Homilía del Domingo del Buen Pastor   
IV Domingo de Pascua
Capilla del Obispado – 25 de abril de 2021

 
Hermanas y hermanos:

En este IV Domingo de Pascua, tradicionalmente llamado “Domingo del Buen Pastor”, celebramos la 58ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Por eso nos unimos a toda la Iglesia para orar para que aquellas personas que sienten el llamado del Señor a seguirlo en el servicio al pueblo de Dios, en diferentes estilos de vida y ministerios, puedan responderle con generosidad y alegría.

Cada año leemos el evangelio de San Juan donde Jesús se autodefine como el Buen Pastor, y con ello se identifica con Dios que, con frecuencia, se dio a conocer en los profetas y salmos como el gran Pastor de Israel. Jesús legitima su título de Pastor porque “da la vida por sus ovejas”. En el salmo 23, hoy rezamos “El Señor es mi Pastor, nada me puede faltar”, expresando así nuestra confianza en Él.

Jesús es el Pastor que “tiene el poder para entregar su vida y recobrarla” (Jn. 10, 18). Él es el que ha vencido el poder de la muerte y en cuyo Nombre Pedro cura al paralítico, el único Nombre salvador de todos, como escuchamos en la primera lectura (Hch. 4, 12)

Jesús se presenta con el título “Yo soy” que es el eco del Yo-Soy (Yahvé) divino del Antiguo Testamento, que conlleva un mostrarse como Dios decidido y comprometido con su pueblo: Yo soy y seré para siempre Pastor que salva a las ovejas. Él no es el asalariado a quien no pertenecen las ovejas. El Buen Pastor se presenta con estas dos características: da la vida por las ovejas; conoce a las ovejas y las ovejas lo conocen a Él.

“Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da la vida por sus ovejas” (Jn. 10, 12) Se compara con el asalariado para dejar bien claro que nos ama como posesión suya; no como una cosa, sino con una pertenecía de amor, como los padres con sus hijos, o la mutua pertenencia de los esposos. “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos” (Jn. 15, 13) Manifiesta así la seriedad infinita, la sinceridad y desinterés absoluto con que asume el cargo de pastorear. Jesús hace frente al enemigo, se arriesga hasta la muerte, se inmola por su rebaño. Así se asemeja también al Siervo sufriente de Isaías (52, 13-53, 12). La cruz será el bastón, el cayado de ese Pastor.

Vienen a nuestra memoria cuántas y cuántos cristianos, algunos más cercanos a nosotros, que encarnaron a ese buen Pastor. El beato obispo mártir Enrique Angelelli y sus compañeros Mártires Riojanos; el obispo mártir San Oscar Romero; el Santo Cura Brochero; los santos mártires Rioplatenses San Roque González y compañeros; nuestro Padre Obispo Jorge Novak; tantos santos pastores en la historia de la Iglesia. También mujeres entregadas al Reino, sufriendo tanta clase de incomprensiones y persecuciones, como Mama Antula, la Madre Tránsito Cabanillas y tantas hermanos y tantos hermanos que se jugaron por el Evangelio de Jesús.

“Yo soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí” (Jn. 10, 14) Es un conocer que resulta de la comunión de las personas. Es una relación de intimidad, semejante a la que tiene Jesús con el Padre: “como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre” (v. 15) Dios nos ama, esta es el gran anuncio, y lo revela en Jesús que da la vida. Es sabernos tan queridos que “nada me puede faltar”, como reza el Salmo 23. “Es un amor «que no aplasta, es un amor que no margina, que no se calla, un amor que no humilla ni avasalla. Es el amor del Señor, un amor de todos los días, discreto y respetuoso, amor de libertad y para la libertad, amor que cura y que levanta. Es el amor del Señor que sabe más de levantadas que de caídas, de reconciliación que de prohibición, de dar nueva oportunidad que de condenar, de futuro que de pasado» (Francisco. CV 116)

En este camino sinodal de la diócesis de Quilmes, nos acompaña como un ícono ese momento de la vida de Jesús, cuando busca tomarse un descanso con sus discípulos y cruza a la otra orilla y, “Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato” (Mc. 6, 34)

En este tiempo de pandemia, en este domingo del buen Pastor, el Señor nos invita a la compasión. A no quedarnos mirando nuestro pequeño espacio individual, nuestros gustos y propios deseos, y sepamos dejarnos impactar por el dolor y sufrimiento que vive la inmensa mayoría de nuestro pueblo, atravesados por el dolor y sufrimiento que causa la enfermedad y la muerte; con las necesidades básicas muy comprometidas. No es tiempo para mezquindades, para intereses de pequeños grupos que gozan de bienestar y seguridad, y exigen cosas que no hacen al bien común de la sociedad que sólo quiere salvar la vida. Un poco de compasión. Al menos, intentar ponerse en el lugar del que no tiene nada, que no tiene influencias, que hasta a veces no figura con un domicilio. Es tiempo de compasión, de misericordia, de amor.

Como cada año, el Papa brinda su Mensaje para esta Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Este año lo ha titulado: “San José: el sueño de la vocación”. En el año dedicado a San José, ha querido destacar algunas actitudes de quien fue el custodio de la Sagrada Familia de Nazareth. Hombre de sueños, pero no de quimeras, sino de deseos de hacer lo que Dios le pedía, renunciando a sus propios proyectos. Dice el Papa: “Que él ayude a todos, especialmente a los jóvenes en discernimiento, a realizar los sueños que Dios tiene para ellos; que inspire la iniciativa valiente para decir “sí” al Señor, que siempre sorprende y nunca decepciona”. Hombre de servicio, siempre vivió para los demás. Generoso, protector, audaz, firme, sencillo, trabajador. José fue un hombre “justo”, vale decir, un hombre fiel“Medita, reflexiona, no se deja dominar por la prisa, no cede a la tentación de tomar decisiones precipitadas, no sigue sus instintos y no vive sin perspectivas. Cultiva todo con paciencia. Sabe que la existencia se construye sólo con la continua adhesión a las grandes opciones. Esto corresponde a la laboriosidad serena y constante con la que desempeñó el humilde oficio de carpintero”.

Las virtudes de San José, son las virtudes que encarna el pastor, llamado para cuidar a su Iglesia. El pueblo necesita pastores, ministros que prediquen el Evangelio, que alimenten a los creyentes con la gracia de los sacramentos, que los ayuden a formar y a vivir en fraternidad, en comunidad. Por eso rezamos por nuestros seminaristas, por todos los que sienten el llamado de Dios para consagrarse al Señor. Por aquellos que tienen la misión de acompañar a esas vocaciones en el Seminario y en las casas de formación religiosa. Rezamos por los sacerdotes y diáconos ya ordenados, para que vivamos nuestra misión con fidelidad y con alegría. También rezamos por las religiosas y religiosos, por las vírgenes, consagradas y consagrados, y por aquellas personas que sienten en sus corazones el llamado a servir.

Nos unimos a la Comunidad Parroquial “Jesús Buen Pastor” de San Francisco Solano, y a las capillas que hoy celebran su fiesta patronal.

Que Jesús Buen Pastor cargue sobres sus hombros a las hermanas y hermanos más frágiles, los enfermos y las personas mayores, los abandonados y olvidados, los que se sienten solos y maltratados, los que han perdido su trabajo o que no tienen donde vivir. Que el buen Pastor fortalezca con su amor compasivo a los que sirven a los demás, particularmente a los contagiados de Covid y la pasan mal. Que el buen Pastor ilumine y anime a los dirigentes de la sociedad y a los gobernantes, para que busquen servir, en todo momento, al bien común, y cuenten con la colaboración positiva y activa de los ciudadanos.

El buen Pastor vive entre nosotros. Dejémonos amar por Él. Dejémonos pastorear por Él. Dejémonos levantar por Él, tantas veces que caigamos. Descansemos en sus brazos amorosos. “Él nos permite levantar la cabeza y volver a empezar, con una ternura que nunca nos desilusiona y que siempre puede devolvernos la alegría” (CV 119)

El mismo Jesús dijo: «Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28,20). “Él lo llena todo con su presencia invisible, y donde vayas te estará esperando. Porque Él no sólo vino, sino que viene y seguirá viniendo cada día para invitarte a caminar hacia un horizonte siempre nuevo”

Tenemos la presencia de los santos que hacen cercana la figura del buen Pastor. Uno de ellos, el Beato Obispo Mártir Enrique Angelelli. En un poema que escribió cuando cumplió sus 25 años de sacerdote, en una de sus estrofas dice:
 
Mi vida fue como el camino
pegadita al arenal,
para que la transite la gente
pensando: “hay que seguir
Andando, nomás”

 
+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes