Vocación, viene de «voccare», «llamado». El hombre aparece como ser vocacionado (llamado), en primer lugar a la existencia. Una existencia no elegida, pero de la que es responsable
«Antes de formarte ya te había elegido» (Jeremías 1)

Toda vocación necesita de un acompañamiento pastoral: cuando se está sembrando (pastoral vocacional), cuando se está cultivando (en un noviciado o seminario) y cuando se está cuidando (a través de la formación permanente).

Todos los cristianos debemos descubrir la belleza de la llamada de Jesús a seguirlo y empeñar nuestra vida en responder generosamente.  Todos somos llamados por Dios.