Saludo del Padre Obispo Carlos José Tissera y del Padre Obispo Marcelo Julián (Maxi) Margni a los sacerdotes y diáconos de la Diócesis de Quilmes en esta Semana Santa 2020.  

 

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SALUDO A SACERDOTES Y DIÁCONOS EN LA SEMANA SANTA 2020

 
Queridos hermanos sacerdotes y diáconos de la Diócesis de Quilmes: 

Es mi deseo, y el del Padre Obispo Maxi, saludarles en esta Semana Santa y adelantarles nuestro saludo pascual.

Hoy es Miércoles Santo. Todos los años acostumbramos reunirnos en la Iglesia Catedral para participar de la Misa Crismal. Este año, como en todas las diócesis, no podremos celebrarla debido a las precauciones sanitarias ocasionadas por el Covid-19. Dios mediante, la celebraremos más adelante, cuando las condiciones sean favorables.

Aún así, ingresando al Triduo Pascual, les acercamos esta breve reflexión que brota del corazón contemplando el Misterio de Cristo que da sentido a nuestra vida cristiana y a nuestro ser de personas consagradas. La Misa Crismal despierta en nuestro corazón el recuerdo del perfume de nuestra consagración bautismal y de nuestra unción sacerdotal. Es la anticipación de la alegría de la Pascua, puesto que Jesús se nos muestra como el Ungido, el Mesías, que alegra el corazón del hombre con la fuerza de su Resurrección, infundiendo en nuestras vidas la suave presencia del Espíritu Santo.

En tiempos de pandemia, fijemos los ojos en Jesús, como sus paisanos de Nazareth aquel sábado en la sinagoga, cuando leyó del profeta Isaías: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos” (Lc. 4, 18)

Compartimos parte de la homilía del Papa Francisco en la Misa Crismal del año 2014: “Ungidos con óleo de alegría para ungir con óleo de alegría. La alegría sacerdotal tiene su fuente en el Amor del Padre, y el Señor desea que la alegría de este Amor “esté en nosotros” y “sea plena” (Jn 15,11). Me gusta pensar la alegría contemplando a Nuestra Señora: María, la “madre del Evangelio viviente, es manantial de alegría para los pequeños” (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 288), y creo que no exageramos si decimos que el sacerdote es una persona muy pequeña: la inconmensurable grandeza del don que nos es dado para el ministerio nos relega entre los más pequeños de los hombres. El sacerdote es el más pobre de los hombres si Jesús no lo enriquece con su pobreza, el más inútil siervo si Jesús no lo llama amigo, el más necio de los hombres si Jesús no lo instruye pacientemente como a Pedro, el más indefenso de los cristianos si el Buen Pastor no lo fortalece en medio del rebaño. Nadie más pequeño que un sacerdote dejado a sus propias fuerzas; por eso nuestra oración protectora contra toda insidia del Maligno es la oración de nuestra Madre: soy sacerdote porque Él miró con bondad mi pequeñez (cf. Lc 1,48). Y desde esa pequeñez asumimos nuestra alegría. ¡Alegría en nuestra pequeñez!”
(17 de abril de 2014)
 
Queridos diáconos y queridos sacerdotes: esta Semana Santa nos encuentra reducidos al pequeño ámbito de nuestras casas, en nuestros barrios, compartiendo con nuestro pueblo la incertidumbre del momento, donde se hace más pesada la situación precaria que vive el país. Tenemos presentes a tantos que se ven privados de compartir más de cerca con sus seres queridos, los que están solos en sus casas o en los centros de salud. En los que pasan necesidades económicas serias y con problemas para alimentarse. Acompañamos con la oración y el afecto a tantas personas que arriesgando su salud, atienden a los demás en su necesidad, sea en los hospitales y clínicas, como en los lugares de asistencia alimentaria o sirviendo como agentes de seguridad pública.

Como personas consagradas para servir al pueblo en todo aquello referido a Dios, con los medios que tenemos a nuestro alcance, acompañamos a nuestros fieles animando la oración en los hogares, ya que no podemos hacerlo en las iglesias y capillas. Nos ocupamos de acompañar al voluntariado en todos los servicios comunitarios, asistiendo a los pobres, a los enfermos, a los ancianos, a los más desprotegidos.

La pandemia se vuelve una ocasión para despertar el amor creativo, que nos empuja a unirnos para servir a Jesús vivo en el prójimo. Ese es el óleo de la alegría que nos unge y que perfuma a nuestra sociedad con la fragancia de la generosidad, de la caridad en todas sus formas, con el estilo sencillo, constante y efectivo de Jesús.

Agradecemos a todos los que nos acompañan en el servicio pastoral a nuestro pueblo. A ustedes queridos diáconos y sacerdotes, a las consagradas y consagrados a Dios y a su pueblo. Todos estarán presentes en la Misa del Jueves de la Cena del Señor que concelebraremos sus obispos en la Capilla del Obispado de Quilmes.

El Señor bendiga a cada uno de ustedes, a sus comunidades y a sus familias.

¡Feliz Pascua!

 
+ Carlos José Tissera

+ Marcelo Julián (Maxi) Margni