Escudo Mons.MargniCompartimos el primer mensaje del Padre Obispo electo de Avellaneda-Lanús, Marcelo Julián (Maxi) Margni, a su comunidad diocesana. 
 

SALUDO FRATERNO AL PUEBLO DE DIOS
EN LA DIÓCESIS DE AVELLANEDA-LANÚS

Querida comunidad diocesana de Avellaneda-Lanús:

«Paz a ustedes» (Jn 20, 19). Permítanme que estas primeras palabras del Resucitado a su comunidad, que los Obispos usamos con frecuencia en las celebraciones, sean también mis primeras palabras y mi saludo entre ustedes en este día.

Hace pocos días recibí el pedido del Papa Francisco de ser obispo de esta Diócesis de Avellaneda-Lanús, destino que acepté con asombro y gozo. No esperaba esta designación. Los últimos años, en los que he acompañado como obispo auxiliar a Mons. Carlos Tissera, me han regalado una experiencia valiosa de fraternidad episcopal, e imaginaba finalizar junto a él su servicio pastoral en Quilmes durante los próximos cinco años. Pero me siento honrado por la confianza del Papa y asumo esta misión con alegría y humildad, consciente de mis límites en esta hora desafiante de la historia. Como siempre me confío a la gracia de Dios y vivo este momento como una oportunidad para renovar el sí incondicional que, para toda la vida, pronuncié ante el Señor.

Pronto nos iremos conociendo más y mejor, pero me gustaría compartirles algo de mi historia que me hace sentir de algún modo ya unido a ustedes. Mis nonnos, abuelos maternos, con mi mamá de 9 años y su pequeño hermano, vinieron de Italia y se asentaron muy pronto en una zona aún no demasiado poblada, en Villa Domínico, casi a la mitad del camino que une Avellaneda con Lanús. Mi familia paterna ya estaba asentada en Quilmes y Berazategui desde hacía muchos años. Mis padres se conocieron y formaron su hogar en Berazategui, y allí crecí junto a mis dos hermanos. Pero estas tierras de Avellaneda son una parte imborrable de las memorias de mi infancia. Mi hermana melliza y yo nacimos en el Hospital Fiorito y fuimos bautizados en la Parroquia Nuestra Señora de Loreto, de Sarandí. Cada domingo de mi niñez fue celebrado en casa de los nonnos en Villa Domínico, y todas las fiestas navideñas, en Wilde, junto a mi familia materna. Esa mesa grande y poblada de abuelos, tíos y primos, fue el territorio natural en que crecí; su solo recuerdo me emociona y me hace feliz. Siento, entonces, que de alguna manera vuelvo a una tierra que no me es ajena y que amo, y que me recibe de nuevo, cálida, hospitalaria y fraterna.

Vuelvo desde el límite sur del conurbano bonaerense, en el que creció y fue madurando mi fe, la misma fe que profeso cada día y se ha convertido en mi única pasión y mi causa; esa fe en la que humildemente pido seguir creciendo, para que el Señor Jesús esté en el centro de todo y su Palabra sea mi horizonte.

Siento una profunda gratitud hacia la Iglesia diocesana de Quilmes, de la que soy parte hasta hoy y de la que me siento hijo. Una Iglesia discípula misionera, que vive «la dulce y confortadora alegría de evangelizar» (Pablo VI, Evangelii nuntiandi, 80; Documento de Aparecida, 552). Una Iglesia signada por el ministerio fecundo de su primer pastor, el Padre Obispo Jorge Novak, y que sigue buscando ser Iglesia amiga de Dios y de los pobres, misionera incansable, defensora de los derechos humanos y servidora de la unidad de quienes creen en Cristo Jesús. Traigo conmigo esta herencia, que forma parte de mi identidad, y espero unirla ahora al camino que ustedes mismos, pueblo de Dios peregrino en Avellaneda y Lanús, vienen transitando y que seguiremos transitando juntos. En medio de ustedes quisiera ser servidor de esta Iglesia que busca vivir «con un solo corazón y una sola alma» (Hch 4, 32), que no se cansa de hacer el bien (cf. Gá 6, 9), que se pone humildemente a la escucha de lo que el Espíritu está diciendo hoy a las iglesias (cf. Ap 2, 7) y asume con entusiasmo el desafío apasionante de anunciar la esperanza del Evangelio.

Quisiera recoger la memoria de quienes me han precedido en este ministerio y agradecer en particular a Mons. Rubén Frassia, obispo emérito de nuestra Diócesis. Agradezco a Mons. Rubén Oscar López, Administrador diocesano, el haberse puesto al hombro la ardua tarea de animar el camino diocesano a lo largo de todo este año. Agradezco también al presbiterio, a los diáconos y sus familias, a los religiosos y religiosas, a los seminaristas, a tantas mujeres y varones comprometidos en servicios pastorales, y a las comunidades de toda la Diócesis, que vienen rezando por el nuevo Obispo. Espero con ansias el encuentro con todos ustedes. Les pido que no dejen de rezar por mí.

Permítanme invocar en este día la intercesión de Nuestra Señora de la Asunción y santa Teresa de Jesús, nuestras patronas, de san José, del santo Cura Brochero y de san Cayetano, y de los siervos de Dios Eduardo Pironio y Jorge Novak.

Los bendigo de corazón,

☩ Marcelo (Maxi) Margni
Obispo auxiliar de Quilmes
Obispo electo de Avellaneda-Lanús

Quilmes, 07 de agosto de 2021, memoria de san Cayetano.