HOMILIA DE LA MISA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN  

Iglesia Catedral, domingo 8 de diciembre de 2019

 
Hermanas y hermanos:

Nos unimos a toda la Iglesia universal para celebrar la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, patrona de la diócesis de Quilmes y de esta ciudad. Con el Padre Obispo Maxi, en primer lugar, nuestro deseo de alegría y paz para todos en esta fiesta.

Iniciamos en la Argentina el AÑO MARIANO NACIONAL, por los 400 años del hallazgo de la Virgen del Valle de Catamarca. Nuestra diócesis está haciendo su camino hacia el Tercer Sínodo. La presencia de María, la mujer que sale presurosa a servir a su prima Isabel, nos ayudará a salir al encuentro de la realidad de nuestra sociedad, para escuchar sus clamores y sus esperanzas, en los que Dios mismo nos desafía, para que juntos encontremos la manera de anunciar el Evangelio de la alegría con renovado fervor y entusiasmo.

Son acontecimientos que embargan nuestro corazón con una profunda alegría. La palabra que hemos escuchado, contiene un mensaje de alegría y esperanza.

El evangelio de Lucas nos ha narrado el acontecimiento de la Anunciación. El arcángel Gabriel saluda a la joven virgen: “Alégrate, María”. El contenido de su mensaje es el cumplimiento de la promesa del Señor, hecha después del NO de Adán, el pecado de Adán y Eva. Ellos dijeron no al mandato del Creador. Dios sale al encuentro de aquel hombre, que se esconde lleno de miedo; dividido en su corazón, le echa la culpa a su mujer; Dios, luego de la reprensión, anuncia que el Tentador será vencido por una mujer. Ella es María, la que dirá SI a la voluntad salvadora de Dios. Dirá SI al proyecto de Dios, que es hacerse uno de nosotros, para pagar por nosotros la eterna deuda contraída por Adán. La humanidad y el mundo entero recobran la alegría. Dios se hace hombre en el seno de María, gracias a ese SI generoso y confiado a la voluntad del Señor. La alegría del Paraíso que Adán y Eva perdieron por el NO del pecado, echa raíces profundas en la humanidad de María gracias a su SI: “Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho”. Su Hijo Jesús, dará el SI definitivo al Padre, por el cual todos hemos alcanzado la salvación.

En vistas a esa maravillosa obra de salvación, María fue concebida sin pecado original. El pueblo cristiano hoy la celebra llenándola de flores y bendiciéndola con cantos de alegría; llevándola en procesión por las calles de pueblos y ciudades. Contempla en su tierna imagen la belleza y la ternura del amor de Dios que nunca abandona a su pueblo. Ese pueblo que muchas veces sufre la injusticia de la pobreza y de la desigualdad, de la persecución y de las guerras. Aún en medio de esos dolores, acude con esperanza a la Madre, con la certeza de que en ella encuentra consuelo y sanación de sus sufrimientos. Dios que obró en Ella, y por la acción del Espíritu fecundó su seno, haciéndola Madre del Salvador, por la intercesión de María, Él también hace maravillas en nosotros con la fecundidad del Espíritu Santo, llenándonos de gozo y esperanza, sanando nuestras heridas del alma, fortaleciendo nuestro camino de fe, haciéndonos más semejantes a Jesús por la práctica de la misericordia.

Junto al árbol de Navidad que hoy empezamos a armar en nuestras casas, iglesias, locales comerciales, en la vía pública y en los lugares de trabajo, también hagamos un lugar para EL PESEBRE.

Mediante una Carta Apostólica, el Papa Francisco nos invita a mantener esta tradición del pesebre, destacando su significado y su valor; en algunos lugares se hacen representaciones en vivo del pesebre.

“El hermoso signo del pesebre, tan estimado por el pueblo cristiano, causa siempre asombro y admiración. La representación del acontecimiento del nacimiento de Jesús equivale a anunciar el misterio de la encarnación del Hijo de Dios con sencillez y alegría”

“¿Por qué el Belén suscita tanto asombro y nos conmueve? En primer lugar, porque manifiesta la ternura de Dios. Él, el Creador del universo, se abaja a nuestra pequeñez. El don de la vida, siempre misterioso para nosotros, nos cautiva aún más viendo que Aquel que nació de María es la fuente y protección de cada vida”

“De modo particular, el pesebre es desde su origen franciscano una invitación a ‘sentir’, a ‘tocar’ la pobreza que el Hijo de Dios eligió para sí mismo en su encarnación. Y así, es implícitamente una llamada a seguirlo en el camino de la humildad, de la pobreza, del despojo, que desde la gruta de Belén conduce hasta la Cruz. Es una llamada a encontrarlo y servirlo con misericordia en los hermanos y hermanas más necesitados” (cf. Mt 25,31-46). (FRANCISCO. Carta Apostólica “Admirabile signum”, 1.3)

Al comienzo de este Año Mariano Nacional, los argentinos nos aprestamos a iniciar una nueva etapa de nuestra vida democrática. Esta mañana, en la Basílica de Luján, se celebró la Misa por la unidad y la paz en la Argentina. Organizada por la Conferencia Episcopal Argentina, fue presidida por su presidente Mons. Oscar Vicente Ojea. Estuvieron presentes el Presidente de la Nación y el Presidente electo que asumirá su mandato el próximo martes 10 de diciembre.

La homilía estuvo a cargo del Arzobispo de Mercedes-Luján, Mons. Jorge Eduardo Scheinig. Así decía en uno de sus párrafos:

“Pidamos para que nuestra democracia se afirme y siga creciendo en institucionalidad.

No somos ingenuos, no creemos que una celebración sea la solución de los problemas, pero estamos seguros que este gesto que estamos realizando juntos, habla por sí mismo y deseamos que en estos días históricos y con la ayuda de lo Alto, se convierta en una puerta para entrar en esta nueva etapa, con sinceros anhelos de unidad y de paz.

Estamos seguros que este momento de oración, entre tantas realidades y situaciones, es muy importante para nuestra Nación y para el mundo

María es una ayuda valiosa para agradecer y pedir por nuestra Patria, tan rica, tan diversa, con tanta historia e historias y al mismo tiempo, tan sufrida, enemistada, debilitada, tan necesitada.

Ninguna persona o grupo en soledad o aislado es la Patria. La Patria somos todos. La comunión entre nosotros no es una cuestión estratégica, hace a la esencia de lo que somos en el origen y a lo que podemos ser en el destino común.

Todos somos conscientes que lo que viene, lo que ya estamos viviendo en el mundo, en nuestra América Latina, no es fácil y para seguir construyendo esta Nación bendita necesitamos de todos. Nadie sobra en esta construcción. Si alguien o algunos viven tomados por el resentimiento y el odio, corremos el riesgo de estar siendo funcionales a intereses que ciertamente no buscan el Bien Común de la Nación y estaremos arriesgando gravemente el futuro de las siguientes generaciones.

Estamos agotados de tantos desencuentros y peleas. No se trata de una unidad homogénea o hegemónica, sino de una unidad necesaria para construir el País deseado y salir del laberinto en el que nos encontramos.

El Papa Francisco nos invita a pensar en la figura del poliedro para vivir en una unidad que integra armónicamente las diferencias. Necesitamos promover una Cultura del Encuentro. Necesitamos escucharnos y volver a dialogar todas las veces que sea necesario.

Mucho nos ayudará alcanzar juntos un Pacto Social, lograr Políticas de Estado que perduren más allá de aquellos a los que les toque gobernar por determinado tiempo.

Es fundamental que todos los ciudadanos podamos alcanzar una importante estatura moral y un nivel ético-social en el que los valores de la honestidad, la verdad, la justicia, la solidaridad, la coherencia entre lo que decimos y hacemos, el respeto por los otros, sea parte de la vida cotidiana.

Por eso, es muy importante estar atentos para no caer en lo que en la Iglesia llamamos “estructura de pecado”, es decir, quedar atrapados en un sistema, como en una tela araña, en el que pueden convivir sin culpa, sin cargo de conciencia, el que opta por ser deshonesto, corrupto, e inmoral y corruptor.

Pidámosle juntos a Dios y a María de Luján que en nuestros corazones crezca un sentimiento de unión que nos dé un sentido fuerte y místico de pertenencia a este querido pueblo que hacemos juntos. Que vivamos una “mística del nosotros”.

¡Somos el pueblo Argentino! Eso debería ser música para nuestra alma popular.

En nuestro pueblo, los pobres en sus diversas realidades y situaciones, son para nosotros los cristianos, personas que nos hablan de Dios, por eso nos oponemos a que sean reducidos a un hecho sociológico o macro-económico. Deseamos que recuperen los derechos y las oportunidades a la que esta llamada toda persona humana.

Es muy natural que una mamá o un papá se vuelquen instintivamente al hijo más frágil. Estamos llamados a cuidar a los pobres y eso significa también acompañarlos en sus vidas cotidianas, en sus búsquedas y en sus luchas legítimas, como así también escucharlos, reconocerlos y valorarlos.

Jesús se ha identificado con ellos y nos invitó a ver en el pobre el mismísimo rostro de Dios. Servir a los pobres es servir a Jesús. No podríamos no estar al lado de los pobres. Dios nos da la gracia a todos y especialmente a los gobernantes y dirigentes de unirnos para que en nuestra Nación, los pobres sean los hermanos más cuidados, a los que más queremos acompañar para que consigan su propia tierra, su techo y su trabajo” (Luján, 8/12/19)

También, en nuestros partidos de Quilmes, Florencio Varela y Berazategui, iniciarán sus mandatos los intendentes y demás autoridades elegidas en el pasado mes de octubre. Pedimos a María Inmaculada, patrona de la Diócesis de Quilmes, escuche las súplicas del pueblo creyente, y los deseos de toda persona de buena voluntad, para que también en este sur del gran Buenos Aires, transitemos por caminos de diálogo, de justicia, de desarrollo integral y de bienestar para todos.

Presentamos a la Inmaculada, patrona de la Diócesis, a los niños y jóvenes, y también adultos, que estos últimos días han hecho su Primera Comunión y han recibido el sacramento de la Confirmación, para que los cuide y los anime con su presencia maternal.

María Inmaculada, “Mi Purísima”, como te llamaba el Santo Cura Brochero, santa Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

 
+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes