Homilía de la celebración diocesana por la beatificación del Cura Brochero
(22/09/2013)

Queridos hermanos, que lindo día de fiesta para nosotros, aunque uno desearía un poco más de sol, pero es el día que también tuvimos para la beatificación en Córdoba, muy parecido.

Y realmente los corazones al fueguito de ese amor grande que tenemos a Dios y tenemos a sus elegidos, como José Gabriel del Rosario, el Cura Brochero que ha guiado el caminar de tantos de nosotros, de todos los que estamos acá y desde esta casa que lleva su nombre. De la mano del p. Gino que fue realmente el que encarnó aquellas cosas que animaron el alma, la vida, el ministerio del Cura Brochero.

Este evangelio que hemos escuchado hoy: “… porque si eres fiel en lo poco serás fiel en lo mucho…” y “… no se puede servir a Dios y al dinero… ” ( Lc. 16, 10-13 ), esto lo tenía muy claro en el alma el Cura Brochero desde su juventud y por eso quería contagiar a todos de esa claridad. Claridad que nacía del discernimiento que brota de esos ejercicios espirituales, en donde uno empieza a olfatear por donde está el camino de Dios y por dónde va el camino del mundo. Él lo quiso llevar al corazón de los más humildes y pobres que no podían acceder a hacer esos ejercicios. A esos retiros, “baños del alma” como él le llamaba, los popularizó, los hizo accesible a todos. Ya sabemos la historia, como él primero llevándolos a través de las sierras grandes hasta Córdoba y después haciendo la casa de ejercicios allí en Villa del Tránsito, hoy Villa Cura Brochero, para que esas mujeres y esos hombres en su sencillez, pudieran descubrir que servir a Dios es realmente lo más hermoso que nos puede pasar en la vida.

Abrazarnos a él y dejarnos conducir por su espíritu es nuestra verdadera liberación y eso como cristiano que era, verdaderamente un santo, él lo quiso transmitir a los demás. Y en este día que nosotros damos gracias a Dios por tenerlo ya como beato, como modelo y como intercesor, está bien ubicarlo donde el desarrollo su ministerio pastoral. Muchos hemos podido ir hasta allá, conocemos Córdoba, ese valle que se le llama traslasierra. Les decía yo hace un tiempo, cuando celebramos los 30 años de esta casa este año, que había un cura que era el vicario parroquial, (en ese tiempo se llamaba Teniente Cura), acá en Quilmes, el p. Ayrolo; que fue para allá por cuestiones de salud, porque sufría de los pulmones, a respirar el aire de Córdoba. Se ve que era mejor ir para allá por su salud y allí paso un tiempo largo. Le escribía a su cura y amigo al p. Rossi, el párroco. Realmente era una persona muy detallista, entonces para ubicar cómo seria Cura Bróchero, Villa del Tránsito en 1897. Les cuento lo que él escribía en ese periódico que había acá en Quilmes, muy cerca de nosotros, él contaba:
“… Te diré algo de lo más notable que hay en este departamento: es el Cura José Gabriel Brochero. Hombre de baja estatura, de unos 57 años, frente algo deprimida, boca y orejas bastante notables, nariz gruesa, ojos medios turbios y tiernos, color tostado… creo que es una de las obras que se le escapó al Creador sin darle la segunda mano pero que, por lo mismo, lo tomó el Redentor para hacer de él un apóstol único sin duda ninguna en toda la República , por su celo, por su carácter, su modo de ser, su virtud, por los extraños modos de evangelizar.
Bajo la corteza más grotesca con que se pudiera pintar a un sacerdote, ya sea en su traje, ya en su modo de hablar, encierra Brochero un corazón más grande que todo el departamento de que es digno Cura. De carácter alegre y comunicativo, franco como un niño, está siempre dispuesto a servir a todo el mundo, tanto al rico como al pobre, al bueno como al malo. Su mano siempre está abierta cuando se trata de socorrer alguna necesidad.
En esta temporada de verano, él es el hombre que ha provisto de casa a muchas familias que han venido a veranear. Su casa sirve de domicilio a dos familias: Cárcano y Ferreira, él se ha reducido a un pobre cuarto donde tiene un rústico catre, sin sillas ni ajuar. Brochero es pobre pudiendo ser el más rico.
Reinando en su Curato la ignorancia, indiferencia, borrachera y robo, lleno de celo emprendió la obra de evangelizarlo por medio de los Ejercicios Espirituales y no teniendo en su curato cómo darlos, se propuso llevar a la ciudad de Córdoba a sus feligreses para que allí pudiesen recibirlos. Pero ¿cómo arrastrar a esta clase de gente que no conocía ni de que se trataba? ¿cómo conducir a un número de hombres y señoras a 30 leguas por entre caminos asperísimos? Muy sencillamente. Dejémoslo contar a él: “Preguntaba yo, ¿cuál era el hombre más condenau, mas borracho y ladrón de la comarca? En seguida le escribía una cartita diciéndole que pensaba pasar dos días en su casa, decir misa, predicar y confesar y que, por tanto, avisase a sus amigos. Que pucha; yo sabía que de esa manera esa gente me iba a escuchar, porque si iba a unas casa buena esos pícaros no se iban a acercar. Ahí no más, les decía que me había costiau para hacerles bien y que quería enseñarles el modo de salvarse, y que todos estaban condenaus y, que bien podía ver ellos, que yo no tenía ningún interés porque ¿qué podía importárseme a mí que se los llevasen todos los diablos si no fuera por Jesucristo? Y aquí sacaba el Santo Cristo, ahijuna y se me echaban a llorar. Que yo no sé cómo Dios me ponía esas cosas en el pico.
Yo les decía: - Bueno, este sermón no vale nada; mañana va a ser lo bueno. Avisen a todas sus relaciones – Ahí no más empezaba a confesar.
Un día que di la comunión a mucha de esa gente se me acerca una mujer y me dice:
- Padre, fulano hace una hora que ha comulgau y ya está mamau como una cabra… Ahijuna – dije yo… busqué al gaucho y le dije – Pero, hombre, ¿como ha sido eso?
- Ah Padre -me contestó- hacia veinte años que no comulgaba y de puro gusto me he mamau”. ( CEB, Liliana de Denaro, “ La Faceta Periodistica del Cura Brochero”, pag. 194-195).

Bueno quedo ahí, es más largo, él describe como era la sierra, el pueblo, lo que había, la parroquia, el colegio de las niñas, etc. Y bien, nosotros en la oración que siempre hacemos, pidiendo antes su beatificación, ahora pidiendo ya su canonización, decimos a Dios que él dispuso que José Gabriel fuera pastor y guía de una porción de su pueblo. Que lo esclareció por su celo misionero, su predicación evangélica, y una vida pobre y entregada. Son, creo, las palabras que resumen lo que fue la vida de este hombre. Su celo misionero; la palabra celo ahora tiene otras connotaciones ¿no es cierto? Su pasión por la misión, era un hombre que no despreciaba ningún medio para que la gente se encontrara con Jesús. Era un misionero de alma, un hombre que además tenía una predicación que nacía del puro evangelio y lo traducía en el lenguaje de la gente. Y también una vida pobre y entregada, nada quiso para él, todo para los demás, se gastó y se desgastó hasta lo último: su enfermedad. Yo quiero terminar con las palabras más autorizadas, precisamente, las que escuchamos el otro sábado en la beatificación, las del Papa Francisco, y son las que hoy quiero sembrar en el corazón de todos ustedes, en este día en que damos gracias a Dios por la beatificación:
“Que finalmente el Cura Brochero esté entre los beatos es una alegría y una bendición muy grande para los argentinos y devotos de este pastor con olor a oveja, que se hizo pobre entre los pobres, que luchó siempre por estar bien cerca de Dios y de la gente, que hizo y continúa haciendo tanto bien como caricia de Dios a nuestro pueblo sufrido. Me hace bien imaginar hoy a Brochero párroco en su mula malacara, recorriendo los largos caminos áridos y desolados de los 200 kilómetros cuadrados de su parroquia, buscando casa por casa a los bisabuelos y tatarabuelos de ustedes, para preguntarles si necesitaban algo y para invitarlos a hacer los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola. Conoció todos los rincones de su parroquia. No se quedó en la sacristía a peinar ovejas.
El Cura Brochero era una visita del mismo Jesús a cada familia. Él llevaba la imagen de la Virgen , el libro de oraciones con la Palabra de Dios, las cosas para celebrar la Misa diaria. Lo invitaban con mate, charlaban y Brochero les hablaba de un modo que todos lo entendían porque le salía del corazón, de la fe y el amor que él tenía a Jesús.
José Gabriel Brochero centró su acción pastoral en la oración. Apenas llegó a su parroquia, comenzó a llevar a hombres y mujeres a Córdoba para hacer los ejercicios espirituales con los padres jesuitas. ¡Con cuánto sacrificio cruzaban primero las Sierras Grandes, nevadas en invierno, para rezar en Córdoba capital! Después, ¡cuánto trabajo para hacer la Santa Casa de Ejercicios en la sede parroquial!
Allí, la oración larga ante el crucifijo para conocer, sentir y gustar el amor tan grande del corazón de Jesús, y todo culminaba con el perdón de Dios en la confesión, con un sacerdote lleno de caridad y misericordia. ¡Muchísima misericordia!
Este coraje apostólico de Brochero lleno de celo misionero, esta valentía de su corazón compasivo como el de Jesús que lo hacía decir: « ¡Guay de que el diablo me robe un alma!», lo movió a conquistar también para Dios a personas de mala vida y paisanos difíciles. Se cuentan por miles los hombres y mujeres que, con el trabajo sacerdotal de Brochero, dejaron el vicio y las peleas.
Todos recibían los sacramentos durante los ejercicios espirituales y, con ellos, la fuerza y la luz de la fe para ser buenos hijos de Dios, buenos hermanos, buenos padres y madres de familia, en una gran comunidad de amigos comprometidos con el bien de todos, que se respetaban y ayudaban unos a otros.
En una beatificación es muy importante su actualidad pastoral. El Cura Brochero tiene la actualidad del Evangelio, es un pionero en salir a las periferias geográficas y existenciales para llevar a todos el amor, la misericordia de Dios. No se quedó en el despacho parroquial, se desgastó sobre la mula y acabó enfermando de lepra, a fuerza de salir a buscar a la gente, como un sacerdote callejero de la fe.
Esto es lo que Jesús quiere hoy, discípulos misioneros, ¡callejeros de la fe!
Brochero era un hombre normal, frágil, como cualquiera de nosotros, pero conoció el amor de Jesús, se dejó trabajar el corazón por la misericordia de Dios. Supo salir de la cueva del «yo-me-mi-conmigo-para mí» del egoísmo mezquino que todos tenemos, venciéndose a sí mismo, superando con la ayuda de Dios esas fuerzas interiores de las que el demonio se vale para encadenarnos a la comodidad, a buscar pasarla bien en el momento, a sacarle el cuerpo al trabajo.
Brochero escuchó el llamado de Dios y eligió el sacrificio de trabajar por su Reino, por el bien común que la enorme dignidad de cada persona se merece como hijo de Dios, y fue fiel hasta el final: continuaba rezando y celebrando la misa incluso ciego y leproso.
Dejemos que el Cura Brochero entre hoy, con mula y todo, en la casa de nuestro corazón y nos invite a la oración, al encuentro con Jesús, que nos libera de ataduras para salir a la calle a buscar al hermano, a tocar la carne de Cristo en el que sufre y necesita el amor de Dios. Solo así gustaremos la alegría que experimentó el Cura Brochero, anticipo de la felicidad de la que goza ahora como beato en el cielo.
Pido al Señor les conceda esta gracia, los bendiga y ruego a la Virgen Santa que los cuide”.

Y así, entonces, con las palabras del sucesor de Pedro (que nos parece increíble, pero es así) él que tiene esta misión tan difícil de acompañarnos en la fe, de confirmarnos en la fe. Que realmente podamos ser esos callejeros de la fe, aquí, en este ambiente donde estamos nosotros, siguiendo este camino de esta casa de espiritualidad Cura Brochero, y en cada barrio, en cada lugar de nuestra querida Diócesis de Quilmes.

He dispuesto en estos días que el p. Lucio sea el Vicario de la Evangelización. Èl, que ha mamado en esta casa, del p. Gino, toda esta espiritualidad misionera, nos acompañe, me ayude, a que el evangelio de Jesús sea conocido, que Jesús sea amado y seguido por tantas personas, niños, jóvenes, mayores, los que sufren, los olvidados, aquellos que por allí no han tenido la oportunidad de que alguien les hable de amor y misericordia. Que realmente entre todos podamos aprender del Cura Brochero, del p. Gino, de los grandes evangelizadores, para transmitir la fe en este mundo cambiante. Nosotros somos los que tenemos la responsabilidad y la misión de evangelizar. Es lo más hermoso que nos pueda pasar a cada uno de nosotros, ser un discípulo y misionero de Jesús. La Virgen Madre de Luján nos acompañe; el Cura Brochero nos alienta. Hermanos y Hermanas: gloria a Dios por tener a Brochero en el cielo acompañándonos todos los días. Acudamos siempre a él con confianza, que nada nos faltara.

 


+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes