logo obispo ctissera05SALUDO DEL OBISPO CARLOS TISSERA A LOS DOCENTES - 2018

 

“El sembrador salió a sembrar” (Mt 13, 3)

De esta manera comienza Jesús la parábola del sembrador, y es desde este relato que deseo dejarles mi saludo en este mes tan especial donde celebramos a los educadores, a ustedes. Desde quienes acompañan a los más pequeños, los favoritos del Señor, hasta los que lo hacen con los adultos que transitan por nuestros institutos terciarios, son para nosotros una bendición del Señor. Algunos estarán iniciando su camino educativo, soñando y proyectando el desafío docente; otros estarán haciendo un balance de todo lo entregado y recibido. Pero todos con un mismo punto en común: la vocación de educar.

El evangelista Mateo al inicio del capítulo 13 nos regala un escenario con cuatro protagonistas: el sembrador, la semilla, el suelo y el fruto. Pero solo el comienzo ya nos dice mucho. Me atrevo a proponerles un paralelismo con el Evangelio y la tarea educativa: “El sembrador/educador salió a sembrar/educar”.

El sembrador/educador

En el mensaje para la 55º Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, el Papa Francisco nos decía que “si permanecemos encerrados en nosotros mismos, en nuestras costumbres y en la apatía de quien desperdicia su vida en el círculo restringido del propio yo, no podremos descubrir la llamada especial y personal que Dios ha pensado para nosotros, perderemos la oportunidad de soñar a lo grande y de convertirnos en protagonistas de la historia única y original que Dios quiere escribir con nosotros”. Existe algo en quienes viven la vocación educativa que es imposible ocultar: es realmente un protagonista en el escenario social. Hoy donde las instituciones están en una búsqueda de resignificación y de revaloración, no queda eximida la escuela. Allí los educadores son quienes le dan la identidad a la institución. El educador es un sujeto que late al ritmo de los corazones de sus alumnos y también de sus compañeros, que no es indiferente ante sus dolores y alegrías, que no puede dejar de emocionarse ante el avance y logro que genera su presencia y testimonio. En tiempos donde nos planteamos una educación de las emociones como necesidad imperiosa ante un mundo cada vez más digital, el educador es quien puede verbalizar lo que siente, que no se avergüenza de sus miedos, de sus limitaciones ni silencia su testimonio alentador y desafiante frente a un mundo cada vez más individualista. Hoy somos testigos de muchos educadores que han olvidado ese primer amor, ese motor que los impulsaba hacia ideales y utopías. El educador es necesario en la transformación de la realidad y eso no lo debemos olvidar. No desde lo utilitario, sino desde lo vocacional. Es Dios quien nos anima a ser para los demás signos fieles de su Amor incondicional, especialmente hacia los excluidos y los abandonados. El sembrador/educador es un apasionado por la vida. Confía y cree que de sus manos brota fe, esperanza y amor.

..salió…

El sembrador/educador es un agente pastoral misionero. Sale a sembrar donde todavía nadie fue, acude a los espacios donde hace falta su presencia. No se queda sembrando desde su comodidad ni desde su seguridad. Se arriesga y confía. Está en constante movimiento, no se queda quieto ante lo que lo rodea. Es cierto que hoy el cansancio y la fatiga son frecuentes en nuestras instituciones. Pero no debemos dejar de salir, de ir hacia esos alumnos que están esperando de nuestra presencia. Y de la misma forma ir hacia nuestros compañeros que esperan de nuestras palabras, generar comunidades de educadores afianzados en el amor por enseñar. Debemos salir a las situaciones de exclusión y de marginalidad que el sistema nos quiere imponer y ser allí discípulos y misioneros de Jesús.

… a sembrar/educar.

Sembrar es sinónimo de educar. La semilla es nuestro modo de ser educadores, la semilla es nuestro mensaje, es nuestro anuncio y forma de ser ante los demás. Nosotros no debemos perder la confianza en esa semilla, no debemos dejarnos flaquear por las situaciones sociales adversas que atentan contra nuestro deseo de confiar, de esperar en nuestro mensaje y acción educativa. El sembrador/educador selecciona las mejores semillas, antes dearrojarlas al suelo las tiene en sus manos, las posee y son parte de él. Es por eso que como sembradores/educadores debemos ser capaces de volver a confiar plenamente en nuestra acción educativa. El sembrador si no esperara ningún fruto, no saldría. Sembrar/educar hoy es el acto más grande de amor y entrega en una dinámica de contemplación y espera. Es el Espíritu Santo quien nos alienta y sostiene en esta ardua tarea de dar al mundo semillas de justicia, verdad y amor.

Aquí podríamos seguir leyendo nuestra vocación educativa en consonancia con la parábola de dos maneras: pensando que los distintos tipos de suelos donde cae la semilla son distintos tipos de alumnos, o podríamos hacer una interpretación superadora. Cada uno de los suelos son los ciclos y momentos vitales de nuestros alumnos. La semilla puede caer al borde, es decir, no ir directamente a lo profundo, y el descuido genera que otros tomen esa fragilidad como posibilidad y así brindarles propuestas de desamor y exitismo material. Nuestra semilla tal vez en algún momento caiga en un suelo no profundo donde al germinar el sol la abrasa e imposibilita continuar el desarrollo hasta su máximo esplendor. El problema no es el sol que siempre está, no es lo externo, sino la falta de tierra para poder generar raíz, una raíz que dé fortaleza e identidad desde la interioridad. También nuestra semilla puede caer entre las zarzas, es decir, en un momento donde nuestros alumnos están rodeados de incertidumbres, de propuestas que no sean alentadoras, de enojos y decepciones. Pero siempre podemos encontrar momentos donde la semilla cae y da frutos, donde nuestras palabras y acciones germinan. Y pueden dar granos, unos cientos, otros setenta, otros treinta, es decir, no todos el mismo resultado, porque el proceso de aprendizaje es diverso y eso es gran signo de amor entre todos nosotros.

Al finalizar estas palabras quiero dejarles un anhelo. Donde cae la semilla también pueden ser nuestras instituciones educativas. Allí podremos encontrar falta de profundidad en la tierra y una gran crisis de identidad, de seguridad y confianza entre los miembros de la comunidad educativa, como también vivir en lo superficial y no quedarnos con lo esencial y profundo del ser. También podemos encontrar instituciones llenas de piedras, donde el desarrollo de los alumnos y la realización de los educadores no se puedan generar de forma armónica. Nuestras escuelas pueden estar llenas de zarzas y ahogar toda iniciativa y propuesta de plenitud y conversión. Pero si nuestras instituciones son tierra buena podremos ir dando frutos nuevos hacia una sociedad nueva, podemos ser una opción de unión y no de distanciamiento, podemos entonces ser para los demás, un lugar donde Dios habita en la cultura que día a día transmitimos en nuestros contenidos.

Que Jesús, el gran sembrador, nos regale su testimonio y nos anime a seguirlo. Y que a ejemplo del Padre Obispo Jorge Novak, sigamos sembrando en nuestras instituciones las semillas del Reino. En este tiempo sinodal, que el Espíritu Santo nos renueve y empuje hacia una conversión educativo-pastoral. Gracias por sus vidas entregadas a la educación ¡Que Dios los bendiga y la Virgen santa los cuide!


+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes