logo obispo ctissera05HOMILIA de la XXVI Misa de la Esperanza  
Cruce Varela – sábado 20 de noviembre de 2021

«A los pobres los tienen siempre con ustedes» (Mc 14,7)

Hermanas y hermanos:

¡Qué alegría poder encontrarnos! Es lo que más repetimos en estos tiempos donde los efectos de la pandemia parecen mitigarse porque la vacunación sigue en marcha. ¡Qué bueno lo presencial, vernos las caras, compartir la mesa del fin de semana con familiares y amigos, poder estar junto a la cama de los enfermos, pasar un rato en casa de los abuelos…! Es parte de lo que hoy venimos a celebrar. Que estamos vivos y que juntos podemos agradecer.

Pero el sufrimiento no ha cesado. La pobreza duele, la falta de trabajo angustia, la enfermedad sigue siendo una preocupación, la inseguridad cunde y golpea fuerte, la violencia institucional se ensaña con los más desprotegidos, la desigualdad es cada vez más marcada, la corrupción se anida en amplios espacios de poder, la democracia es entorpecida por oscuros intereses, la ambición de los poderosos es cada vez más inescrupulosa. Esto no es sólo en estas latitudes del continente, sino que es un mal universal. Lo cual no nos consuela, pero sí no hace ver que estamos como David enfrentando a Goliat.

Por todo eso, y mucho más, celebramos la Misa de la Esperanza. Cómo hace más de dos décadas tuvo la iniciativa nuestro querido Siervo de Dios, el Padre Obispo Jorge Novak. Su fe inquebrantable, su amor constante y su esperanza sostenida lo llevaron a convocarnos en torno a la Palabra de Dios y el sacramento del Amor: la Misa. La llamó “Misa de la Esperanza”.

Su última Misa de la Esperanza fue el 25 de noviembre del 2000. La primera fue en 1996. Eligió el Cruce Varela, porque aquí convergen los tres partidos que conforman la Diócesis: Berazategui, Florencio Varela y Quilmes.

Las lecturas de su última Misa de la Esperanza fueron las mismas que hoy se han proclamado, correspondientes a la Solemnidad de Cristo Rey del Universo.

Lo hemos oído. Jesús declara abiertamente ante Poncio Pilato: “Yo soy rey”. Reivindica para sí este título, conocido en la tradición mesiánica de Israel que esperaba un mesías glorioso que ocuparía el trono de David, pero Jesús le cambia totalmente el sentido: “Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad”. El sistema de poder, los reinos “de este mundo” están fundados sobre la mentira. Jesús es el testigo de la verdad. Ha venido para manifestar la verdad sobre Dios: no un Dios lejano, poderoso, inalcanzable y castigador, sino un Dios que es Padre, que tanto amó al mundo que le entregó su Hijo, que se hizo cercano en la persona de Jesús, el primogénito, nuestro hermano mayor. Él vino para manifestar la verdad sobre el hombre, que es plenamente tal cuando se abre al amor, a la misericordia, a la justicia, al perdón, reproduciendo en sí los rasgos del Padre.

Jesús es un rey diferente. No ha venido para ser servido, sino para servir y dar su vida. No quiso ser rey cuando el pueblo se lo propuso después de la multiplicación de los panes, y se muestra rey y señor cuando lava los pies a sus discípulos y nos enseña a nosotros a hacer lo mismo. Su realeza “no es de este mundo”, en el sentido que no pertenece a su sistema de poder y tiene otra lógica; pero Jesús no manda a salir del mundo, apartarse del mundo, sino a estar en el mundo para cambiarlo. Con gestos y palabras nos enseña el camino de la solidaridad, de la justicia, del amor, para construir otro mundo. Su trono será la cruz. Es su gran gesto, un abrazo a toda la humanidad entregándose totalmente por amor. Jesús es el rey buen pastor, que conoce a sus ovejas y las llama a cada una por su nombre, las cuida y las protege, las alimenta y da su vida por ellas.

Esta celebración está traspasada por las enseñanzas de nuestro Papa Francisco, fundamentalmente por su Mensaje en esta 5ª Jornada Mundial de los pobres, con el lema: “A los pobres los tienen siempre con ustedes” (Mc. 14. 7) Varias frases de este mensaje los vamos escuchando en el guión de esta celebración.

“Jesús no sólo está de parte de los pobres, sino que comparte con ellos la misma suerte. Esta es una importante lección también para sus discípulos de todos los tiempos. Sus palabras «a los pobres los tienen siempre con ustedes» también indican que su presencia en medio de nosotros es constante, pero que no debe conducirnos a un acostumbramiento que se convierta en indiferencia, sino a involucrarnos en un compartir la vida que no admite delegaciones. Los pobres no son personas “externas” a la comunidad, sino hermanos y hermanas con los cuales compartir el sufrimiento para aliviar su malestar y marginación, para devolverles la dignidad perdida y asegurarles la necesaria inclusión social” (n. 3)

Por eso hoy los hacemos presentes en esta Misa de la Esperanza, haciéndonos uno con los sufrimientos y la esperanza de los pobres. Nos hacemos eco de las voces de:

* Las víctimas de la trata de personas; como lo decíamos acá en el 2013, “Decimos basta, decimos NO …a la trata de personas”. Esta vergonzosa forma de esclavitud.

* Las y los migrantes: porque queremos construir un futuro enriquecido por la diversidad y por las relaciones interculturales. Como ha dicho Francisco, caminamos hacia un futuro en color. Queremos marchar hacia un “nosotros” cada vez más grande.


* Las enfermas y enfermos sin atención o deficiente cuidado. La persona enferma que experimenta la mayor pobreza, viviendo a merced de la ayuda de los demás. Sus voces siguen clamando. Así mismo, cuántas personas lo han entregado todo en este tiempo de la pandemia, sirviendo a los enfermos, aún con peligro de su propia vida, muchos alejados de sus familiares. A todos los agentes de la salud, nuestro agradecido reconocimiento. Siempre nos quedaremos cortos en el agradecimiento y reconocimiento de su sacrificada entrega: médicos y médicas, enfermeras y enfermeros, camilleros y personal de emergencia, personal de administración de hospitales y sanatorios, salitas y dispensarios. La salud pública hizo un gran esfuerzo para estar a la altura de las urgentes necesidades de la sociedad.


* Los que no tienen lo suficiente para alimentarse cada día dignamente y deben mendigar el pan por nuestras calles de diversas maneras. Se ha tratado de aliviar tanta indigencia con los comedores y merenderos, ollas populares y viandas, todas realizadas por el amor inconmensurable de mujeres y hombres, muchos de ellos jóvenes, para asistirlos en sus necesidades. No sólo Caritas estuvo presente. Muchísimas organizaciones e iniciativas particulares acudieron a servir al mismo Cristo que clamaba en medio de la pandemia y sigue necesitado de nuestro servicio. Aquí el Estado se hizo presente con diferentes programas de asistencia alimentaria.


* Los y las que luchan con el consumo problemático de diversas sustancias, que minan la vida que crece en nuestras familias, en nuestros barrios. Desde la “Mesa de Consumo Problemático” se nos dice que toda adicción es una herida sangrante de nuestro pueblo. Contemplamos la aniquilación progresiva de la paz familiar y del bien común, la ruptura de los lazos sociales, la desintegración de la solidaridad, la misericordia y la fraternidad. Somos testigos directos del avance y de las consecuencias inhumanas de esto que va quemando el entendimiento de las personas y destruye la comprensión de todo el pueblo. Los adolescentes y jóvenes que experimentan en sus tiernas vidas la realidad dura y triste de la calle, la cárcel y que luego termina en el cementerio: las tres trágicas “C”. Se quiere recibir “la vida como viene”, al decir del Papa Francisco. Muchos aportan humildemente ofreciendo las otras “C”: Capilla, colegio y club. Los recursos humanos se sienten siempre insuficientes. Aunque a veces parezca que se agotan las fuerzas seguimos trabajando en nuestra misión de recoger y acoger. La indiferencia del "no te metas" y la inacción de quienes podemos detenernos para levantar al caído, es el fracaso de lo esencial del ser humano. Apelamos a la responsabilidad de los organismos del Estado, para poder brindar al pueblo una intervención eficiente y un acompañamiento de conjunto, convocando a tantos agentes solidarios que ya están colaborando en esta engorrosa realidad. Nuestro agradecimiento a todos los agentes pastorales y personas de buena voluntad que se juegan cada día “recibiendo la vida como viene”.


* Los que no tienen tierra, techo ni trabajo. Las “tres T” son derechos sagrados. La pandemia con sus consecuencias en la economía ha agravado la situación de las familias que se han empobrecido, haciendo que sea cada vez más inalcanzable tener un poco de tierra en donde levantar su vivienda. Y qué difícil es si no se cuenta con el trabajo que dignifica la vida de cada persona. Las organizaciones sociales, a pesar de ser maltratadas por poderosos sectores de la sociedad, mantienen viva la esperanza. El Papa Francisco, el domingo de Pascua del año pasado, dirigió una carta a los movimientos populares. Entre otros conceptos, dice: 
 
“También quisiera invitarlos a pensar en el “después” porque esta tormenta va a terminar y sus graves consecuencias ya se sienten. Ustedes no son unos improvisados, tienen la cultura, la metodología, pero principalmente la sabiduría que se amasa con la levadura de sentir el dolor del otro como propio. Quiero que pensemos en el proyecto de desarrollo humano integral que anhelamos, centrado en el protagonismo de los Pueblos en toda su diversidad y el acceso universal a esas tres T que ustedes defienden: tierra, techo y trabajo. Espero que este momento de peligro nos saque del piloto automático, sacuda nuestras conciencias dormidas y permita una conversión humanista y ecológica que termine con la idolatría del dinero y ponga la dignidad y la vida en el centro. Nuestra civilización, tan competitiva e individualista, con sus ritmos frenéticos de producción y consumo, sus lujos excesivos y ganancias desmedidas para pocos, necesita bajar un cambio, repensarse, regenerarse. Ustedes son constructores indispensables de ese cambio impostergable; es más, ustedes poseen una voz autorizada para testimoniar que esto es posible. Ustedes saben de crisis y privaciones... que con pudor, dignidad, compromiso, esfuerzo y solidaridad logran transformar en promesa de vida para sus familias y comunidades” (12-04-2020)

Hermanas y hermanos: sumado al dolor de la muerte causado por la pandemia, tenemos que llorar también el dolor de la muerte causado por la violencia de todo tipo. Todo duele y destroza el corazón. Más duele cuando la violencia es institucional. En estas horas, a cuadras de acá la familia González, de Villa Aurora, está de duelo y despide a Lucas, de 17 años, asesinado por policías que actuaron fuera de la ley, cuando salía de un entrenamiento de fútbol en Barracas. No hay palabras para calificar este hecho tan horrendo. Sólo pedimos justicia. Al respecto, nuestra Comisión de Justicia y Paz ha publicado una declaración, como también lo hicieron otras organizaciones representativas de la comunidad cristiana y civil.

Respetamos el dolor de su familia que, en medio de tanta congoja, lejos de dejarse llevar por otros sentimientos, reaccionó ejemplarmente decidiendo donar los órganos de Lucas para que otras personas vivan. El mismo amor con el que rodearon a Lucas, se hace donación. Como Cristo que, ante los que le quitaron la vida, explotó de amor dándonos vida en abundancia.

Ante el misterio de la muerte, los cristianos acudimos al silencio y la oración. Hagamos este minuto de silencio por Lucas, acompañando a su familia.

Pensando sobre estas realidades que vivimos, sobre todo en estos dos años tan duros, me uno al sentir del poema “Esperanza” del cubano Alexis Valdés:

 
Cuando la tormenta pase
te pido Dios, apenado,
que nos devuelvas mejores,
como nos habías soñado.

 
Hermanos y hermanas: a veinte años de la pascua de nuestro querido Padre Obispo Jorge Novak, deseo terminar esta homilía con unas frases de la homilía en su última Misa de la Esperanza:

Hay esperanza, porque miles de padres de familia alimentan y aman con ternura a sus hijos.
Hay esperanza, porque hoy muchas servidores y servidoras organizan comedores para que niños y ancianos tengan, al menos, una comida al día.
Hay esperanza, porque muchos voluntarios y voluntarias están junto a la cama de los enfermos como auxiliares de las familias y de los hospitales.
Has esperanza, porque muchos docentes forman con amor el cerebro y el corazón de las nuevas generaciones.
Hay esperanza, porque todavía quedan funcionarios y profesionales honestos.
Pero, es lógico hermanos, toda esperanza humana es muy limitada, y tantas veces nos engañan.
Por eso, ante todo, nuestra esperanza radica en nuestra fe en Jesucristo, Señor de la historia, el testigo fiel… Él dio buen testimonio en el momento clave de su vida, ante Poncio Pilato, según nos cuenta hoy el evangelio de Juan… Ante la vida y la muerte, Él dio buen testimonio de la verdad.
Ante este Señor nos situamos, hermanos.
Creemos en su presencia gloriosa, aunque invisible. Misericordiosa y eficaz en el dinamismo de la historia.
Con el Sermón de la montaña sigue siendo nuestro humilde Maestro y legislador autorizado, para una sociedad que busca la felicidad”.

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes