En esta oportunidad compartimos el mensaje del Padre Obispo Carlos José Tissera desde Roma, donde viajó para participar de un encuentro con obispos en Lisboa, Portugal, y próximo a reunirse con el Papa Francisco. 

 

Hermanas y hermanos de la Diócesis de Quilmes:

Les hablo desde Roma donde me encuentro pasando unos días luego de participar de un encuentro de obispos en Lisboa, Portugal. El pasado miércoles visité el Santuario de Fátima, donde he rezado por todos ustedes.

Este domingo 26 de enero concelebré la misa con el Papa Francisco en el Primer Domingo de la Palabra de Dios. Esta jornada fue instituida por Francisco el pasado 30 de septiembre. Para mí ha sido muy importante, particularmente por estar preparando el III Sínodo Diocesano cuya temática es la Evangelización: Todos juntos queremos encontrar la manera de llevar la Palabra de Dios a los corazones de quienes vivimos en Berazategui, Florencio Varela y Quilmes.

El Papa en su preciosa homilía invitó a hacer un espacio a la Palabra de Dios. Ese Dios que está cerca de nosotros, que ilumina nuestra oscuridad y que nos guía con amor a lo largo de la vida. Jesús es la Palabra de Dios. Recordemos que nuestro primer obispo, el Padre Obispo Jorge Novak quiso que el primer sínodo de Quilmes tuviese esa temática: la Palabra de Dios.

Y este primer Domingo de la Palabra de Dios el Papa nos invita a ir a la fuente de esa Palabra, a los orígenes de la predicación de Jesús. Y así, basándose en el Evangelio del Domingo, el Papa dijo que allí encontramos cómo, dónde y a quién Jesús comenzó a predicar.

Jesús empezó diciendo “el Reino de Dios está cerca” (Mt. 4, 17b), él vino a nuestro encuentro sin que lo merezcamos, él es un verdadero mensaje de alegría. Por amor asumió nuestra humanidad, él desea estar en nosotros y entendemos su invitación “conviertansé, cambiá tu vida, terminó el tiempo de vivir para vos mismo, comenzó el tiempo de vivir con Dios y para Dios, con los demás y para los demás, con amor y por amor”.

También, preguntaba el Papa ¿dónde predicó Jesús? No empezó en Jerusalén, en el templo, lugar de los sabios y de los “puros” religiosamente. Jesús comenzó en Galilea, el lugar de la frontera, alejado del lugar del culto. Predicó en las periferias en lugares complejos.

Hoy, Jesús viene con su Palabra a curar nuestro corazón de nuestras asperezas, nuestras oscuridades. Dejemos que su palabra entre en nosotros. Es la Palabra viva y eficaz, tajante y que juzga los deseos y las intenciones del corazón.

Y Jesús, ¿a quiénes predicó? El Evangelio dice que Jesús vio a dos hermanos que estaban echando la red en el mar porque eran pescadores y les dijo: “síganme. Yo los haré pescadores de hombres” (Mt 4, 19b). Los primeros fueron unos pescadores, no fue a personas preparadas o destacadas, sino a personas comunes y corrientes que trabajaban. Usa el modo de hablar de ellos, los llama donde ellos están y cómo ellos son, para involucrarlos en su misma misión: “los haré pescadores de hombres”. Y ellos lo siguieron inmediatamente, pero ¿por qué inmediatamente? No porque recibieron una orden, sino porque sintieron que fueron atraídos por un mensaje que les llegó: se sintieron atraídos por amor.

Solo él que nos conoce y nos ama hasta el final nos hace salir al mar de la vida, como lo hizo con aquellos discípulos que lo escucharon. Por eso también nosotros necesitamos su Palabra en medio de tantas palabras diarias. Necesitamos escuchar esa Palabra que no nos habla de cosas, sino de la vida, de la verdadera vida, de aquello que tenemos ansias, tenemos sed, que nos colma, que nos sacia, que realmente nos deja en paz. Esa Palabra de vida que nos infunde amor y que nos llena de vida, vida en abundancia. Dejemos un espacio para la Palabra de Dios en nuestra vida, es lo que también pretendemos con nuestro sínodo, poder ver de qué modo llegar a todos, y a través nuestro, Dios pueda sentirse realmente cercano a todos, sobre todo, nosotros lo podamos sentir muy cerca nuestro.

Que las mujeres y los hombres de hoy en nuestra Diócesis puedan sentirse amados por Dios. Que su Palabra llega a sus corazones. Que nosotros también podamos ser aquellos que nos pongamos a tiro y podamos hablar de ese Jesús que nos ama, que hemos experimentado en nuestra vida y lo comunicamos con alegría. Dejemos un espacio para la Palabra de Dios en nuestra vida. Dios está cerca de nosotros, él ilumina nuestra oscuridad, él nos guía con amor a lo largo de la vida.

Queridas hermanas y hermanos de Quilmes, y a todos los que escuchan, mi cariño, mi saludo y mi cercanía. Estoy rezando por todos ustedes en estos días que Dios me regala estar aquí en Roma. Y le transmitiré también, cuando me encuentre próximamente con el Papa Francisco, el cariño y el amor de todos ustedes.

Un gran abrazo y que Dios los bendiga en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
 
+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes
 
Roma, 27 de enero de 2020