INTRODUCCIÓN GENERAL El tiempo de Adviento y Navidad es un camino espiritual de búsqueda, de encuentro, de asombro. Todo se centra en el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios. Su nacimiento nos anima a compartir la vida mutuamente y a revalorizar nuestra misión de bautizados para seguir creciendo según a imagen y semejanza […]
https://obisquil.org.ar/wp-content/uploads/2022/11/Adviento-y-Navidad-en-Camino-Sinodal-2022.jpeg7201280Sebastián Arriolahttps://obisquil.org.ar/wp-content/uploads/2021/03/Logo_diocesis_de_Quilmes.pngSebastián Arriola2022-11-22 08:06:002022-11-21 18:53:55Adviento y Navidad en Camino Sinodal
HOMILIA DE LA MISA DE ORDENACIÓN DE DIÁCONOSCatedral de Quilmes – Lunes 21 de noviembre de 2022 Hermanas y hermanos: Jesús, durante la última cena de su vida, a pocas horas de su pasión y muerte, da las instrucciones para que sus discípulos puedan vivir en el mundo sin pertenecerle, poniendo en práctica la originalidad […]
https://obisquil.org.ar/wp-content/uploads/2022/11/ordenacion-diaconal-21-11-2022.jpg13602048Sebastián Arriolahttps://obisquil.org.ar/wp-content/uploads/2021/03/Logo_diocesis_de_Quilmes.pngSebastián Arriola2022-11-20 19:36:002022-11-22 00:09:50“Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”
INTRODUCCIÓN GENERAL El tiempo de Adviento y Navidad es un camino espiritual de búsqueda, de encuentro, de asombro. Todo se centra en el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios. Su nacimiento nos anima a compartir la vida mutuamente y a revalorizar nuestra misión de bautizados para seguir creciendo según a imagen y semejanza […]
https://obisquil.org.ar/wp-content/uploads/2022/11/Adviento-y-Navidad-en-Camino-Sinodal-2022.jpeg7201280Sebastián Arriolahttps://obisquil.org.ar/wp-content/uploads/2021/03/Logo_diocesis_de_Quilmes.pngSebastián Arriola2022-11-22 08:06:002022-11-21 18:53:55Adviento y Navidad en Camino Sinodal
HOMILIA DE LA MISA DE ORDENACIÓN DE DIÁCONOSCatedral de Quilmes – Lunes 21 de noviembre de 2022 Hermanas y hermanos: Jesús, durante la última cena de su vida, a pocas horas de su pasión y muerte, da las instrucciones para que sus discípulos puedan vivir en el mundo sin pertenecerle, poniendo en práctica la originalidad […]
https://obisquil.org.ar/wp-content/uploads/2022/11/ordenacion-diaconal-21-11-2022.jpg13602048Sebastián Arriolahttps://obisquil.org.ar/wp-content/uploads/2021/03/Logo_diocesis_de_Quilmes.pngSebastián Arriola2022-11-20 19:36:002022-11-22 00:09:50“Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”
El tiempo de Adviento y Navidad es un camino espiritual de búsqueda, de encuentro, de asombro. Todo se centra en el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios. Su nacimiento nos anima a compartir la vida mutuamente y a revalorizar nuestra misión de bautizados para seguir creciendo según a imagen y semejanza de Jesús.
Es un tiempo de espera y de promesas, un tiempo de presencias siempre nuevas, un tiempo cargado de esperanzas y de liberación. Un tiempo para volver a poner nuestra seguridad en Dios y en su fidelidad.
Nosotros estamos en camino sinodal. Hemos compartido ‘nuestras huellas’, con la vida que Dios nos fue regalando a lo largo de este año. Hoy esta misma realidad nos invita a seguir buscando horizontes nuevos.
Hemos dicho que somos hijos de hombres y mujeres que soñaron futuro. El Padre Obispo Jorge Novak fue uno de ellos. Y en su sueño sobre nuestra Diócesis, nos propone una mirada nueva que nos ayuda a prepararnos para recibir al Dios que viene en esta Navidad y nos invita a darnos el permiso de soñar también nosotros en algo nuevo.
El Papa Francisco nos invita a tener un estilo de vida sinodal: a caminar juntos, con la convicción de saber que somos la comunidad de Jesús que avanza hacia el Reino de Dios. Propone vivir la sinodalidad como el ‘rasgo de identidad’ para la Iglesia del tercer milenio y convoca un Sínodo para 2023-2024 sobre la sinodalidad, bajo el lema: “Iglesia comunión, participación y misión”.
La finalidad del Sínodo no será producir documentos, sino hacer que germinen sueños, profecías, esperanzas e ilusiones… Que nos animemos a ser comunidad, aprendiendo unos de otros, tejiendo relaciones, curando heridas, creando un imaginario positivo que ilumine la mente, enardezca el corazón y fortalezca las manos.
ADVIENTO Y NAVIDAD
Con cuánta ansiedad esperamos, cada año, la llegada de ese día que nos invite a romper con la rutina de lo cotidiano para dar paso a la fiesta. Por ejemplo, el día en el que cumple años esa persona que significa mucho para nosotros.
La alegría que provocará en ella, nuestra presencia y buenos augurios, será también nuestra alegría, porque le habremos podido demostrar al menos un poquito de lo mucho que la queremos.
Seguramente, los amigos y las amigas de Jesús también se encontrarían con él en el día de su cumpleaños. Y eso es lo que celebraban: el cumpleaños de su amigo.
En cambio, nosotros los cristianos y cristianas de hoy, celebramos algo mucho más profundo. ¡Estamos frente al “Misterio de la Encarnación” …!
Misterio luminoso de ese Dios que siempre viene. Un Dios Misericordioso que, en Jesús, tomó la decisión de hacerse uno de nosotros para devolvernos al camino que nos conduce a la vida plena que soñó para sus hijos e hijas.
Que esta Navidad sea entonces, para nosotros y nuestras comunidades, una invitación a “caminar juntos y juntas, con la esperanza llena de certezas…”
SUGERENCIAS PARA LOS ANIMADORES DE COMUNIDAD
Cada encuentro debe ser una celebración. Para ello, debemos motivar a los que participen de modo que puedan dejar otras preocupaciones y tareas en ese momento y se predispongan a celebrar la fe.
Motivar para que se piense la Navidad en comunidad. Dios viene y nace en medio de una familia, de un pueblo. No quiere nacer solo. Nos ayudamos a vivir la experiencia de un Dios “en medio nuestro”.
Queremos acompañar a José, a María a Jesús. Celebramos el anuncio, la vida, la gestación, el embarazo, el nacimiento, los primeros pasos en la vida.
Desde la Palabra de Dios, las enseñanzas del Papa Francisco, los testimonios, la vida compartida, intentamos resignificar lo que hemos recibido en el Bautismo y lo que soñamos vivir en nuestra Diócesis.
Afirmar nuevamente que estamos en camino sinodal, y que la sinodalidad no es un método, sino una espiritualidad, un don y una tarea.
Invitamos a quienes participen de esta experiencia/camino de Adviento a que nos envíen por whatsapp a modo de saludo, de augurio, sumado a mensajes personales.
Cada encuentro tendrá una palabra clave: espera, futuro, trabajo en equipo, humildad. Se iniciará con lectura de la Palabra de Dios (ponemos cada una de las lecturas del domingo para que cada uno pueda elegir una), seguirá una iluminación con un texto alusivo y terminará con una dinámica de trabajo grupal.
Es bueno iniciar y terminar el encuentro con una canción.
INDICACIONES PRÁCTICAS
Leer el material con anterioridad, preparar los textos bíblicos, ver si es necesario fotocopiar algún recurso, invitar y motivar personalmente en la comunidad y a los vecinos, crear una atmósfera adecuada, de acogida, de celebración, de encuentro.
Tenemos en cuenta algunos detalles que pueden ayudar: símbolos, cirio encendido, Biblia, flores, un pequeño altar, un cartel, un mural, ambientación musical, árbol de Navidad-pesebre, volantes con un mensaje motivador, pasacalle, …
Pasada la Nochebuena será difícil reunirse en grupos, pero cada familia puede obtener una copia del subsidio y llevarla a su casa para la lectura personal y/o familiar.
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HOMILIA DE LA MISA DE ORDENACIÓN DE DIÁCONOS Catedral de Quilmes – Lunes 21 de noviembre de 2022
Hermanas y hermanos:
Jesús, durante la última cena de su vida, a pocas horas de su pasión y muerte, da las instrucciones para que sus discípulos puedan vivir en el mundo sin pertenecerle, poniendo en práctica la originalidad de la enseñanza del maestro.
Él ama a sus discípulos como el Padre lo ama a él. La intimidad entre el Padre y el Hijo se refleja en el amor de Jesús para con sus seguidores. Por eso la invitación: “permanezcan en mi amor”, como los sarmientos unidos a la vida, alimentados por la misma savia.
La manera de permanecer en él, de mantenerse en su amor, es cumplir concretamente sus mandamientos. Y él mismo da el ejemplo: cumple los mandamientos del Padre. Ha venido para liberarnos de las ataduras del mal y enseñarnos un camino de amor para llegar a ser hijos e hijas de Dios, y esto le costará la vida. De este modo ha manifestado el amor al Padre. Horas después, en el huerto de Getsemaní, dirá «Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc. 22, 42)
El discípulo hará el mismo camino, cumpliendo el mandamiento de Jesús: “Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor. como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor” (Jn. 15, 10)
Anteriormente, los dos mandamientos que constituían el resumen de toda la Ley y los Profetas eran: “amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu fuerza y con todo tu espíritu; y a tu prójimo como a ti mismo”.
Ahora Jesús no pide nada para Dios. El mandato de Jesús, la esencia de su proyecto de nueva humanidad, será el amor recíproco entre todos: “Ámense”. Los discípulos tendrán que hacer un proceso de conversión, liberarse del instinto de poder que los llevaba a luchar por los primeros puestos, y abandonar las peleas y la competencia, centrados sólo en el propio interés. “Ámense”: como compromiso de buscar siempre el bien del otro, en la forma que los distintos momentos y necesidades lo requieran. Y la medida del amor al prójimo no es más “como a ti mismo”, que ya era una medida muy exigente, porque significaba ofrecer a los demás el mismo cuidado con que cuidamos nuestra integridad, nuestro bienestar, nuestra vida y nuestra familia. La nueva medida es Él, es su amor para con nosotros: “Como yo los he amado”. Pide que seamos como él, amándonos como él nos amó, con un amor gratuito, universal y total, sin ninguna discriminación. Y lo exige con la fuerza de un mandamiento: “Lo que yo les mando”. Esa será la manera auténtica de amarse a uno mismo, realizando en el amor al otro su plena humanización. Jesús, el hijo de Dios, seguirá estando presente en el mundo a través de todos los discípulos que reproducirán su amor.
El Espíritu Santo que les hizo acordar a los apóstoles todas las enseñanzas de Jesús, cuando creció el número de los cristianos, vieron la necesidad de atender las mesas para tantas viudas y sus hijos, tantos pobres que se convertían al Evangelio. Para ello instituyeron a los primeros siete diáconos de la Iglesia naciente.
Son los que hacen presente en la comunidad a Cristo Diácono, o sea, servidor.
Leemos en la Constitución dogmática “Lumen Gentium”, del Concilio Vaticano II: “los diáconos reciben la imposición de las manos «no en orden al sacerdocio, sino en orden al ministerio». Así, confortados con la gracia sacramental, en comunión con el obispo y su presbítero, sirven al pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la palabra y de la caridad. Es oficio propio del diácono, según le fuere asignado por la autoridad competente, administrar solemnemente el bautismo, reservar y distribuir la Eucaristía, asistir al matrimonio y bendecirlo en nombre de la Iglesia, llevar el viático a los moribundos, leer la Sagrada Escritura a los fieles, instruir y exhortar al pueblo, presidir el culto y oración de los fieles, administrar los sacramentales, presidir el rito de los funerales y sepultura”. (LG, 29)
En el mismo documento el Concilio establece el diaconado como grado propio y permanente de la jerarquía.
También leemos en el Catecismo de la Iglesia Católica:
“Desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia latina ha restablecido el diaconado «como un grado particular dentro de la jerarquía» (LG 29), mientras que las Iglesias de Oriente lo habían mantenido siempre. Este diaconado permanente, que puede ser conferido a hombres casados, constituye un enriquecimiento importante para la misión de la Iglesia. En efecto, es apropiado y útil que hombres que realizan en la Iglesia un ministerio verdaderamente diaconal, ya en la vida litúrgica y pastoral, ya en las obras sociales y caritativas, «sean fortalecidos por la imposición de las manos transmitida ya desde los Apóstoles y se unan más estrechamente al servicio del altar, para que cumplan con mayor eficacia su ministerio por la gracia sacramental del diaconado» (AG 16). (CIC N° 1571)
Cuando decía esto el Catecismo (año 1992), en nuestra Diócesis ya eran muchos los diáconos permanentes que habían sido ordenados por nuestro querido Padre Obispo Jorge Novak, pastor solícito y previsor, cuya preferencia estaba puesta en los más pobres y marginados.
A veinte años de la apertura del Concilio Vaticano II, en el discurso de apertura de la 2ª Sesión del Sínodo Diocesano, el Padre Obispo decía:
“Este primer Sínodo ha de incorporar en forma inequívoca a los diáconos permanentes, a los lectores y acólitos, a los animadores de comunidades a nuestra vida eclesial. Para comenzar es necesario insistir que no nos referimos a tales ministerios como si fueran transitoriamente una ayuda a los presbíteros, por el número insuficiente de éstos. El punto de partida de nuestro análisis pastoral no es un lamento de penuria, sino la gozosa constatación de una plenitud. Jesús, Siervo de Yahveh, y servidor de los suyos, ha provisto a su comunidad con una sobreabundante gracia de servicialidad” (Colegio San José, 20-09-82)
Hermanas y hermanos, tenemos la alegría hoy de ordenar diáconos a José María, Alejandro, Claudio, Mario y Manfredo (Fredy), en este tiempo de Camino Sinodal en nuestra Iglesia de Quilmes. El Señor sigue acompañando a su pueblo, suscitando a tantos y tantas que quieren servir en el crecimiento del Reino.
Hoy podemos decir que nuestra Iglesia particular se alegra al ver que estos hombres se deciden a solicitar el sagrado Orden del Diaconado, y la Iglesia los acepta y por la imposición de las manos y la invocación del Espíritu son consagrados.
La entera entrega al Señor y su Iglesia supone también la generosidad de sus esposas, que libremente han expresado su total consentimiento para este servicio eclesial. Es de nobleza agradecer, en nombre de la comunidad cristiana, este gesto profundo de amor a Dios y a su pueblo. No sólo expresamos nuestra gratitud a las esposas, sino también a sus hijos que, privándose del legítimo tiempo que el papá les pudiera dispensar, consienten y respetan la decisión de él para seguir este llamado del Señor. A todos, Dios les bendiga y les recompense tanta generosidad. Tengan presente que Dios no se deja ganar en generosidad.
Agradezco al Instituto de Diáconos “San Lorenzo mártir”, al P. Marcelo y al equipo de formación que lo acompañan. Gracias a sus párrocos de origen y sus comunidades. Gracias a los párrocos y comunidades donde ellos han estado formándose pastoralmente.
Así también agradezco a tantas hermanas y hermanos de la Diócesis y de otros lugares, que hoy estamos aquí celebrando el amor de Dios que se hace servicio en las personas de estos cinco hombres.
Ante el llamado de Dios, la Virgen María respondió: “yo soy la servidora del Señor; que se cumpla en mí lo que has dicho” (Lc. 1, 38). A ejemplo de ella y por su intercesión, el Señor les conceda la gracia de ser humildes, valientes, dóciles, disponibles, de fe sólida y de amor intenso y generoso. Así sea.
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