HOMILIA - Fiesta de San Cayetano 
 
“San Cayetano, en medio de tanto dolor danos fe, esperanza y solidaridad”

Un 7 de agosto inédito. Los santuarios cerrados. La gente en su casa. En la calle, sólo los que realizan tareas esenciales y los que no pueden estar sin salir a buscar el pan de cada día. La pandemia ha causado y sigue abriendo heridas profundas, dejando a la vista nuestras fragilidades personales y sociales. Muchos son los que han muerto; creciente número de enfermos, en el país y en todos los continentes. Mujeres y hombres que viven horas de incertidumbre, con grandes problemas económicos, que afectan sobre todo a los más pobres.

Por eso hoy decimos: “San Cayetano, en medio de tanto dolor danos fe, esperanza y solidaridad”

La Palabra que se ha proclamado nos invita a escuchar a Dios que pasa junto a nosotros y nos habla, como al profeta Elías. Es también una invitación a poner los ojos en ese Jesús del Evangelio, y con fe abrazar la esperanza del Reino de Dios que Él mismo nos da. Un reino de sanación y de salvación que está presente en medio nuestro. Un reino de justicia y de paz que se manifiesta en obras de caridad, de solidaridad, que a su vez aumentan la esperanza y fortalecen la fe. Fe, esperanza y caridad van de la mano. Son esas virtudes que Dios ha infundido en nosotros por la gracia del Espíritu Santo: dones que sanan y nos hacen sanadores de los demás. Dones que abren nuevos caminos, mientras navegamos en estos tiempos tormentosos e inciertos.

Por eso decimos: “San Cayetano, en medio de tanto dolor danos fe, esperanza y solidaridad”

Son las fuerzas que Dios nos regala para poder asumir este duro presente. Son los instrumentos divinos que nos ayudan a transformar la realidad desde lo profundo, sanando tantas enfermedades de la sociedad y sus estructuras, que están dañando la vida de la humanidad y del planeta; tres virtudes que cambian la vida de las personas en su físico y su espíritu.

Jesús en su vida pública sanó a tantas personas: a los apestados con fiebre, leprosos, ciegos, paralíticos, sordomudos, desequilibrados… No sólo los sanaba físicamente, sino que sanaba toda la persona integrándolas a la familia y a la sociedad-

El evangelio hoy nos muestra que mientras Jesús está predicando en la entrada de la casa, cuatro hombres llevan a su amigo paralítico. “Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados”. Y después, como signo visible, añade: «Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa». Jesús responde a la fe de ellos, a esa esperanza que han puesto en Él, y por ese amor que mostraron con el amigo enfermo. Jesús les cambió la vida a todos. ¡Qué repercusión habrá tenido en tantos que allí estaban! Un bellísimo encuentro con Jesús que sana, libera y alegra la vida.

Por eso decimos: “San Cayetano, en medio de tanto dolor danos fe, esperanza y solidaridad”

San Cayetano, discípulo seguidor de Jesús, lo hizo presente con su vida y su ministerio. Lo hemos escuchado en su hermosa carta a su amigo Pablo, que se ha leído recién. “Las acciones no valen nada si no están basadas en la entrega de Jesús, y con Él derramadas en ardiente amor”. A nuestro San Cayetano le pedimos dejarnos transformar por el amor de ese Corazón de Jesús, que nos sana de nuestros egoísmos y nos hace sus discípulos misioneros. Proviniendo de una familia acomodada, con brillantes capacidades intelectuales y profesionales, San Cayetano vio el dolor y el sufrimiento de los pobres, y se puso a servirlos como pudo y con lo que tuvo a su alcance. Confiaba también en los demás, como le dice al amigo monje: “Confío en tus oraciones, porque tú sabes que si los monjes viven en soledad es para ayudar a los que luchamos y trabajamos junto a los pobres”.

Por eso decimos: “San Cayetano, en medio de tanto dolor danos fe, esperanza y solidaridad”

¿Qué podemos hacer en este tiempo, amigas y amigos de San Cayetano? ¿Cómo podremos honrar mejor a San Cayetano? ¿Cómo podemos seguir el camino que él nos indica?

Escuché por radio un lindo testimonio. Hablaban del IFE, este Ingreso Familiar de Emergencia, ayuda que da el Estado en este tiempo de emergencia por el Covid-19. Resulta que un muchacho, casado con hijos, todos los días iba a ver a sus padres por si necesitaban algo; no eran ancianos pero si adultos mayores. Les preguntaba como estaban de salud y si necesitaban algo; ellos le decían que gracias a Dios no necesitaban nada. Un día fue, y la madre le dice que a la noche mirara tal noticiero porque salía su papá. Así fue. El papá, que era cocinero profesional, iba todos los días a colaborar en la olla popular de San Cayetano en Liniers. Le hicieron el reportaje y, entre lo que contó su papá dijo que se había quedado sin trabajo, y por eso iba a colaborar al Santuario. El hijo allí supo, por televisión, que su padre era un desocupado más. Los padres muchas veces ocultan cosas a sus hijos, para no preocuparlos. En este caso, el muchacho tenía varias bocas que alimentar… Entonces este hijo pensó: Si nosotros recibimos el IFE, por qué no lo juntamos y compramos lo necesario para hacer un emprendimiento de cocina en casa de papá. Se lo propusieron a sus padres, y hoy esos padres vuelven a tener su trabajo en la casa, y venden pan y pizzas en el barrio a precio acomodado para quienes van a comprar. Eso hace la fe, la esperanza y la caridad en los corazones de las personas. De ese modo transformamos nuestra realidad personal y la de los demás hermanos. San Cayetano no sólo intercede por nosotros, él también nos enseña caminos nuevos, enciende luces en nuestras oscuridades, cuando sabemos ponernos ante Jesús, como aquellos hombres que llevaron en camilla a su amigo paralítico.

Hoy, aquí y en Argentina queremos decir: “San Cayetano, en medio de tanto dolor danos fe, esperanza y solidaridad”

Con el Padre Obispo Maxi quiero saludar a todo el pueblo de la Diócesis de Quilmes, de los tres partidos de Berazategui, Florencio Varela y de Quilmes. Nos sentimos cercanos a los que sufren la muerte de seres queridos; a los enfermos y a sus familias; a los agentes sanitarios de clínicas y hospitales; a los que no tienen trabajo o sienten la angustia de la inseguridad laboral. De aquellos que han perdido sus fuentes de trabajo, sus empresas o emprendimientos; de aquellos que se esfuerzan para mantener el trabajo de sus empleados; de las personas que creen que es posible construir juntos una sociedad más justa y solidaria.

Queremos agradecer el trabajo de los sacerdotes en los santuarios de San Cayetano. Hoy abocados a las transmisiones por estos medios que la técnica nos proporciona. A las servidoras y servidores de los lugares donde San Cayetano, cada día 7, recibe a la distancia las ofrendas para los pobres, y que también reparten el alimento a los que los necesitan. Gracias por mostrar al mundo esa Iglesia samaritana, que desde los pobres y con los pobres gritan al mundo los dolores de la injusticia pero también la esperanza en Dios que nunca abandona.

“San Cayetano, en medio de tanto dolor danos fe, esperanza y solidaridad”

¡FELIZ DIA DE SAN CAYETANO!

 
+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes