Homilía de la XVIII Misa de la Esperanza (23/11/2013)

Hermanos y hermanas:

La Diócesis de Quilmes se congrega hoy, como lo hace desde el año 1996, para celebrar la Misa de la Esperanza, iniciativa verdaderamente profética de nuestro primer pastor, el Padre Obispo Jorge Novak. Su corazón de padre siempre palpitó muy cerca con las profundas necesidades del hombre y de la mujer de estos tres partidos del sur de Buenos Aires, por eso nuestro pueblo lo llama el “amigo de Dios y de los pobres”. Él eligió el fin de semana de la Fiesta de Cristo Rey para esta celebración de esperanza. Porque su reinar es “reino de verdad y de la vida, reino de santidad y de gracia, su reino de justicia, de amor y de paz” (prefacio de la Misa).

El evangelio de san Lucas hoy nos presenta a Jesús crucificado. Torturado en ese patíbulo cruel, sufriendo amargamente, despreciado y burlado por todos, sin embargo tiene el poder exclusivamente divino de otorgar el perdón al ladrón que ha creído en él y tiene el poder de introducirlo en el Reino: “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso”. Hoy se abren las puertas del Reino. Hoy irrumpe en la historia la vida eterna. El bien de la salvación no es un bien sólo para el final de los tiempos. Este hoy no se ha cerrado en aquel punto de la historia, sino que nos acompaña en nuestro camino. Por eso caminamos con esperanza.

Uno de los ladrones crucificados buscaba en Jesús un poder milagroso que lo salvara: “¿no eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y sálvanos a nosotros”. En cambio, el otro acude al poder misericordioso de Jesús: “Acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino”. Ambos están condenados, pero el buen ladrón es el que logra ver en Jesús la verdadera misión del Mesías: “reconciliar todo lo que existe en la tierra y en el cielo, restableciendo la paz por la sangre de su cruz”, como nos dice hoy san Pablo.

Decía el Beato Juan Pablo II: “La cruz es la inclinación más profunda de Dios hacia el hombre… La cruz es como el toque del amor eterno sobre las heridas más dolorosas de la existencia terrena del hombre” (DM 8). Este misterio de amor y misericordia es el atributo de Jesucristo rey del universo que hoy celebramos.

Este Dios crucificado se revela hoy en todas las víctimas inocentes. Está en la cruz del Calvario y está en todas las cruces donde sufren y mueren los más inocentes. Nuestra mirada de fe nos lleva a contemplar los rostros de quienes sufren. El Documento de Aparecida habla de tantos que, por razón de su origen, no son tratados con dignidad e igualdad de condiciones; muchas mujeres que son excluidas por razón de su sexo, raza o situación socioeconómica; jóvenes que no tienen oportunidad para entrar en el mercado del trabajo para desarrollarse y constituir una familia; muchos pobres, desempleados y excluidos, indígenas marginados, niños en situación de calle, migrantes, desplazados, sin una tierra para su vivienda, quienes buscan sobrevivir en la economía informal; mujeres maltratadas, víctimas del abuso, niños y niñas sometidas a la prostitución infantil, ligada muchas veces al turismo sexual; también los niños víctimas del aborto. Otros rostros en los que Dios nos interpela como las familias desintegradas, las madres solteras abandonadas, los ancianos hacinados en los geriátricos, los encarcelados, los que son víctimas de las adicciones del alcohol, de la droga, del juego compulsivo. En fin, tanto sufrimiento en medio de nosotros.

Como dice un teólogo de nuestro tiempo: “Ante el Crucificado empezamos a intuir que Dios, en su último misterio, es alguien que sufre con nosotros. Nuestra miseria le afecta. Nuestro sufrimiento le salpica. No existe un Dios cuya vida transcurre, por decirlo así, al margen de nuestras penas, lágrimas y desgracias. Él está en todos los calvarios de nuestro mundo. Este “Dios crucificado” no permite una fe frívola y egoísta en un Dios al servicio de nuestros caprichos y pretensiones. Este Dios nos pone mirando hacia el sufrimiento y el abandono de tantas víctimas de la injusticia y de las desgracias. Con este Dios nos encontramos cuando nos acercamos a cualquier crucificado”.(J. A. Pagola. El camino abierto por Jesús. PPC, pg. 316 ss).

“DECIMOS BASTA, DECIMOS NO… A LA TRATA DE PERSONAS”.
La trata es un flagelo antiguo pero que ha crecido de manera dramática últimamente. El mundo globalizado y el avance de la técnica comunicacional han servido para llevar esta preocupación a cada rincón de nuestro país y del mundo. Quien más, quién menos, vamos conociendo este drama y los modos de captación de víctimas, casi siempre con el engaño de un buen trabajo o posibilidades de estudio; el secuestro en las calles de nuestras ciudades y barrios; a ello se ha sumado la búsqueda de contacto por medio de las redes sociales.

¿Qué decimos cuando hablamos de “TRATA”? Nos referimos al sometimiento de una persona “para la explotación sexual, laboral, coacción para el sicariato, transporte o venta de drogas, tráfico de órganos, servidumbre de migrantes, pornografía infantil, secuestro y explotación de niños para las milicias, explotación sexual infantil, explotación para la producción y venta de bebés, para la extracción de óvulos y otras formas parecidas de explotación y esclavitud. La trata, que tiene como condiciones la coacción y el lucro de una persona sobre otra, se conduce con modalidad de crimen organizado, tiene una estructura “empresarial”, maneja la movilidad de personas y considera al ser humano un bien transferible y vendible de acuerdo con la oferta y la demanda”. (cfr. Verónica Toller. Trata de personas: 20.900.000 esclavos en el mundo. Revista “Desde la Austral”. 03-09-2013).

Hay estadísticas que cortan la respiración. Aunque no somos cifras, los números desnudan. Hay 20.900.000 esclavos en el mundo hoy. Algunos dicen 30 millones. Con 32.000 millones de dólares en ganancias para el segundo negocio más rentable en el mundo, por encima del tráfico de armas y solo aventajado por el negocio narco. Una persona puede “valer” 20.000 pesos o 2.500 dólares en Argentina, según lugar, edad, cliente… ¿no se había declarado el fin de la esclavitud en nuestro país en 1813?

Cuando el Papa Francisco era arzobispo de Buenos Aires, en la 4ª Misa por las víctimas de trata y tráfico de personas, en septiembre de 2011, dijo: “En esta ciudad la esclavitud no está abolida. En esta ciudad la esclavitud está a la orden del día y bajo diversas formas. En esta ciudad se explota a trabajadores en talleres clandestinos. En esta ciudad se rapta a las mujeres y a las chicas y se las somete al uso y al abuso de su cuerpo, se las destruye en su dignidad. En esta ciudad hay hombres que lucran y se ceban con la carne del hermano: Las víctimas del trabajo esclavo, la trata de mujeres en situación de prostitución”.

Ahora, como sucesor de Pedro, en Roma, el pasado 24 de mayo, Francisco decía: “Reafirmo que la “trata de personas” es una actividad innoble, una vergüenza para nuestras sociedades que se consideran civilizadas. ¡Explotadores y clientes a todos los niveles deberían hacer un serio examen de conciencia ante sí mismos y ante Dios! La Iglesia renueva hoy su fuerte llamamiento para que se defienda siempre la dignidad y la centralidad de toda persona, en el respeto a los derechos fundamentales, como destaca su doctrina social, y pide que los derechos se extiendan realmente allí donde no se los reconoce a millones de mujeres y hombres en todos los continentes. En un mundo donde se habla mucho de derechos, ¡cuántas veces se ultraja de hecho la dignidad humana! En un mundo donde se habla tanto de derechos, parece que el dinero es el único que los tiene. Queridos hermanos y hermanas, vivimos en un mundo donde manda el dinero. Vivimos en un mundo, en una cultura donde reina el fetichismo del dinero” (S.S. Francisco, 24-05-2013).

El Papa ha ido más allá todavía, encargó a la Pontificia Academia de las Ciencias y de las Ciencias sociales organizar un seminario sobre “Trata de personas: esclavitud moderna”. Se trata de tomar conciencia del tema, tomar una actitud con respecto a la trata de personas, y sacar una agenda de acciones y propuestas concretas. Dicho evento se realizó en Roma el pasado 2 y 3 de noviembre.

En nuestra región, concretamente en nuestra Diócesis, hay organizaciones sociales que se encargan de la búsqueda de las víctimas y el acompañamiento. Solemos ver esos rostros en fotos publicadas en distintos órganos de comunicación, en carteleras, en las paradas de los micros o estaciones de trenes. ¿Has pensado alguna vez que alguna de esas fotos puede ser de tu hija, su hermana, tu sobrina, tu nieta? Cómo me movilizó esta semana ver en mi celular la foto de Jonathan, jovencito con capacidades diferentes desaparecido, pero que gracias a Dios ya está con su mamá y familia.

Gracias al trabajo de la “Federación de Entidades de Fomento y organizaciones libres del pueblo de Quilmes”, de la Universidad de Quilmes y de Pastoral Social de las Parroquias Jesús de la Divina Providencia y de San Cayetano de Ezpeleta y Berazategui, podemos contar con algunos datos, correspondientes al último año: se han rescatado 273 chicas (179 argentinas) por los allanamientos que terminaron con el cierre de más de 100 prostíbulos. Hay 60 imputados; 47 aprehendidos y 13 en fuga. La tarea del fiscal Daniel Ischazo ha sido de gran importancia.

Frente a este flagelo de la trata, como también frente al drama de la droga y de narcotráfico, no podemos quedarnos con los brazos cruzados.

“Hablá con tus hijos y vecinos. Si no hay demanda, no hay prostitución. Hablá con tu marido, tu novio, tu hijo, tu hermano. Cuidemos a los chicos. No podemos quedar indiferentes sabiendo que hay redes internacionales que ofrecen a la Argentina como lugar de turismo sexual infantil. Pagan en dólares y euros cuantiosas sumas de dinero para comprar la integridad de quienes son iguales en dignidad que vos y los tuyos.”

“El juicio llevado a cabo en Tucumán por el secuestro de Marita Verón –hija de Susana Trimarco- ha dejado en evidencia las complicidades de las fuerzas de seguridad, funcionarios y legisladores haciéndose los distraídos” (Cfr. Mons. J. Lozano; columna de opinión, Diario Crónica, 23-09-2012).

San Pablo nos enseña a vencer el mal a fuerza de bien. Por eso es justo que agradezcamos a tantas personas, algunas organizadas en centros barriales o parroquiales, otros de modo independiente, que implementan distintas acciones para prevenir y también combatir este mal de nuestra sociedad. A las ONG que colaboran en la educación, prevención y asistencia a las víctimas. Alentar a los agentes de pastoral social y otras instituciones. Valoramos el esfuerzo, la dedicación y la entrega generosa, aún a riesgo de su misma integridad.

No sólo señalamos este flagelo social. Por eso nuestra Misa de la Esperanza. Alentamos a no bajar los brazos a todos los que sufren, víctimas de este drama social. El Padre Obispo Jorge Novak, en su último mensaje del 25 de mayo de 2001, decía: “Que Dios bendiga a las mujeres, especialmente a las discriminadas, golpeadas, abusadas, para que en el reconocimiento de su dignidad puedan aportar a nuestra sociedad una mirada siempre nueva y necesaria”. El era un pastor con esperanza, porque su corazón estaba puesto en Jesús. Jesús se la pasó contagiando a los demás la esperanza que él mismo vivía desde lo más hondo de su ser. El último “contagiado” fue el ladrón del Evangelio de hoy, quien le dice: “Acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino”.

Quien vive animado por la esperanza no cae en la inercia. Al contrario, se esfuerza por cambiar la realidad y hacerla mejor. Quien vive con esperanza es realista, asume los problemas y las dificultades, pero lo hace de manera creativa, dando pasos, buscando soluciones y contagiando confianza.

“Cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo” (Mt. 25, 46) Son las palabras del Rey universal al venir en su gloria al fin de los tiempos.

Digamos basta, digamos no… a la trata de personas.
Digamos “sí” a la cultura de la vida, y “no” a la cultura de la muerte.
Digamos “sí” a la libertad y “no” a la esclavitud de tantos ídolos de nuestro tiempo.

En una palabra: digamos “sí” a Dios, que es amor, vida y libertad. Él nunca defrauda. Él es nuestra ESPERANZA.

 


+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes