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OBISPADO DE QUILMES:

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Tercer Sínodo Diocesano de Quilmes

Presentación del Tercer Sínodo Diocesano
SEDICA – jueves 26 de julio de 2018
Parroquia Ntra. Sra. del Perpetuo Socorro


“El camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio” (Francisco. 50° Aniversario de la Institución del Sínodo de los Obispos. 17/10/2015)

La Iglesia de Quilmes nació en la época postconciliar. Habían transcurrido más de diez años de la Clausura del Concilio Vaticano II.

El Papa Pablo VI al inaugurar la última sesión del Concilio, el 15 de septiembre de 1965 creó, con el Motu proprio Apostolica sollicitudo, el Sínodo de Obispos con la misión de ayudar al sumo pontífice a realizar su tarea de gobierno en la Iglesia universal.

Desde que inició su ministerio episcopal estuvo presente en la mentalidad del Padre Obispo Jorge Novak las enseñanzas del Concilio. El mismo cuenta cómo la Iglesia, animada por el Espíritu Santo, “vió con mayor nitidez la prioridad permanente de su servicio a la Palabra de Dios. De ahí brotaron, a raudales, impulsos cada vez más fecundos tratando de abarcar el vasto ámbito en que este mensaje se despliega. Maduró el movimiento catequístico, se intensificó el movimiento bíblico y volvió a motivarse el movimiento evangelizador de los pueblos a escala del mundo” (Cfr. El libro del Primer Sínodo de Quilmes. Pg. 13)

Entre los frutos del Concilio, como dijimos, está la institución del Sínodo de los Obispos, realidad que encontramos en la tradición más antigua de la Iglesia. Se redescubrió esta riqueza de la sinodalidad de la Iglesia, apagada por el devenir del tiempo y el envejecimiento de estructuras que no facilitaban la vida en comunión y la evangelización.

Novak estaba convencido de la novedad y la bondad del proyecto, tal como lo recomendaba el Concilio: “Desea este santo Concilio ecuménico que la venerable institución de los Sínodos y Concilios cobre nuevo vigor, a fin de que en las diversas Iglesias, de acuerdo con las circunstancias de los tiempos, se provea de la manera más apta y eficaz al aumento de la fe” (Christus Dominus, 36)

Novak decía que el Sínodo es un proyecto empeñativo: “…en el ministerio episcopal los asuntos principales son el Sínodo diocesano y la Visita pastoral. Para preparar, organizar y realizar estos dos asuntos de su ministerio debe el Obispo dedicar un esfuerzo inmenso, empleando los métodos que requieren los nuevos problemas de la Iglesia en este tiempo” (Manual de los Obispos, 162)

Es así cómo, apenas llegado a Quilmes, los sacerdotes que hasta entonces habían pertenecido a la diócesis de Avellaneda, le preguntaron a Novak si iba a respetar las líneas pastorales trazadas en un documento diocesano conocido como “Bernal 69”. El respondió: “Sin duda, porque no es prudente innovar inconsultamente, y dejaré las cosas hasta la celebración del Sínodo diocesano”. Él mismo comenta que entonces no tenía ni fecha ni programación del mismo, pero sí lo tenía en mente como algo que debía realizar.

Ese documento “Bernal 69” era una condensación de las enseñanzas conciliares, adaptadas a la realidad latinoamericana en los documentos finales de Medellín de 1968, que luego, la Conferencia Episcopal Argentina, adaptaron a las circunstancias de nuestro país en el conocido documento de San Miguel de 1969.

En 1976, al crearse la diócesis, palpitaba en el corazón de Novak y de toda la Iglesia las preciosas enseñanzas de Pablo VI en su Exhortación Apostólica “Evangelii Nuntiandi”, como don valiosísimo del Año Santo 1975 y del 3er. Sínodo de los Obispos sobre el tema de la Evangelización. Es así que en ese contexto resuenan con mayor fuerza las palabras iniciales de la primera homilía episcopal de Novak: “Ay de mí si no predico el Evangelio” (1 Cor. 9, 16)

Así es como, luego de ciertos preparativos con algunos laicos, religiosas y sacerdotes, en la Navidad de 1979, anuncia la realización del Primer Sínodo de Quilmes. La Iglesia latinoamericana se venía preparando para la realización de la tercera Conferencia general del Episcopado en Puebla, México.

Dice el Padre Obispo, “Si Navidad, que en su primera celebración hizo vibrar al mundo el pregón de la Buena Noticia, nos había parecido ambiente espiritual indicado para anunciar el Sínodo, la fiesta de Pentecostés se prestaba para proclamar la convocatoria formal del acontecimiento”. El corazón de Novak vibraba al son del Espírtu Santo, a quien confiaba su vida entera: “Ven Espíritu Santo” era su lema episcopal. En todo su accionar pastoral manifestaba esa confianza en el Espíritu Santo y estaba atento a sus insinuaciones. Fue un instrumento del Espíritu, para dejarse guiar por Él y dócil a su actuar, dejar que el Espíritu creara día a día la Iglesia nacida del Corazón de Jesús. Una Iglesia pobre y servicial, orante y fraterna, que hace la comunión. Él dice: “… nuestra mirada se vuelve con insistencia al Espíritu Santo, que anima y renueva las comunidades. El que pueda entender, que entienda lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Ap. 2, 7. 11. 17. 29; 3, 6. 13. 22). Como Consolador esperamos nos dé el aliento necesario para afrontar todos los trabajos que supone un Sínodo. Como Maestro de las Escrituras confiadamente le pedimos nos muestre el camino de un servicio más generoso al mensaje de salvación que administramos.

Y hace suyas las palabras de los Obispos en Puebla: “Queremos ser dóciles a esta fuerza y a este amor. Por eso, impulsados por Él buscamos la comunión, deseamos ser servidores del hombre, enviados al mundo para transformarlo con los dones de Dios. Y pensando en nuestras tareas y pastorales, deseamos poseer la creatividad del Espíritu, su dinamismo para hacer del hombre latinoamericano un hombre nuevo, a imagen de Cristo resucitado, portador de la nueva esperanza para sus hermanos” (Cfr. DP 1294-1296)

El Primer Sínodo Diocesano fue sobre la Palabra de Dios. Sus sesiones se realizaron en 1981, 1982 y 1983.

El Segundo Sínodo Diocesano fue sobre la Familia. Familia evangelizada, familia evangelizadora. Años 1993 y 1994.

Porque la memoria de Novak es tan importante para la Iglesia de Quilmes, elegimos para anunciar la realización del Tercer Sínodo Diocesano, la conmemoración del 17° Aniversario de su pascua. Nos pareció que el Sínodo deberá iniciar sus sesiones en el año 2021:

45° Aniversario de la creación de la Diócesis de Quilmes

45° Aniversario de la ordenación e inicio del ministerio episcopal del P. Obispo Jorge Novak

20° Aniversario de su pascua

40° Aniversario del Primer Sínodo Diocesano de Quilmes.


¿Por qué convocar un Sínodo ahora?

Como hemos dicho, el Sínodo está en los inicios del camino pastoral de la diócesis. El tercero, anunciado por Novak, no llegó a realizarse. Se hicieron Asambleas diocesanas durante el episcopado del P. Obispo Stöckler. Pero vemos que es necesario realizarlo, puesto que nos encontramos en un tiempo providencial.

Al modo como la Exhortación Apostólica “Evangelli Nuntiandi” del Papa Pablo VI, hizo crecer en Novak el entusiasmo para realizar el primer Sínodo y lo guió con su enseñanza, para nosotros hoy, la Exhortación Apostólica “Evangelii Gaudium” del Papa Francisco, como él mismo lo expresa, debe ser programática para la vida de la Iglesia. El anuncio del Evangelio en el hoy de la Iglesia de Quilmes. Será un Sínodo de la Evangelización.

Aquello que el Concilio Vaticano II decía: “El género humano se halla en un período nuevo de su historia, caracterizado por cambios profundos y acelerados, que progresivamente se extienden al universo entero” (GS 4 b), hoy cobran muchísima mayor fuerza. Vivimos un verdadero cambio de época. La Iglesia debe adecuarse al hombre y a la sociedad de hoy para transmitir la luz del Evangelio.

Leemos en el Documento “La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia”, de la Comisión Teológica Internacional (2 de marzo de 2018): “En la Iglesia particular el testimonio cristiano se encarna en específicas situaciones humanas y sociales, permitiendo una incisiva activación de las estructuras sinodales al servicio de la misión. Como ha subrayado el Papa Francisco, “sólo en la medida en que estos organismos nazcan conectados con lo ´bajo´ y partan desde la gente, de los problemas cotidianos, puede comenzar a tomar forma una Iglesia sinodal”. (n° 77)

Es propósito del nuevo Sínodo apropiarnos de las enseñanzas del Papa Francisco, en consonancia con todo el Magisterio de la Iglesia, emanado de la Palabra de Dios y de la Tradición viva de la Iglesia de Jesucristo, para asumir la realidad en que nos toca vivir y transformarla, animados por el Espíritu del Resucitado.

Queremos encaminarnos hacia los 50 años de la diócesis, renovándonos con la fuerza del Evangelio, anunciándolo con alegría y esperanza. Haciendo pié en sus cuatro “cauces fundacionales” así llamados por el P. Obispo Jorge Novak: la opción preferencial por los pobres, la misión evangelizadora, la defensa de los derechos humanos y el ecumenismo.

Al cumplir ya casi siete años del inicio de mi ministerio episcopal en esta Iglesia de Quilmes, con la alegría de ser acompañado por mi hermano el Padre Obispo Maxi, considero que el Señor nos pide ponernos a la escucha de Dios y de su pueblo, como decía Mons. Angelelli: “con un oído en el pueblo y otro en el Evangelio”. Y, así, CAMINAR JUNTOS. Eso es SINODO.

Dice el Papa Francisco: “Caminar juntos es el camino constitutivo de la Iglesia; la figura que nos permite interpretar la realidad con los ojos y el corazón de Dios; la condición para seguir al Señor Jesús y ser siervos de la vida en este tiempo herido. Respiración y paso sinodal revelan lo que somos y el dinamismo de comunión que anima nuestras decisiones. Sólo en este horizonte podemos renovar realmente nuestra pastoral y adecuarla a la misión de la Iglesia en el mundo de hoy; solo así podemos afrontar la complejidad de este tiempo, agradecidos por el recorrido realizado y decididos a continuarlo con parresía (Id. n° 120)

“La parresía en el Espíritu que se pide al Pueblo de Dios en el camino sinodal es la confianza, la franqueza y el valor ´para entrar en la amplitud del horizonte de Dios´ para ´asegurar que en el mundo de hoy hay un sacramento de unidad y por ello la humanidad no está destinada al extravío y al desconcierto´. La experiencia vivida y perseverante de la sinodalidad es para el Pueblo de Dios fuente de la alegría prometida por Jesús, fermento de vida nueva, pista de lanzamiento para una nueva fase de compromiso misionero” (Id. n° 121)