar la Palabra de Dios; nos ayude a tener abierto el corazón a su voluntad y bien atento nuestro oído a los gemidos de nuestro pueblo, para servir mejor a los hermanos, particularmente a los más alejados, olvidados y sufrientes.
 
“Somos un pueblo que camina”
 
Quisimos tener este lema, porque ya hemos anunciado la realización del Tercer Sínodo Diocesano, que tendrá por tema: la Evangelización.
Sínodo es una palabra que significa: “caminar juntos”. Es el camino que recorren juntos los miembros del Pueblo de Dios. Todos los miembros de la Iglesia diocesana de Quilmes queremos buscar el modo mejor de anunciar la Buena Noticia de Jesús en esos tiempos. Es una espacio de escucha, donde todos sin excepción podrán expresarse, y entre todos nos escucharemos, para que con la luz del Espíritu, podamos interpretar la realidad con los ojos y el corazón de Dios, y juntos discernir las decisiones a tomar comunitariamente. De esa manera podremos renovar realmente nuestra pastoral y adecuarla a la misión de la Iglesia en el mundo actual.

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes