logo obispo ctissera05Mensaje de Navidad 2020 

«Vayamos a Belén, y veamos lo que ha sucedido
y el Señor nos ha anunciado»
Lc 2, 15

 
Queridas hermanas y queridos hermanos:

La Navidad de este 2020 será, sin lugar a dudas, una Navidad diferente. Navidad en tiempos de pandemia, Navidad en medio de una crisis sanitaria que golpea al mundo entero y repercute de tantas maneras —a nivel laboral, económico, educativo, social e incluso eclesial— en la vida cotidiana de nuestras familias y en nuestros pueblos. Como una tempestad que repentinamente lo sacude todo, la pandemia “desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades... Nos muestra cómo habíamos dejado dormido y abandonado lo que alimenta, sostiene y da fuerza a nuestra vida y a nuestra comunidad. (...) Con la tempestad, se cayó el maquillaje de esos estereotipos... y dejó al descubierto, una vez más, esa (bendita) pertenencia común de la que no podemos ni queremos evadirnos; esa pertenencia de hermanos” (Papa Francisco, Homilía en el momento extraordinario de oración en tiempos de epidemia, 27 de marzo de 2020).

Desde nuestra vulnerabilidad y fragilidad, como aquellos pastores que cuidaban sus rebaños a la intemperie, esta Navidad también nosotros estamos invitados a ir a Belén una vez más y ver lo que ha sucedido y el Señor nos había anunciado (cf. Lc 2, 15). Un niño recién nacido habla al corazón de la humanidad, llamándola a dejarse iluminar en la noche oscura. La Navidad de este año, tal vez más que en muchos otros años, nos habla de vida nueva. Hay en ella una llamada a dejar nacer lo nuevo y a colaborar en su alumbramiento, a convertirnos, a ponernos en camino hacia un estilo de vida más auténtico, sencillo y sano, más atento al clamor de los pobres y de la tierra, más abierto a la comunión con Dios, con los otros, con todo lo creado.

La Navidad de este 2020 será, sin lugar a dudas, una Navidad diferente. Si la crisis de la pandemia ha oscurecido horizontes, despertando inquietud e incertidumbre, la Navidad nos llama a mirarlo todo con ojos nuevos. Vamos a Belén para redescubrir esta esperanza del Evangelio.

Ponernos a la escucha del Evangelio. Para ir a Belén se nos ofrece este camino: la escucha de la Palabra de Dios en la oración. Muchas personas, familias y comunidades han redescubierto, durante los largos meses del aislamiento preventivo, la riqueza de un momento de oración en nuestras casas con el Evangelio de cada día. Al tiempo que agradecemos a todas las personas de distintas comunidades de nuestra Diócesis que vienen trabajando con esmero para animar y acompañar la oración en casa, quisiéramos renovar esta invitación. Que al saludo y al brindis de la Nochebuena le anteceda un momento de oración, tal vez sencillo y sobrio, pero profundo y sin prisas. Y que en el ritmo cotidiano de nuestros días, tantas veces agitados, tantas veces dispersos, no nos falte un momento para que «la palabra de Cristo habite en nosotros con toda su riqueza» (Col 3, 16).

Hacernos cercanos. Belén es la experiencia de la cercanía de Dios. Nada más ajeno a Dios que la distancia, sobre todo esa distancia que genera soledad. El Emmanuel es el Dios que se hace cercanía. También nosotros podemos estar cerca. Celebraremos esta Navidad distanciados, pero no por eso distantes. Las disposiciones sanitarias, con las medidas de prevención y seguridad que nos ayudan a expresar concretamente ese amor que cuida la vida de los otros, nos invitan a ser creativos para vivir la cercanía y la comunión. No nos olvidemos de quienes están solos, de quienes atraviesan momentos difíciles o han perdido un ser querido. Tal vez podamos incluso acercarnos a colaborar en alguna de las muchas iniciativas de solidaridad presentes en nuestros barrios y comunidades.

Gratitud y cercanía. Quisiéramos finalizar este saludo de Navidad renovando nuestro agradecimiento a todas y todos los trabajadores esenciales que sostuvieron nuestra vida en estos largos meses y la siguen sosteniendo ahora.

El tiempo transcurrido desde que se declaró la pandemia nos hizo experimentar en carne propia que “nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes —corrientemente olvidadas— que no aparecen en portadas de diarios y de revistas, ni en las grandes pasarelas del último show pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia: médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos, pero tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo. (...) Cuánta gente cada día demuestra paciencia e infunde esperanza, cuidándose de no sembrar pánico sino corresponsabilidad. Cuántos padres, madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros niños, con gestos pequeños y cotidianos, cómo enfrentar y transitar una crisis readaptando rutinas, levantando miradas e impulsando la oración. Cuántas personas rezan, ofrecen e interceden por el bien de todos” (Papa Francisco, Homilía, 27 de marzo de 2020).

Nuestro agradecimiento va dirigido, ante todo, a las y los trabajadores de la salud, que con entrega admirable, a veces llegando incluso hasta el don de la propia vida, han afrontado en primera línea los desafíos de la emergencia sanitaria; muchas y muchos de ellos pasarán esta Navidad acompañando a los enfermos en hospitales y centros de salud. Tenemos también presentes a las y los educadores; a las y los trabajadores sociales y todo el personal que puso en marcha dispositivos de contención y asistencia en estos meses; a tantas mujeres y tantos hombres que, frecuentemente sin ser notados, han cuidado la salud y la vida de nuestro pueblo. A cada una y cada uno, nuestra sincera gratitud.

Por último, quisiéramos expresar nuestra cercanía y nuestro afecto a todas las familias que han perdido un ser querido en este tiempo.
 
* * *
 
Queridas hermanas, queridos hermanos:
«Vayamos a Belén, y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha anunciado» (Lc 2, 15). Que la contemplación del Dios que se hace hombre, naciendo pobre, vulnerable y frágil, ilumine nuestro propio andar en este tiempo y nos permita vislumbrar, aún en medio de la noche, la esperanza del Evangelio. ¡Feliz Navidad!

 
+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

+ Marcelo Julián Margni
Obispo Auxiliar de Quilmes
 
Quilmes, 22 de diciembre de 2020.