Catedral de Quilmes, viernes 16 de septiembre de 2022

“Hagan esto en memoria mía” (1 Co. 11, 24)
“El que quiera ser el primero, que se haga el último y el servidor de todos” (Mc. 9, 35)

Hermanas y hermanos:

La Palabra ha sido pronunciada solemnemente. Después que Jesús ha anunciado a los discípulos por segunda vez el misterio de su muerte y resurrección, al llegar a la casa en Cafarnaún les pregunta: “¿De qué hablaban en el camino?”.

Es la misma pregunta que nos acompaña en nuestra Camino Sinodal. Muchas son nuestras respuestas. Cada uno tiene la suya. Dios conoce nuestros corazones, mejor que nosotros mismos. Como les pasó a los discípulos. Ellos callaban, pero Jesús sabía de qué venían conversando; “habían estado discutiendo sobre quién era el más grande”. Asistimos a un momento en que el Maestro forma a sus discípulos. Con gestos y palabras. Después del primer anuncio de la pasión, y la reprensión a Pedro que se resistía a creerle; luego les hizo experimentar el deslumbrante momento de la Transfiguración. Ahora, luego del segundo anuncio, Jesús les enseña con paciencia. No puede entrar en sus mentes la visión de un Mesías humilde, servidor, perseguido y derrotado. Aunque físicamente están siguiendo a Jesús, sus corazones van en otra dirección, seducidos por la vanidad, el éxito, el deseo de sobresalir, de dominar. Por eso, pelean y discuten entre ellos. Qué parecido esto con algunas situaciones de nuestra vida social y comunitaria.

El Evangelio de Marcos, que repara en los detalles, dice: “Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo”. Es el Maestro en medio de la comunidad, y quiere dar una enseñanza esencial, importante, para todos los que lo siguen: “El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos” (el versículo que elegiste, Guillermo, para tu vida ministerial). Jesús no rechaza el deseo de ser el primero. Ojalá que cada discípulo, de todos los tiempos, quiera ser el primero, y no nos reduzcamos a una vida insulsa, mediocre y apagada. Sabiamente los santos, como San Ignacio, se consumieron en grandes deseos de servir a Dios y a los hermanos. No es buena propuesta esconder los talentos y dones recibidos. Se trata de desarrollar todas nuestras posibilidades, no para competir o buscar prestigio personal, sino para servir mejor a la comunidad.

Para hacerlo más patente, como era costumbre en su modo de enseñar, Jesús tomó un niño y lo puso en medio. Jesús se identifica con ese niño. “El que recibe a uno de estos pequeños” los discípulos reciben a Jesús mismo, y en él, al Padre que lo ha enviado. Es claro el mensaje: ellos que discutían quién era el más grande reciben la enseñanza que en la comunidad cristiana, la máxima jerarquía es la de ese “pequeño”. Es el Dios grande que se hizo pequeño… Esa es la paradoja que los discípulos no pueden entender; se escandalizan.

Será el Espíritu Santo el que les enseñará todo. Será el que les hará gustar y gozar del misterio de la Pascua. El mismo Espíritu que invocaremos solemnemente en esta tarde de Ordenación Sacerdotal. Como lo hacemos en cada Eucaristía, el sacramento de la nueva Alianza, donde se actualiza la acción redentora de Cristo y él entra en el corazón de su pueblo para renovarlo y hacerlo capaz de una amorosa fidelidad: “Esta copa es la nueva alianza en mi sangre, que es derramada por ustedes” (Lc. 22, 20). Y hoy nos dice San Pablo que es lo que él recibió como enseñanza del Señor: “Hagan esto en memoria mía” (1 Co. 11, 24) (El versículo que elegiste, Darío, para tu vida ministerial).

En este templo emblemático de Quilmes, nuestra Catedral, seremos testigos de otro maravilloso gesto del amor misericordioso de Dios. Ustedes serán ordenados sacerdotes hoy. Muchos de los presbíteros acá presentes, también fueron ordenados aquí. El próximo lunes 19, celebraremos un nuevo aniversario de la ordenación episcopal del Padre Obispo Jorge Novak, realizada en este altar. Hoy lo recordamos con un corazón agradecido.

Cualquiera podría preguntar: ¿para qué ser sacerdote? Para celebrar la Eucaristía y para perdonar los pecados. Toda otra cosa pueden hacerlo las personas laicas, como me lo han oído decir tantas veces en estos años de formación. Nadie puede consagrar el pan y el vino sino el sacerdote. Nadie puede perdonar sacramentalmente los pecados, sino el cura, como popularmente lo sabe la gente. Podremos hacer muchas otras cosas sin ser ordenados sacerdotes, pero nos hacemos curas para hacer esas dos cosas fundamentalmente. La Eucaristía es la presencia real de Jesús para alimentar a su pueblo, y el sacerdote está ordenado para celebrarla; “Hagan esto en memoria mía” (1 Co. 11, 24) De aquí nacerá la preocupación de ustedes para que la gente tenga lo necesario para vivir bien, dignamente. El compromiso social del sacerdote nace de esa misión de vivir para la Eucaristía y de la Eucaristía. Será esa Misa que celebrarán la que los vaya formando a su imagen; ser como el alimento sencillo y fuerte para la gente; bondadosos como el pan. Entregándose en cuerpo y alma por su pueblo, como Cristo inmolado en la cruz. De esa Eucaristía nace la preocupación social del sacerdote y le da su fuerza espiritual para no desfallecer en la causa por la justicia y la paz.

“Vivan cada Misa, con el corazón necesitado y déjense sostener por Jesús; y en cada Misa descansen y recuperen el sentido de su sacerdocio. No importa cuántas veces la celebren, sino que cada vez sea la fuerza y el alimento, y nunca una obligación. Esta unión tan especial entre el cura y la Eucaristía no se borra más, porque es la gran marca que el ordenado lleva dentro, es parte esencial del “carácter” del orden sagrado” (Víctor M. Fenández, 21/11/2020)

Son ordenados sacerdotes para absolver los pecados en nombre de Dios. ¡Cuánto dolor hay en los corazones!¡Cuántas heridas causadas por el rencor, el odio, las venganzas, los celos, las envidias, las ambiciones desmedidas, las injusticias de todo tipo, las discriminaciones, los abusos, la soberbia, las traiciones, etc.! Sean imagen del padre que recibe con los brazos abiertos para dar el perdón. La Eucaristía los irá formando en la vida para ser pan para los corazones hambrientos de amor que perdona. A nadie cierren esta fuente de gracia y misericordia. Es preferible que se equivoquen por ser muy comprensivos antes que ser jueces desalmados, inhumanos con la gente. No son curas para eso. “Como decía santo Tomás, eso “vale más que la creación del cielo y de la tierra”. No dejen de agradecer que ustedes como sacerdotes están ahí, participando de ese prodigio que es divino, como cauces que dejan correr el río de la gracia. ”Perdonen setenta veces siete porque Dios perdona setenta veces siete. Y de este sacramento brotará también el ministerio de reconciliar a las personas, de sembrar diálogo, comprensión y paz social”. (ídem)

¡Qué necesarios son los sacerdotes! Por eso, la alegría que nos causa verlos sacerdotes para siempre nos invita a mirar al pueblo de Dios y escuchar a Jesús que dice: “la cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha” (Mt. 9, 37-38) Invito a las comunidades que recemos pidiendo esa gracia. Que los que reciben el llamado de Dios, encuentren quiénes los acompañen, los alienten y los ayuden a discernir la voluntad de Dios. Es un compromiso de toda la diócesis para este tiempo. Es la preocupación que tenemos por el futuro de nuestro Seminario. No nos angustiamos, pero no dejamos de pedir ayuda al Señor y a todos ustedes para que, con una imaginación creativa, vayamos consolidando una pastoral vocacional entusiasmante para las juventudes de hoy.

Querido Darío, querido Guillermo: les deseo que sean curas felices. Serán felices en la medida que se sepan cada día instrumentos de la gracia de Dios. El Señor Jesús es el Buen Pastor. Nosotros sólo sus instrumentos. Él seguirá apacentando a su pueblo a través de ustedes. Déjense pastorear por Él, y en esa medida, siendo instrumentos de su amor, serán buenos y felices pastores en su Reino. Ya están jugados por Él y por su pueblo. Déjense amar por Él como son, y conscientes de su fragilidad, amen con todo su ser a los demás.

Se han consagrado a Dios para orar por su pueblo. No dejen de rezar. En la oración podrán hacer vida la palabra de Jesús “permanezcan en mí” (Jn. 15, 4) Al modo del Santo Cura Brochero sean hombres de oración. Así lo atestigua el Santo Cura cuando le escribe a su compañero de curso (Mons. Yañiz, Martin): “Me ha movido escribirte porque tres veces he soñado que he estado en funciones religiosas junto contigo, y también porque el 4 del entrante mes enteramos 47 años, a quienes eligió Dios para príncipes de su corte, de lo cual le doy siempre gracias a Dios, y no dejo ni dejaré aquellas cortitas oraciones que he hecho a Dios, a fin de que nos veamos juntos en el grupo de los apóstoles en la metrópoli celestial” (José Gabriel Brochero, 28 de octubre de 1913)

En la carta que cada uno me escribió pidiendo la ordenación presbiteral, me dicen que han hecho el retiro en el Monasterio de las Carmelitas de Mar del Plata. Inmediatamente pensé en el cardenal Pironio. Sé que ustedes lo aprecian mucho. Lo ví personalmente por primera vez en Mar del Plata, en el año 1973. Termino con una cita suya de la conocida “Meditación para tiempos difíciles”: “Hacen falta hombres nuevos, capaces de saborear la cruz y contagiar el gozo de la resurrección, capaces de amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismos, capaces de experimentar la cercanía de Jesús y de contagiar al mundo la esperanza… Hombres que han experimentado a Dios en el desierto y han aprendido a saborear la cruz… Porque, en la fidelidad a la Palabra, han comprendido que los tiempos difíciles son los más providenciales y evangélicos, y que es necesario vivirlos desde la profundidad de la contemplación y la serenidad de la cruz. De allí surge para el mundo la victoria de la fe (1 Jn 5,4), que se convierte para todos en fuente de paz, de alegría y de esperanza” (Ed. Patria Grande. 1976. Pg. 62-63)

Que la Inmaculada Concepción, que estuvo desde el inicio del llamado de ustedes, los cuide y los abrace siempre con ternura.

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

HOMILÍA DE LA MISA DE LA 44ª PEREGRINACIÓN DIOCESANA A LUJÁN
Domingo 11 de septiembre de 2022

«Con María nos ponemos en camino»

“Aliviando el dolor de hoy, alimentamos la esperanza”

Hermanas y hermanos:

Qué alegría poder juntarnos nuevamente aquí, para visitar a nuestra querida Madre, la Virgencita de Luján, patrona de la Patria.

El año pasado pudimos venir algunos, y aquí despedimos al Padre Obispo Maxi, quien se iba a hacer cargo de la Diócesis de Avellaneda-Lanús y también celebramos los 45 años de la Diócesis de Quilmes.

Este año, gracias a Dios, podemos venir normalmente. Juntando pesito con pesito, nos hemos organizado para decir PRESENTE en este segundo domingo de septiembre, como desde hace casi 45 años lo hace la Diócesis de Quilmes. Es un legado que nos ha dejado el inolvidable Padre Obispo Jorge Novak, imborrable en nuestro recuerdo agradecido.

“Aliviando el dolor de hoy, alimentamos la esperanza”. Es el lema de la colecta Más por Menos, que lo asumimos todos para rezar juntos por la paz y la justicia en nuestra Argentina.

Aliviando el dolor… Hemos llegado hoy, portando la imagen peregrina de la Virgen de Luján, que el pasado 7 de mayo llevamos desde este Santuario para Quilmes. En la Fiesta de Corpus Christi, empezó a recorrer los tres partidos de la diócesis, empezando por Berazategui. Todos los Obispos de la Región de Buenos Aires hemos hecho lo mismo. La Virgen va visitando a todas las comunidades “aliviando el dolor” por todo este gran Buenos Aires.

Es la Madre que se acerca a sus hijos para consolarlos. Hubo muertes en las familias, también sacerdotes y diáconos; hay hermanas y hermanos que están haciendo sus duelos; muchos estuvieron gravemente enfermos, algunos de ellos cargando aún con las consecuencias de esta peste tremenda que nos azotó.

La situación socioeconómica del país, con altos niveles de pobreza debida a múltiples causas, sigue causando mucho sufrimiento en las familias. Necesitamos encontrarnos para fortalecernos en el caminar, al calor de la ternura de la Madre del Cielo. Ella es consoladora de los afligidos. Por eso es que decimos: “Aliviando el dolor de hoy, alimentamos la esperanza”.

También lo hacemos con esta Colecta Más por Menos que se realiza este fin de semana en todo el país. Queremos colaborar para aliviar tanto dolor, y hacer crecer la esperanza de un país mejor; una Argentina más fraterna y solidaria, con gestos concretos más que con palabras.

El Evangelio que hemos leído también trae alivio a nuestra alma. Contemplamos a Jesús caminando hacia Jerusalén, seguido de grandes multitudes: pobres, enfermos, atormentados por malos espíritus, prostitutas, publicanos, pecadores… los desahuciados o descartados de la sociedad. Esos son los que se acercan a Jesús “para escucharlo”. También hay otro grupo bien definido: los escribas y fariseos. Ellos son los que se acercan a Jesús “para murmurar”. Jesús muestra claramente su opción: “recibe a los pecadores y come con ellos”. Comparte con ellos la intimidad de la mesa. Los pecadores encuentran en él la acogida que la sociedad les niega, y por eso ellos se acercan a escucharlo. Tiene para ellos un mensaje nuevo que les atraviesa su ser; les gana el corazón. Y desde ese lugar, Jesús cuestiona la seguridad, la certeza de los fariseos, piadosos y devotos, cumplidores de la ley; que creen en un Dios que sólo recibe a los perfectos y rechaza a los que no observan la ley.

En ese ambiente, ante esos dos auditorios, bien definidos, con tres parábolas (hoy leímos dos) del capítulo 15 de Lucas, Jesús revela cómo es Dios y cuál es su actitud, llena de misericordia y ternura para con los pecadores.

En esas parábolas nos enseña que Dios tiene la iniciativa; él va “a buscar” la oveja que se perdió. Su amor es totalmente gratuito e inmerecido. Él no abandona a nadie, por más que hayamos tomado caminos muy equivocados. La parábola deja en claro que el hombre que perdió la oveja no pierde tiempo quejándose, lamentándose. Y cuando la encuentra, no hay palabras de reproche. “La carga sobre sus hombros, lleno de alegría”; comparte su alegría con los amigos y vecinos: hay ternura, alegría, fiesta. “Aliviando el dolor de hoy, alimentamos la esperanza”.

Y es clara la enseñanza para los fariseos, para los que “murmuraban” contra Jesús. “Les aseguro, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse”. El cambio de vida, la adhesión al proyecto de Jesús de parte del que se reconoce pecador, es motivo de mayor alegría que la conducta intachable de los cumplidores de la Ley.

Renovados por su amor misericordioso, seguimos el camino con Jesús, acogidos por la comunidad de discípulos perdonados. Experimentando el amor de Aquél que se hizo pobre por nosotros, que se abajó a nuestras pobrezas y miserias, que se arremangó para lavarnos los pies, sintiendo hondamente ese amor gratuito de Dios, podemos también seguir su ejemplo, reconociéndolo vivo en nuestros hermanos necesitados de amor, de ternura, de consuelo y alegría. Así crece la esperanza.

Como seguidores de Jesús, también nosotros lo hacemos presente en nuestras comunidades, en nuestros barrios, lugares de trabajo o de estudio, aliviando tantos dolores y sufrimientos, físicos y espirituales. Todos nosotros tenemos presente la lección que nos han dejado tantas hermanas y hermanos que durante la pandemia fueron buenos samaritanos para los que sufrían tantas necesidades. Servidores de verdad que, aún a riesgo de sus vidas, no bajaron la guardia para aliviar el dolor físico y moral que nos golpeó tan duramente. A ellos, a esas servidoras y servidores de la salud, agentes sanitarios en general, este aplauso agradecido a los pies de la Virgen de Luján.

También para los que se organizaron para que no faltara el pan de cada día en los barrios y comunidades, a todas las voluntarias y voluntarios de comedores, merenderos, hogares y refugios, muchos de ellos jóvenes con el sólo afán de servir, les decimos desde aquí: ¡Gracias! Ustedes han sido la mano fraterna que nos sostuvo en los momentos más duros y oscuros de la pandemia.

Y hoy, también nuestro corazón se expresa en agradecimiento profundo a las y los docentes, en este “Día del Maestro”. En la pandemia fueron una luz en la oscuridad. Cómo se las ingeniaron para estar cerca de sus alumnos, para sostenerlos, escucharlos, estimularlos, acompañarlos, además de compartir conocimiento. “En tiempos en que la sociedad pareciera priorizar el conflicto, volvamos a recordar las reglas de convivencia que aprendimos en la escuela, de nuestros maestros: el respeto por el otro, la posibilidad de diálogo, el valor de la palabra” (Adrián Álvarez; presidente del Consudec)

No menos dolorosa es la pandemia de los intereses oscuros que recurren a las armas para eliminar al otro, como lo vemos tristemente en las guerras que se han desatado en la humanidad, algunas desde hace varios años. ¡Cuánta necedad! ¡Cuánta sangre inocente derramada! Las armas no son el camino; la violencia no es de Dios. Justicia y paz van de la mano. Es lo que pedimos a Dios, a quien llamamos: Padre nuestro. Padre de todos. Por tanto: ¡hermanos todos!

Convocados por el Episcopado Argentino, hoy la Iglesia de Quilmes está presente en Luján para rezar por la paz y la fraternidad entre todos los argentinos. La violencia, física o verbal, no es el camino. Por eso, hemos repudiado el atentado contra la vicepresidenta de la Nación, perpetrado el pasado 1° de septiembre. El camino es el del diálogo sincero y despojado de mezquinos intereses, buscando el bien común de este querido pueblo argentino. Siguen siendo tan actuales los versos del Martín Fierro: “Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera. Tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos pelean, los devoran los de afuera”. En estos momentos de la Patria, vienen al corazón las palabras de Jesús: “Yo los envío como a ovejas en medio de lobos: sean entonces astutos como serpientes y sencillos como palomas” (Mt. 10, 16)

«Con María nos ponemos en camino». La Virgen peregrina seguirá recorriendo los partidos de la Diócesis, mientras transcurre este tiempo sinodal, sintiéndonos en comunión con el Papa Francisco que nos ha convocado al Sínodo universal, precisamente para revitalizar la “sinodalidad” en la Iglesia, algo que tanto soñó y puso en práctica nuestro querido Siervo de Dios, el Padre Obispo Jorge Novak. Una Iglesia que es comunión, participación y misión.

«Con María nos ponemos en camino».

La Virgen de Luján nos dice: Diócesis de Quilmes: ¡Canta y camina!

La Virgen de Luján nos dice al pueblo argentino: Argentina: ¡Canta y camina!

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

HOMILIA DE LA MISA DEL DOMINGO XX DURANTE EL AÑO
Encuentro Nacional de Caritas
Tanti – 14 de agosto de 2022

Hermanas y hermanos:

Hoy Jesús nos dice: “yo he venido a traer fuego sobre la tierra”. Él quiere encender en el mundo el fuego del Espíritu, el fuego de Pentecostés, la energía transformadora que “renueva la faz de la tierra”, haciendo desaparecer lo antiguo y abriéndola a la nueva creación. Es un fuego que quema el corazón, alimenta la vida y la impulsa por los caminos del Reino de Dios, extendiéndolo a toda la humanidad. Es el deseo más profundo de Jesús: “¡Y cómo desearía que ya estuviera ardiendo!”.

Este proyecto encontrará la oposición, será acogido por algunos y rechazado por otros que al final asesinarán a Jesús en un bautismo de sangre: ”Tengo que recibir un bautismo, ¡y qué angustia siento hasta que esto se cumpla plenamente!”. En realidad, es un proyecto de amor, de paz y justicia, de reconciliación universal y de armonía con toda la creación, pero causa separación, porque muchos no lo aceptarán, tal vez por desconocimiento, muchas veces por intereses opuestos, o por simple flojera y dejar las cosas como están. Todos los intentos de cambio desencadenan conflictos, entre las fuerzas que prefieren no cambiar nada y las que intentan abrir caminos nuevos, entre la paz del orden establecido y la lucha por un mundo más humano y una vida plena.

Se cumple la profecía del anciano Simeón: “Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción”. Frente a él no es posible la neutralidad. La adhesión a su mensaje será motivo de unión o de división en la misma familia y en la sociedad.

El autor de la carta a los Hebreo se dirige a la primitiva comunidad cristiana que vive durísimas pruebas, rodeada ya de una nube de testigos (mártires), y les dice: “Fijemos la mirada en el iniciador y consumador de nuestra fe, en Jesús… Piensen en Aquél que sufrió semejante hostilidad por parte de los pecadores, y así no se dejarán abatir por el desaliento”.

“Somos Caritas, misión y servicio”. Nos hemos encontrado en Tanti, para dejarnos transformar por el fuego del Espíritu. El fuego de su amor arde en la Eucaristía: “no hay mayor amor que dar la vida por los amigos”. El evangelio de Juan dice: “Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin”. Y se puso a lavar los pies de sus discípulos. Luego les dijo: “Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes”. El Santo Cura Brochero, en uno de los pocos comentarios escritos, dice: “En la última Cena, el corazón de Jesús explotó de amor”.

“Somos Caritas, misión y servicio”. El Papa Francisco ha querido evidenciar esta admirable unidad “misión-servicio” en la Exhortación Apostólica “Evangelii gaudium” dedicando el capitulo IV a “La dimensión social de la evangelización”.

Esta indivisible unidad entre misión y servicio nace del corazón mismo del Evangelio; es el espíritu de las Bienaventuranzas.

El fuego que trae Jesús es el espíritu que arde potentemente en las Bienaventuranzas. El Espíritu nos lleva a contracorriente. Si bien este mensaje (de las bienaventuranzas) de Jesús nos atrae, en realidad el mundo nos lleva hacia otro estilo de vida. Aquí se da la lucha del cristiano. Las bienaventuranzas de ninguna manera son algo liviano o superficial; al contrario, ya que sólo podemos vivirlas si el Espíritu Santo nos invade con toda su potencia y nos libera de la debilidad del egoísmo, de la comodidad, del orgullo”. (GE 65)

“Somos Caritas, misión y servicio” porque queremos vivir las Bienaventuranzas, guiados por el “gran protocolo” que Jesús nos propone en el capítulo 25 del evangelio de Mateo, como un comentario de la bienaventuranza: “Felices los misericordiosos”; “porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver» (25, 35-36)

La pandemia ha cambiado nuestra vida y a nuestra sociedad. El Papa Francisco ha sido la persona que nos ayudó a transitar este tiempo crítico. Los hizo con palabras y gestos. Se ha grabado en nuestro corazón el momento en que el Papa Francisco apareció en la Plaza San Pedro como un piloto de tormentas, para guiar a la humanidad en una de sus noches más oscuras. También recordamos sus alentadoras palabras de aquel viernes 27 de marzo de 2020:

“Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente. En esta barca, estamos todos”.

En la pandemia nuestra Iglesia se mostró samaritana y cordial. Nos hizo más humildes y a la vez nos regaló la alegría de servir. Nos santificó, y nos hizo ver que hay muchos santos caminando con nosotros, y que “no son de los nuestros”. La pandemia nos hizo ver que Dios actúa más allá de los frágiles medios humanos de la Iglesia. El fuego de amor enardeció y transformó una cantidad inmensa de corazones de hombres y mujeres, entre ellos muchos jóvenes que, en lugar de quedarse en la queja paralizante, se preguntaron qué podían hacer de bueno por los demás. Dios llamó a muchos para la misión y el servicio, más allá de “nuestras fronteras”. Desde las mismas periferias existenciales surgieron corazones generosos y disponibles, ocasionales samaritanos que reconocieron al Cristo herido al costado del camino, vendaron sus heridas y los cargaron sobre sus hombros.

“Somos Caritas: misión y servicio”. “Somos Caritas: presencia que cuida, vínculos que hermanan y audacia que transforma”.

Hemos llegado a Tanti culminando la Caminata Institucional 2021-2022. Las imágenes de la Virgen de Luján y de San José con el Niño han recorrido nuestras diócesis. Sólo Dios sabe cuántas personas han sido consoladas, acompañadas y escuchadas por nuestro Dios que nunca abandona.

Desde nuestras Caritas nos hemos unido al proceso sinodal vivido en la Asamblea Eclesial de América Latina y del Caribe, y al camino que hace la Iglesia universal hacia el Sínodo sobre la sinodalidad del 2023: “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”.

La cartilla que nos acompañó en este camino de discernimiento espigó algunos párrafos del precioso libro “Soñemos juntos” del Papa Francisco, compuesto con un escritor y periodista inglés. En él encontramos verdaderas perlas para nuestra misión y servicio. Solamente les comparto estas palabras inspiradoras:

“¿Cuál es el fruto más grande de una crisis personal? Diría que la paciencia, condimentada con un sano sentido del humor, que nos permite aguantar y crear espacio para el cambio. Cuando hablo de cambio, quiero decir que esas personas que están ahora en la periferia se conviertan en los agentes del cambio de la sociedad”.

Vienen nuevamente a nuestros corazones en esta noche las palabras del Evangelio de hoy:

“Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo!”

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes
Presidente de Cáritas Argentina

HOMILÍA DE LA MISA DE CORPUS CHRISTI


Sábado 18 de junio de 2022
Parroquia Nuestra Señora de la Merced de Ranelagh
Diócesis de Quilmes

Hermanas y hermanos:

Estamos celebrando esta Solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo con el lema: «Lo reconocieron al partir el pan» (cf. Lc. 24, 35) Este versículo del Evangelio de San Lucas hace referencia al encuentro de Jesús resucitado con los discípulos de Emaús. Es el ícono que nos acompaña en este tiempo de nuestro camino sinodal en la diócesis de Quilmes.

La comunión con el Cuerpo de Cristo es signo y causa instrumental del dinamismo de la Iglesia. “Sólo hay sinodalidad cuando celebramos la Eucaristía y entronizamos el Evangelio para que, entonces, nuestra participación no sea un mero parlamentarismo sino un gesto de comunión eclesial que busca ponerse en movimiento. Todos los bautizados somos sinodales (“synodoi”), amigos del Señor que acompañan al Señor al caminar” (Francisco, videomensaje a la CAL, mayo 2022)

Esto es lo que hemos querido manifestar por las calles de Berazategui en esta tarde. El Señor sacramentado acompaña nuestra marcha. Como a los discípulos de Emaús nos pregunta: ¿Qué vienen hablando por el camino? Y le contamos nuestras penas y frustraciones; nuestras esperanzas truncas y nuestras broncas.

Nos acompaña María, como en los inicios de la comunidad cristiana. “Con María nos ponemos en camino” en esta peregrinación que la réplica de la Virgen de Luján hará por todas las parroquias de la diócesis, empezando por Berazategui.

La pandemia y sus consecuencias nos motivaron para empezar nuestra procesión de Corpus en el Hospital “Evita pueblo”. El evangelio que hemos escuchado nos presenta a Jesús dando consuelo curando a los enfermos. Él ha venido a sanar los corazones afligidos. Vemos que toda esa multitud no quiere apartarse de Jesús. Lo oyen con un gran deseo y su palabra los alienta y los cura con su poder.

Los discípulos se preocupan porque se hace tarde y no hay nada para darles de comer. Sólo se les ocurre decirles que se vayan a su casa. Jesús les dice: “Denles de comer ustedes mismos”. Ellos sólo cuentan con cinco panes y dos pescados.

Hemos escuchado lo que Jesús hizo con esos pocos panes y pescados. Luego de hacer los gestos que en cada Misa realizamos, les mandó que repartieran los panes. Comieron hasta que se llenaron y aún sobraron doce canastas.

Hoy nos preocupa la mesa de los argentinos, como la de tantos pueblos del mundo que sufren las consecuencias de la pandemia, de las malas políticas y en el fondo, por causa de la ambición humana que, aprovechándose de la necesidad, crea poderosos imperios que monopolizan los alimentos.

La enseñanza de Jesús es: si los recursos se comparten, habrá lo suficiente para todos. El milagro nos causa admiración, pero no menos importante es el mensaje que nos deja. Que todos juntos enfrentemos los problemas de fondo de nuestra sociedad, para que nadie tenga demasiado y otros no tengan lo suficiente; o para que nadie sea obligado a gastar su tiempo, su salud y su propia vida para que unos pocos acumulen inmensas fortunas. El verdadero milagro es el cambio del corazón.

Participar de la Eucaristía es comulgar con los mismos sentimientos de Jesús.

Participar de la Eucaristía es comprometerse con las necesidades concretas del pueblo, abriendo caminos de comunión y de solidaridad, contra la dispersión, compartiendo los bienes en justicia y mayor equidad. Es desde el corazón mismo de una comunidad donde nace la abundancia.

No nos cansemos de hacer comunidad. No nos cansemos de crear y fortalecer vínculos. No nos dejemos robar la vida comunitaria. No nos dejemos robar la esperanza.

Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes