NUESTRA SEÑORA DE LAS LÁGRIMAS - San Francisco Solano 
Domingo 16 de febrero de 2020

 
Durante estos domingos, escucharemos proclamar el Evangelio del Sermón de la Montaña. Luego de las Bienaventuranzas, Jesús, como el nuevo Moisés, irá enseñándonos la ley del Reino. A partir de los Mandamientos de la antigua ley, irá repitiendo: "Ustedes han oído que se dijo a los antepasados... Pero yo les digo..."

Jesús nos advierte para no quedarnos en el cumplimiento de un mandato, sino a buscar el Reino de Dios y su justicia. O sea, cambiar nuestro corazón, para ir más allá del cumplir, sino adherirnos a Él, viviendo la voluntad del Padre.

Dice Jesús: "Ustedes han oído que se dijo a sus antepasados: "No matarás; y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal". Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal".

No me basta decir: "yo no mato a nadie". Es necesario que arranque de mi corazón la agresividad, el mal trato, el desprecio, el odio y la venganza. Es verdad que si no mato, cumplo la ley, pero si mi corazón no se libera de la violencia, Dios todavía no reina en mi, puesto que él quiere a través mío hacer un mundo más justo y más humano.

Hoy vemos cuanto ha crecido la agresividad, el destrato, el desprecio del otro, el lenguaje hiriente y descalificador. Duele saber que en nuestro país, los niños sufren mucha violencia en sus hogares. Cuanto nos golpea ver el salvajismo entre los jóvenes: los femicidios han oscurecido la vida de nuestra sociedad.

Más nos duele cuando estas actitudes de mal trato se dan en nuestras comunidades cristianas, con posturas de desprecio a los demás, por el modo como hablan, como se visten, o en qué lugar viven, o de donde provienen. Solemos escuchar, o decir, "lo mato con la indiferencia". Si, también es un modo de matar. Como hacía aquel rico del Evangelio, que vivía en la abundancia y era indiferente para con el pobre Lázaro, que no tenía ni para comer, a la puerta de su casa. Estamos llamados a formar un corazón inclusivo, en medio de un sistema que excluye y mata.

Jesús nos invita, como decía el domingo pasado, a ser "sal y luz del mundo" generando nuevos modos de relacionarnos para que nuestras comunidades sean más fraternas y misioneras, en donde cada uno encuentre su lugar.

Dice el Papa Francisco (EG53) "Así como el mandamiento "no matar" pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir: no a una economía de la exclusión y la inequidad". Esa economía mata: No puede ser que no sea noticia que muera de frío un anciano en situación de calle y que si lo sea una caída de dos puntos en la bolsa financiera. Eso es exclusión. No se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad. Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida. Se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar. Hemos dado inicio a la cultura del "descarte" que, además, se promueve. Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está afuera. Los excluidos no son "explotados" sino desechos, "sobrantes".

La Palabra de Dios nos compromete a transformar nuestros corazones, haciéndonos "solidarios", fortaleciendo nuestros vínculos, reconociéndonos constructores y protagonistas del Reino de Jesús, comprometiéndonos en el servicio a la causa de los más pobres y sufrientes.

Hoy, en esta parroquia "Nuestra Señora de las Lágrimas" vivimos un verdadero acontecimiento en su trayectoria. La Compañía de Jesús (Padres jesuitas) se hace cargo de la misma, luego de la presencia por muchos años de la Fraternidad Misionera.

En primer lugar, agradezco al P. Félix Gibbs, y a la Fraternidad, por estos valiosos años de ministerio entre nosotros. Se cumple un ciclo de la Fraternidad Misionera que nació y creció con el acompañamiento paternal del querido Padre Obispo Jorge Novak y que continúo dando sus frutos y prodigándose en variados y reconocidos servicios durante el pastoreo del P. Obispo Luis Stöckler y de quien les habla. Miles de hermanas y hermanos guardan y mantendrán grabados en sus corazones tantas semillas evangélicas que han sembrado “¡los fraternos!” en estos largos treinta años de presencia.

¡Gracias Padre Félix! ¡Gracias Fraternidad Misionera! Gracias a la rama femenina de la Fraternidad Misionera. Ellas siguen con nosotros. Nos sentimos comprometidos a acompañarlas con corazón agradecido y, cuenten hermanas, con la confianza y la cercanía de todos nosotros. ¡Muchas gracias!

Hoy nos toca recibir a los Jesuitas: al P. Juan José Berli, al P. Agustín Rivarola, al Hno. Gabriel Prefumo y al Diácono Fabio Raúl Solti. Estoy muy seguro que la presencia de la Compañía de Jesús en nuestra Diócesis de Quilmes, es una gracia concedida por el Padre Obispo Jorge Novak svd. Un hijo de una familia religiosa, como ustedes, de la Congregación del Verbo Divino.

Con el Padre Obispo Maxi, podríamos contarles muchos detalles de cómo fue éste "camino" de gestiones para que hoy tengamos este regalo. No podemos extendernos a contarlo aquí. Sí puedo decir que desde hace siglos (ya desde 1666, cuando se estableció la "Reducción Exaltación de la Santa Cruz de los Indios Quilmes"), sacerdotes jesuitas caminaron estas riberas, estos campos, y cruzaron estos arroyos de Quilmes. En los archivos de los jesuitas y de los obispados de la época, de aquí y de Europa, ya están los nombres de los jesuitas que sembraron el Evangelio en los sufridos indios quilmes, como lo hicieron en las históricas reducciones jesuíticas del Río de la Plata.

Hoy son otros tiempos, otras realidades, pero sí, lugar de misión. La zona lleva el nombre de un misionero monumental: San Francisco Solano. Tierra generosa que abrió sus entrañas para acoger y dar a luz a hombres y mujeres de muchas proveniencias, de todas las latitudes de la Argentina y de países vecinos. Tierra de laburantes, también de desocupados y empobrecidos. Al recorrer sus hogares y sus calles, podrán en sus diálogos transportarse a lejanos lugares y paisajes del interior profundo, a la fe sólida y probada de recordados antepasados; y también vibrarán sus corazones con el relato de sus preocupaciones y sufrimientos y seguramente se gozarán con sus músicas y danzas más variadas, que pintan el colorido paisaje de nuestra Patria grande Latinoamericana.

Agradezco al P. Rafael Velazco SJ, provincial de los Jesuitas que acogió con tanta solicitud el pedido que le hicimos, el P. Obispo Maxi y yo, a mitad del año pasado, agradecer Consejo Provincial, y a sus compañeros que tomaron la resolución de unirse a nosotros para caminar juntos en esta Iglesia de Quilmes; insertándose en estas comunidades de la Parroquia Nuestra Señora de las Lágrimas y las de la Parroquia Nuestra Señora de Luján.

Queridas comunidades, aquí representadas: Hermanas y hermanos: la marcha continúa, quien conduce la Iglesia, es el Espíritu Santo, vivo en nuestros corazones.

Otras manos partirán el pan en nuestras Eucaristías, otras serán las caras y las voces que nos transmitirán la alegría del Evangelio; pero es Jesús que sigue caminando entre nosotros, encendiendo nuestros corazones con el fuego del Espíritu, como aquellos peregrinos de Emaus, que los arrancó de su tristeza, porque ya Jesús no estaba; y les devolvió la alegría verdadera con su presencia de Resucitado.

La Virgen, como siempre, nos cuidará, como en las bodas de Caná, intercederá por todos, fieles y ministros, para que crezcamos en la fe, la esperanza y unidos en sincera caridad.

San Ignacio de Loyola, nos ayude a discernir los mejores caminos para despertar en los corazones el deseo profundo de Dios y de su Reino.

 
+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes