Homilia del Jueves Santo - Capilla del Obispado de Quilmes 

 Querida hermana, querido hermano:

“La Eucaristía es un milagro de amor, es una maravilla de amor…” decía el Santo Cura Brochero.

El Jueves Santo la Iglesia celebra los grandes regalos de Jesús: la Eucaristía, el Sacerdocio y el Mandamiento del amor.

Estamos viviendo una Semana Santa muy particular, inédita. Este año no tiene lugar un gesto característico del Jueves Santo: el lavatorio de los pies. Por razones obvias no lo hacemos.

El evangelio según san Juan, antes de narrar la Pasión, comienza diciendo: “habiendo amado a los suyos, los amó hasta el fin”. Todo lo que vendrá después será una descripción, con gestos y palabras, de ese amor inconmensurable manifestado en Jesús.

Lavar los pies era tarea de los esclavos. El diálogo que Pedro tiene con Jesús, resistiéndose a dejarse lavar, nos pinta lo que pasaba por el corazón del apóstol. No había entendido nada de la misión que Jesús cumplía. Esperaba un Mesías lleno de poder y de gloria humana, y no podía soportar que Jesús ocupara el último lugar, el del servidor de todos. Al fin, porque Jesús lo pone en la encrucijada, accede a dejarse lavar los pies. Así queda de manifiesto que Dios hecho hombre, viene a ponerse a los pies de su criatura para lavarla. Eso fue lo que realizó en la Cruz, lavándonos con su sangre de todos nuestros pecados. Desde ese momento, Jesús nos invita a todos sus discípulos misioneros a lavarnos los pies unos a otros. Eso es lo que vemos hoy en tantas personas: personal de la salud, de seguridad, voluntarios en los comedores, acompañantes de enfermos… Jesús lavando los pies…

Los demás evangelios narran la institución de la Eucaristía en la última Cena. Juan no lo hace. Pone este gesto del lavatorio de los pies. Allí nos invita a todos sus discípulos a ser humildes servidores, a no ser ambiciosos de poder y de gloria.

San Pablo es quien hoy nos cuenta la tradición que ha recibido de los apóstoles. En esa Cena Jesús tomó el pan y dijo “Esto es mi Cuerpo”, luego la copa de vino: “Esta es mi Sangre”. Anticipo de su muerte en la Cruz, por la cual hemos sido salvados, venciendo el poder del pecado y la muerte. “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven Señor Jesús!

Hoy tampoco podremos sacar en procesión al Santísimo Sacramento. Desde nuestros hogares, hacemos nuestra comunión espiritual. Nuestra ausencia en los templos en esta Semana Santa, será como un gran ayuno, que despierte en cada uno de nosotros verdadero hambre de Dios. Descubramos que Jesús se quedó entre nosotros como alimento en la Eucaristía para fortalecer el amor, para servir mejor a los demás con mi vida. Que crezca en nosotros el deseo de volver a juntarnos un día, superada esta pandemia, encontrándonos más hermanos, más solidarios, más agradecidos, más tolerantes y comprensivos, más tiernos y luchadores por causas que ennoblecen al ser humano.

Hoy celebramos también el regalo del sacerdocio. Jesús dijo a los apóstoles: “Hagan esto en memoria mía”. Desde entonces la Eucaristía se hace presente entre nosotros por el ministerio sacerdotal. Pobres hombres, los más pequeños de todos… porque ante tan grande misterio de amor, no hay merecimientos. El Santo Cura Brochero, para destacar lo importante de lo superficial, decía: “Si no llevo en el pecho la caridad, ni a cristiano llego”. Pidamos hoy por los sacerdotes, por todos, sin excepción. Los que conocemos, los que han estado muy cerca de nuestra vida, como aquellos que no me dieron un buen ejemplo. Los jóvenes sacerdotes y los ancianos sacerdotes, los sanos y los enfermos. ¡Gracias, Señor, por tus sacerdotes! Te pedimos muchos sacerdotes santos, llenos de tu gran amor. Cuídalos con el poder de tu santo Espíritu.

Que hoy, en nuestros hogares, adoremos a Jesús, ¡Amor de los amores!, como cantaban nuestros mayores. Que Él nos haga humildes servidores del Evangelio, testigos alegres del Amor de Dios.

La Virgen María, servidora humilde y alegre, nos ayude cada día a amasar el pan del amor y de la unidad en nuestras familias, en nuestras comunidades, en nuestros barrios. Ella nos acompañe en estos días santos, para aprender de Jesús las más bellas lecciones de amor.

 
+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes
 
Quilmes, 09 de abril de 2020.