Homilía en la misa de la 35º Peregrinación Diocesana a Luján (10/11/2013)

Como miembros del pueblo de Dios que está en la diócesis de Quilmes, venidos de los partidos de Berazategui, Florencio Varela y Quilmes, venimos peregrinando hasta esta casa de la Virgen, casa del pueblo argentino.

Qué alegría tenemos también este año. Uno de los tantos peregrinos de Luján, hoy es el Obispo de Roma: FRANCISCO. Desde acá lo acompañamos con nuestro cariño y nuestra oración.

Esta es la 35ª Peregrinación que realiza nuestra Diócesis. Este año, terminando el Año de la Fe, lo hacemos con el lema: “Con la Virgen y Brochero, peregrinos de la fe”.

Son dos grandes modelos que nos acompañan en el camino: la Virgen de Luján y el Cura Brochero.

Venimos a encontrarnos con nuestra Virgencita. Ella sabe de penas y alegrías, de ausencias y de compañías, de tristezas y de consuelos, de lágrimas y de suspiros, de ternura y de firmeza, de confianza y de abandono, de trabajos y de silencios, de ruegos y de acción de gracia. Todo lo que el alma humana siente y vive, ella lo ha experimentado y sabe lo que nos hace falta. Por eso venimos confiados, como los hijos acuden a los brazos y al pecho de la madre. Ella nos recibe y nos cubre con su manto de ternura maternal. Y tantas veces se lo decimos en el año, hoy lo repetimos con todo sentimiento: “vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos”. Hay tantas heridas en nuestros corazones. Heridas causadas por las injusticias, por el egoísmo, por el interés mezquino, por el maltrato, por la arrogancia. Heridas que causa el pecado que anida en nuestro pobre y frágil corazón, que equivocadamente quiere construir la vida lejos de Dios y del amor verdadero. Es cuando todo se vuelve un infierno, en donde dejamos de ser humanos y nos convertimos en objetos, librados al capricho y a la ambición sin límites. Las heridas que causa esa dañina peste que ha venido para quedarse entre nosotros: la droga.

“Cuando este mal se instala en los barrios destruye las familias, siembra miedo y desconfianza entre los vecinos, aleja a los chicos y a los jóvenes de la escuela y el trabajo. Tarde o temprano algunos son captados como ayudantes del “negocio”. Hay gente que vende droga para subsistir, sin advertir el grave daño que se realiza al tejido social y a los pobres en particular” (CEA. “ El drama de la droga y el narcotráfico”,3).

“Esta situación está dejando un tendal de heridos que reclaman de parte de todos compromiso y cercanía. Jesús nos pide que nos inclinemos ante quien sufre y que tratemos con ternura sus heridas” (CE. Idem, 9).

“San Pablo nos enseña a “tener horror por el mal y pasión por el bien” (Rm 12, 9). Por eso no debemos quedarnos solamente en señalar el mal."

A los pies de la Virgen de Lujan, unidos a los Obispos argentinos:

“Alentamos en la esperanza a todos los que buscan una respuesta sin bajar los brazos:
A las madres que se organizan para ayudar a sus hijos.
A los padres que reclaman justicia ante la muerte temprana.
A los amigos que no se cansan de estar cerca y de insistir sin desanimarse.
A los comunicadores que hacen visible esta problemática en la sociedad.
A los docentes que cotidianamente orientan y contienen a los jóvenes.
A los sacerdotes, consagradas, consagrados y laicos que en nuestras comunidades brindan espacios de dignidad humana.
A los miembros de fuerzas de seguridad y funcionarios de otras estructuras del Estado que aún a riesgo de su vida no se desentienden de los que sufren.
A todos los que resisten la extorsión de las mafias” (CEA: Idem, 10).

Nos unimos a la Iglesia en la Argentina para celebrar el “Día Nacional del Enfermo”. Tomamos como tema: “Salir al encuentro del que sufre”.

No es necesario que les recordemos la realidad del sufrimiento del hombre de hoy. De muchas maneras se busca huir del mismo, pero al sufrimiento lo tenemos cada uno, lo tienen las familias, lo tiene la sociedad entera.

Hay una sensación de vacío e impotencia, de cansancio y desaliento ante tantas presiones, esclavitudes y dolencias que el hombre mismo se inflige cuando vive alejado de Dios y de sus mandamientos. Lo recuerda el Concilio Vaticano II, que da la respuesta en su mensaje a los enfermos: “La única verdad capaz de responder al misterio del sufrimiento y de daros un alivio sin engaño es la fe y la unión al Varón de dolores, a Cristo, Hijo de Dios, crucificado por nuestros pecados y nuestra salvación”.

Por eso suena tan actual la invitación de Jesús: “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana” (Mt 11, 28-30).

El Señor nos llama hoy a asumir desde la fe el propio sufrimiento, y también a salir al encuentro de los hermanos que sufren. Jesús nos dice: “Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas” (Mt 7, 12).

Como Pedro y Juan, que al paralítico, que pedía limosna junto a la puerta del templo, no le ofrecieron plata ni oro, sino a Jesucristo (Hechos 3, 2-6), así también nosotros hoy podemos y debemos ofrecerle esto al hermano enfermo: acercarnos, mirarlo, y ofrecerle a Cristo, desde nuestra fe vivida por la caridad y donada por el servicio. El servicio realizado desde la fe es sanador. Por eso podemos ser presencia sanadora para nuestros hermanos enfermos o desanimados. (Carta Pastoral de la Comisión de Episcopal de la Salud, 2013)

En este Día Nacional del Enfermo, acá en Luján, la gente de Cáritas Quilmes estará vendiendo los bonos contribución por solo 10 $. Es la campaña solidaria para comprar medicamentos destinados a abastecer los 14 Bancos Solidarios de Medicamentos que funcionan en la diócesis. Más de dos mil personas pasan mensualmente buscando remedios que no pueden conseguir o adquirir. Nos acompañan Cristina Lorenzo, secretaria, y Veronica Rios, vice-directora de Cáritas Quilmes.

Cada año que venimos a Luján, recordamos a nuestro querido primer Pastor diocesano, el Padre Obispo Jorge Novak. Hoy lo tenemos presente al haberse cumplido los 30 años del Primer Sínodo Diocesano: Sínodo de la Palabra, de la Evangelización. En el Mensaje Final leemos:

“Sigamos caminando juntos, comprometiéndonos, sepamos recibir y hacer fructificar este Don de Dios que ha sido generoso y misericordioso colmando la pobreza de nuestros esfuerzos. Ya estamos gracias a Dios en camino. Siempre debemos marchar en comunión. Ayudémonos a buscar a los que se han extraviado, a los que por dolor han caído vencidos, a los que han perdido la esperanza, a los que aún no han recibido la Palabra de Dios. Dios necesita de todos sus hijos. Seamos misioneros del Pueblo de Dios. 1983. Año Santo de la Redención”.

Mirando a la Virgen de Luján nos acordamos del P. Gino. Este año hemos celebrado los 30 años de la Casa de Espiritualidad “Cura Brochero”. Como un gesto de agradecimiento y a la vez, como un pedido de intercesión de la Virgencita, hoy hago público el decreto de nombramiento del nuevo Vicario de Evangelización, el P. Lucio Daniel Carvalho Rodrígues, y como encargado de la Casa Cura Brochero. En continuidad con el Año de la Fe, queremos seguir dando un renovado impulso a nuestro compromiso en la Misión Permanente a la que nos convoca el Papa Francisco, según el espíritu de Aparecida.

No podemos olvidar que hoy es el “Día de la Tradición”. José Hernández, nació el 10 de noviembre de 1834, hijo de don Rafael Hernández y de doña Isabel Pueyrredón . Fue poeta, periodista, orador, comerciante, contador, taquígrafo, estanciero, soldado y político.

En su conocida obra “El gaucho Martin Fierro” y “la vuelta de Martín Fierro”, trata de un gaucho argentino que canta sus trágicas aventuras que la injusticia social lo transforma en matrero. En su poesía criolla se juega la libertad y la igualdad como un acto utópico para la civilización, defiende al preso, al indigente, al oprimido, al obrero, al peón y cree profundamente en la Biblia. (402)

“Gracias le doy a la Virgen,
gracias le doy al Señor
porque entre tanto rigor
y habiendo perdido tanto,
no perdí mi amor al canto
ni mi voz como cantor.”

Hoy venimos a Luján unidos en el lema: “Con la Virgen y Brochero, peregrinos de la fe”. Este año tuvimos la dicha de ser testigos de la beatificación de nuestro Cura Gaucho. Le damos gracias a la Virgen por este gran acontecimiento, y sea Brochero nuestro intercesor y modelo de discípulo y misionero de Jesús. Por eso concluyo estas palabras una oración que el Beato José Gabriel del Rosario Brochero hacía a la Purísima, en una plática de los Ejercicios Espirituales, sobre la Última Cena:

¡Oh María Madre nuestra!
Alcánzanos la gracia de reconocer los tesoros y riquezas
que tu hijo nos dejó en este Sacramento de amor.
Alcánzanos las gracias necesarias
para llegar a él con mucha frecuencia
a enriquecernos con sus virtudes.
Que nos sea muy doloroso, Madre nuestra,
apartarnos de este Sacramento,
como es doloroso al niño el separarse de los pechos
de la madre que lo alimenta con su propia sangre.
Porque desde hoy queremos amar a tu Hijo
para devolverle amor por amor.
Si tú nos ayudas, Madre nuestra,
no nos ha de costar el amor a tu Hijo
que tanto nos amó y es tan digno de ser amado.
Si amamos a los autores de nuestros días,
a nuestros hermanos, a nuestros parientes,
a nuestros amigos y bienhechores,
¿cómo no amaremos a nuestro Salvador Jesús,
más que nuestro buen padre, nuestro hermano querido,
nuestro amigo fiel, nuestro bienhechor temporal y eterno?
Es lo que a todos deseo.

Pidámosle a la Purísima todo esto, de todo corazón.
 


+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes