Homilía de la Vigilia Pascual 2021   
 
Iglesia Catedral – Sábado 03 de abril de 2021

 Hermanas y hermanos:

¡Feliz Pascua!

“Cuando salía el sol, fueron al sepulcro…” Es preciosa la imagen que pinta el evangelio de Marcos. El sol de la Pascua. Es el Sol que no tiene ocaso y que viene a disipar las tinieblas de la humanidad entera ¡El Señor Jesús ha resucitado!

El Cirio Pascual ha disipado la oscuridad de la noche. Se iluminan nuestros corazones con la luz de Cristo Resucitado.

Las tres mujeres, María Magdalena, María la madre de Santiago y Salomé son testigos de la muerte y sepultura de Jesús y también de su resurrección. Cuando van con sus perfumes, tienen aún grabada la imagen del crucificado; han llorado con pesar la muerte del amigo; pero no lo han dejado. Quieren ver, tocar y perfumar el cuerpo de Jesús, como una manera de tenerlo presente. Se preguntaban quién podría ayudarlas a correr la pesada piedra. Solas habían quedado junto a la cruz; los discípulos habían huido. Ahora también vuelven solas al sepulcro. La imagen de la piedra del sepulcro está patente a sus ojos y en sus oídos resuena aún el ruido crujiente de su rodar sobre la puerta del sepulcro. Es el momento más duro y pesado de sus vidas, tanto como el peso de aquella piedra. “Pero al mirar, vieron que la piedra había sido corrida, era una piedra muy grande” Qué imagen tan sencilla para expresar lo más maravilloso de la historia de la humanidad. Dios ha intervenido, se ha metido en nuestra historia para remover la pesada piedra de la muerte.

Las mujeres al entrar al sepulcro vieron a un joven con vestiduras blancas. Ante la sorpresa de las mujeres, él les dice: “No teman, ustedes buscan a Jesús de Nazareth, el Crucificado. Ha resucitado” Buscaban a un muerto y se encuentran con que de la muerte ha surgido la vida. El poder de la muerte ha sido vencido: “No está aquí”. No deja de ser un mensaje misterioso. No entienden plenamente. Aún el temor está en sus corazones. Ellas salen corriendo, temblando y con angustia. No dicen nada a nadie porque tenían miedo. Aún pesa en ellas la esperanza de otro tipo de Mesías.

Sin embargo, van con un envío, una misión. Decir a los apóstoles que vayan a Galilea, allí donde había comenzado todo. Son las encargadas de convocar de nuevo a la comunidad dispersa durante los dolorosos momentos de la pasión. Pedro y los demás discípulos, animados por las mujeres, deberán desandar el camino que los llevó a la entrada triunfal en Jerusalén. Regresaran a la humildad de las orillas del lago donde experimentaron el llamado, para salir de allí hacia todos los pueblos. Desde las periferias iniciar el camino del anuncio de Jesús vivo, el anuncio de la alegría del Evangelio. Sin otro poder que el del Espíritu del Resucitado. Es empezar de nuevo, con toda humildad y sencillez, y rehacer el camino que hizo Jesús hacia la cruz, desde la Galilea de los gentiles; ya no a Jerusalén, sino a todos los pueblos, anunciando que la vida es más fuerte que la muerte, que el amor es más fuerte que el odio.

Nuestro agradecimiento a todas las personas, varones y mujeres que han creído en la vida, y que se han jugado en el servicio a los demás, en el trabajo humilde y esencial, en los lugares de atención a los enfermos, en los comedores y merenderos esparcidos por las zonas más humildes. Nuestro reconocimiento y agradecimiento a quienes en tiempos de pandemia, apostaron por la salud de todos, especialmente de los más frágiles y desprotegidos.

Gracias a las personas que han hecho posible que nuestras celebraciones de la Semana Santa puedan ser compartidas, a través de las redes sociales y de la radio, por tantas hermanas y hermanas de toda la diócesis de Quilmes, como también de otros lugares del país y fuera de él.

Es la fe hecha entrega generosa. Es la semilla que cae en tierra y muere para dar fruto.

¡Feliz Pascua!

 
+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes